Necrológicas
  • Sergio Aurelio Valenzuela Alarcón
  • Mónica Cayul Dodman
  • Patricia Ivonne Aravena Aviles
  • Ida Muñoz Oyarzún
  • Juan Ramón Cárdenas Navarro

La velocidad a la que caminamos a los 45 años indica si envejecemos demasiado rápido

Por Agencias domingo 27 de octubre del 2019

Compartir esta noticia
57
Visitas

Un equipo internacional de científicos ha llegado a una cruel conclusión gracias a datos recopilados durante décadas: las personas que caminan más despacio a los 45 años envejecen más rápido.

Los investigadores han observado que la huella del proceso del envejecimiento tiende a ser más profunda en órganos como los pulmones, que el deterioro de los dientes es mayor y que el sistema inmunológico está en peor forma. Además, algunos parámetros relativos al cerebro, como el volumen del órgano, también guardan relación con la velocidad a la que uno camina en el ecuador de la vida.

Según las conclusiones del estudio, recogidas en un artículo científico, el volumen de los cerebros de las personas que andan más despacio tiende a ser menor y algunas de sus funciones sufren un envejecimiento más acelerado.

Los investigadores han calculado una velocidad media de 1,3 metros por segundo y una velocidad máxima media de dos metros por segundo entre las casi mil personas que han participado en el estudio. Quienes caminaban más lento no sólo tenían más limitaciones físicas y puntuaban peor en parámetros como la fuerza que desplegaban al apretar la mano. Sus rostros también daban más muestras de envejecimiento y presentaban más dificultades a la hora de hacer pruebas neurocognitivas. Algunos apartados del cociente intelectual eran más bajos en estas personas.

Las conclusiones emanan del seguimiento de un millar de neozelandeses desde que nacieron, entre 1972 y 1973, hasta que cumplieron 45 años. Durante este tiempo, y a partir de los tres años de vida, los científicos les hicieron numerosas pruebas. Los exámenes formaron parte de una investigación que trata de avanzar en el conocimiento de la salud y la conducta a través del estudio de 1.037 personas nacidas en Dunedin, Nueva Zelanda.

Pese al indudable valor científico de este estudio longitudinal, los autores del nuevo trabajo advierten de que las imágenes del cerebro con las que han medido las diferencias entre los participantes, algunos de los cuales tenían un cerebro más joven, no se pudieron hacer hasta hace poco. La medición de la velocidad de la marcha ha tenido la misma limitación.

Los investigadores consideran que su trabajo señala una dirección importante en la que avanzar. “La velocidad de la marcha se usa principalmente para monitorizar la capacidad funcional de los adultos más mayores, para predecir su ritmo de deterioro relacionado con la edad. Nuestros hallazgos sugieren que quizá la velocidad de la marcha no sólo tiene interés geriátrico”, apunta el nuevo artículo, que ha visto la luz en la revista Jama Network Open. En concreto, la disminución de la velocidad de la marcha “está asociada a una respuesta peor a la rehabilitación y a las enfermedades relacionadas con la edad, incluidas las cardiovasculares y la demencia”.

El nuevo trabajo pone de manifiesto que una medida que ya se usa para evaluar la salud de las personas mayores podría emplearse en adultos más jóvenes. O sea, que podría ayudar a prevenir las indeseables consecuencias del proceso biológico del envejecimiento. Aún más, el trabajo señala que algunos de los signos del deterioro de la salud relacionados con el paso del tiempo pueden detectarse en la infancia. “Aquellos con un peor funcionamiento neurocognitivo a los tres años mostraron una marcha más lenta en la mediana edad”, subraya el texto.

Y una medida tan fácil de obtener podría aumentar su calidad. “Cada vez se reconoce más que puede que sea más sencillo prevenir el daño relacionado con el envejecimiento que revertirlo”, concluye el trabajo. El objetivo, tras conocer las conclusiones del nuevo estudio, es caminar más rápido hacia una vejez que progrese más lentamente.