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Coronel Víctor Hugo Alegría Sáez: El amor incondicional por los caballos del prefecto de Carabineros de Magallanes

Por Analía Vázquez domingo 9 de agosto del 2015
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Desde hace tan sólo seis meses el coronel Víctor Hugo Alegría Sáez es el titular de la Prefectura de Carabineros de Magallanes, cargo que asumió con mucha humildad y compromiso, luego de permanecer durante algunos años en la Prefectura Cordillera de Santiago, la que abarca las comunas de Puente Alto, Peñalolén, San José de Maipo y Pirque, desempeñándose como subprefecto de los Servicios.

Pero su llegada al extremo sur de Chile no es la razón que motivó esta entrevista, sino más bien su singular pasión por los caballos que lo impulsaron desde muy pequeño, a desafiar cualquier obstáculo para dedicarse a la equitación y lograr, entre otros importantes hitos, ser campeón sudamericano en 1998 y clasificar para los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

Como en una charla de café, con música de los años ochenta sonando como telón de fondo, el coronel se deja llevar por los recuerdos, para contar desde el comienzo una historia que emociona a cualquier ser humano que haya experimentado la dicha de tener hijos o hermanos.

“Practico este deporte desde los 12 años. Siempre me gustaron los caballos, ¡siempre!. No tengo idea por qué”, cuenta Víctor Alegría haciendo una pausa, para luego entrar al meollo de la cuestión, cuando tuvo la oportunidad de integrar unas clases de equitación en Temuco, sin permiso de sus papás.

“Es una historia bien simpática. En aquella época mi padre Heriberto Alegría Lira (Q.E.P.D.), era teniente de Carabineros y trabajaba en Renaico, un pueblo que queda entre la Octava y la Novena región, por el interior de la Ruta 5 Sur, justo en el límite. En ese tiempo, con mi hermano que tenía 14 años y yo 12, estudiábamos en Temuco y nos pagaban una pensión. Una vez nos invitaron a participar en este tema de la equitación y yo, lo único que quería era andar a caballo… ¡me encantaban!. Pero lógicamente las clases tenían su costo, en la vida nada es gratis…”, advierte y continúa. “En ese entonces, en el año 80 nos cobraban 500 pesos. Fui a Renaico, hablé con mi papá y no me dijo ni que sí ni que no, pero en suma no dio las ‘lucas’. Mi mamá en ese entonces estaba en Santiago a punto de dar a luz a mi hermana. Cuando nos veníamos de vuelta a Temuco en el Bus con mi hermano, me queda mirando y me dice: ‘y ¿cómo te fue?’, yo le dije que mal,…. papá no me dio las ‘lucas’. Estaba muy amargado de repente Rodrigo, me dice, ‘oye, ¿cuánto te dan a ti para la semana?’ Me quedé mirándolo y le dije enojado, … ¡lo mismo que a ti!. Después de un rato, él me dice… ‘Vamos a hacer algo … A tí te dan 100 pesos y a mí también por cada semana, por las dos primeras del mes te voy a dar mis 100 pesos con los tuyos sumamos 400 y la tercera semana, juntas lo que falta para completar´. Yo le dije… ¿y si nos peleamos?; ‘No’, me respondió, ‘esto es ley’.

Una dulce y feliz mentira

“El día lunes me fui a inscribir y regresé amargado nuevamente, porque las clases eran los viernes en la tarde y sábados en la mañana, y los viernes teníamos que viajar a Renaico a la casa de los papás. Entonces, al contarle la situación, él me pregunta: ‘y, ¿te gusta mucho ésto?’. ¡Sí!, le respondí. Rodrigo agrega, ‘vamos a hacer lo siguiente. Le voy a decir al papá que tú estás en la selección de básquet del colegio’”, continúa el relato del coronel Víctor, emocionándose por la complicidad de su hermano.

Así pasaron algunos meses en que ambos ocultaron a sus padres la situación. Mientras tanto, Víctor daba los primeros pasos en la equitación, hasta que un día, mientras su padre estaba por comprar una casa en Temuco, se aparece en el campo de entrenamiento con la mamá, el hermano (Rodrigo) y su hermanita pequeña. Al ver que Víctor no entrenaba básquetbol y sí practicaba equitación, el padre pidió explicaciones a ambos hijos. Fue cuando Rodrigo asumió toda la responsabilidad de lo sucedido y se hizo cargo de la mentira en la que había incurrido con el fin de ayudar a su hermano. El padre, luego de escucharlo, los abrazó a ambos, y con la voz entrecortada no pudo más que decirles lo orgulloso que se sentía por la ayuda incondicional y fraterna, que de seguro los iba a marcar de por vida.

Después de muchos años, Víctor Alegría se enteró que a su hermano también le hubiese gustado mucho practicar el deporte, pero como el dinero no alcanzaba decidió apoyarlo a él. Un día Rodrigo le dijo: “Compadre, contigo he hecho la mejor inversión de mi vida”.

 

La equitación y la carrera policial

A partir de ahí siguió con todo el auspicio de su familia, entrenando y compitiendo en distintos torneos de equitación. Cuando terminó cuarto medio, aún no tenía en claro qué hacer con su futuro, y ese año sabático durante las tardes iba a entrenar y en las mañanas entró a trabajar en una oficina de contabilidad, como asistente. Luego postuló a la Escuela de Carabineros, porque sabía que ahí podía seguir su carrera vinculada a los caballos. Inmediatamente integró el Equipo de Salto de la Escuela, pero la prioridad era siempre el estudio y la labor policial, y en su tiempo libre practicaba con los caballos.

A finales 1989 postuló al Curso de Instructor de Policía Montada en el Grupo de Equitación de la Escuela de Carabineros del General Carlos Ibáñez del Campo, el que realizó en 1990, y al año siguiente, formó parte de los alumnos que integraron el Curso de Maestros de Equitación en el mismo plantel docente, y luego permaneció doce años en esa repartición. Durante ese tiempo integró los diferentes equipos ecuestres, lo que permitió competir en campeonatos nacionales e internacionales. Entre otros, en Argentina participó en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata de 1995, y en 1999 en los Juegos Panamericanos en Winnipeg, Canadá, ambos en la disciplina de Concurso Completo de Equitación. “En 1998 se realizó el Campeonato Sudamericano de ésta disciplina en Santiago y pude ganarlo”.

“El Concurso Completo de Equitación es una de las disciplinas más complejas, dado que incluye la disciplina de adiestramiento, cross y salto”, menciona Alegría, mientras va mostrando en la pantalla de su computador, algunas imágenes que reflejan sus grandes hazañas como jinete.

En esa oportunidad también clasificó para los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, pero no pudo concurrir porque era muy complicado desde el punto de vista financiero. “De partida se tiene que trasladar a un veterinario, la persona que cuida al caballo, al jefe de equipo y al jinete. Cuando uno compite el jinete y el caballo son sólo la punta del iceberg, hay un sinfín de recursos que no se ven, y un equipo humano que trabaja para el mismo objetivo”, explica.

Más allá de la pasión por el deporte de la equitación, su prioridad estaba enfocada en el trabajo, así es que no había ni sábados ni domingos de descanso, ya que todo rato de tiempo libre estaba dedicado al entrenamiento deportivo. “El esfuerzo es muy grande pero es una pasión”, sentencia y agrega: “solamente los que hemos montado a caballo y practicamos cualquier deporte sobre estos hermosos animales pueden entender lo que ello significa. Es comunicación, libertad, empatía, relax, es todo”, enfatiza.

Para Víctor Alegría, todos los caballos dejan una enseñanza, así como también todos, en algún momento causan algún golpe o hasta una fractura, y sería ingrato de parte de él, según dice, hablar de algún caballo preferido, ya que todos le han dado alguna satisfacción. Con “Genovés” ganó el Sudamericano, pero luego enumera una larga lista de nombres originales e histriónicos de estos esbeltos y fieles animales que lo han acompañado en sus campeonatos, como por ejemplo Ligüano, Perlón, Ballestera, Corrado, Acuarel, United Valia, entre muchos otros.

 

La vida de frente tal y como es

Después de la Escuela de Caballería realizó el Curso de Oficial Graduado en la Academia de Ciencias Policiales de Carabineros de Chile, en donde también continuó con su práctica deportiva. Luego de egresar fue destinado a la ciudad de Rengo como comisario. Ahí estuvo un año y medio para posteriormente ser trasladado nuevamente a la Escuela de Caballería hasta el 2011. Desde 2012 hasta fines de 2014 trabajó en la Prefectura Cordillera, y allí se alejó definitivamente de los caballos, al dedicarse de lleno a su profesión.

En enero de este año la carrera policial lo trajo a Punta Arenas, con nuevos desafíos, sobre todo para una persona soltera, sin familia, pero el prestigio de la institución, el gran reconocimiento en la región y el calor de la gente de Magallanes, ya están haciendo más que grata su estadía.

Además de haber experimentado esa sensación única de libertad cuando montaba a caballo, también le tocó enfrentarse en su vida profesional a instancias muy duras: “En esta profesión uno conoce la vida tal cual como es, con sus cosas buenas y de las otras, con sus rudezas. Cuando uno se enfrenta a procedimientos, hay algunos que son muy complejos, es como un cliché decirlo, pero es así, sobre todo en lugares conflictivos uno se encuentra con la muerte. En algunas partes con mayores posibilidades que otras. Hay procedimientos que te marcan y que a veces no lo superas, pero aprendes a vivir con ellos”, sentencia. Y ahí el nudo en la garganta se adueña con un necesario minuto de silencio.

Es como visualizar las dos caras de una misma moneda, un aspecto sensible, tan humano, y otro dispuesto a enfrentar lo que sea, con una coraza necesaria que la misma experiencia exige. “De partida todos los carabineros somos personas, y creo que muchas veces eso pasa inadvertido. Todos sentimos, todos lloramos, reímos, pasamos frío, tenemos familia, en fin, somos seres humanos normales. Hay gente que nos quiere, otros no tanto. Nosotros acá estamos por vocación, es como ser árbitros de un partido de futbol, las reglas las pone la Constitución y las leyes, pero para que se cumplan deben ser fiscalizadas, al igual que un árbitro en un partido”, esboza y expresa además, que muchas veces le gustaría hacer el ejercicio de que “las personas que en ocasiones nos critican, pudieran colocarse nuestro uniforme y hacer lo que hacemos, tan sólo por un día, y al final de éste, conocer cuáles fueron sus impresiones. Todas las monedas tienen dos caras y cuando vemos solamente una, ¡diablos!, se nos complica la existencia. Que la sociedad nos exija es bueno, porque quiere decir que le importamos. Hace rato que somos una de las instituciones más confiables de nuestro país”, concluye este coronel, en el cual la gente de Magallanes seguramente tendrá puestas muchas expectativas, y ojalá logre el mejor ejercicio combinando la serenidad, la convicción y los desafíos que implican montar un caballo, sortear obstáculos y la entereza para tomar decisiones determinantes.

Fotografía de Andrés Poblete.