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Marta Peirano, autora de “El enemigo conoce el sistema”: “Steve Jobs era un visionario tóxico, un genio del mal”

Por La Prensa Austral jueves 27 de junio del 2019

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El “Enemigo conoce el sistema” es un viaje al País de las Maravillas que el poder y la tecnología se han construido de la mano a lo largo de los últimos 20 años. Un libro que hace las veces del Conejo Blanco de Lewis Carroll, mostrándonos como los ciudadanos comunes nos hemos convertido, sin ni siquiera ser conscientes de ello, en la materia prima del engranaje que las grandes empresas de Sillicon Valley han diseñado. El retrato de un esquema perfecto que nos manipula para volvernos adictos y aprovecha nuestra adicción para controlarnos y lucrarse con nuestros datos.

Este nuevo ensayo de Marta Peirano (publicado por editorial Debate) dibuja el retrato de una derrota cuya épica reside únicamente en el mérito de contar lo que ha pasado y cómo hemos llegado hasta aquí para que el bando perdedor -al que usted pertenece, a no ser que sea un ejecutivo de Facebook o Google- adquiera conciencia sobre como “el enemigo” ejerce un control y una influencia que va desde lo más pequeño -qué haces y cómo utilizas tu celular- hasta lo más grande: la lucha por el dominio de las infraestructuras (diseñadas por y para el poder) que está provocando una guerra comercial entre China y Estados Unidos.

La autora juega a poner en evidencia cómo el discurso oficial construido por la industria y los gobiernos funciona a partir de metáforas que evocan justamente lo opuesto a la tecnología que hay detrás: Internet no es democrático, la red no es libre y la nube en realidad son enormes estructuras de hormigón que guardan centros de datos situados en algún lugar poco y poblado, protegidos por rejas y seguridad privada.

“El enemigo conoce el sistema” es, en palabras de la propia escritora, “un libro para que entiendas por qué las empresas tecnológicas que te generan adicción (Facebook, Twitter, Apple, entre otras) son las mismas que te espían y manipulan” y sobre el que en esta entrevista discute sus aspectos clave.

-El libro arranca explicando los estrechos lazos entre Silicon Valley y la política norteamericana. ¿Cómo es esa relación?

– “Las grandes empresas tecnológicas han sido financiadas por el gobierno de EE.UU. Están gestionadas por la regulación norteamericana, incluso cuando no pagan impuestos allí, porque los pagan en Irlanda. Son empresas que están vinculadas al derecho estadounidense y tienen una serie de servidumbres respecto al gobierno de Washington que no tienen con los países europeos”.

-¿Cómo es esa relación de servidumbre?

– “El ejemplo más claro es la Patriot Act, que obligaba a las empresas a dar información y datos completamente privados de los usuarios. Además, esta ley obligaba a las tecnológicas a no advertir a los afectados de que sus datos personales estaban siendo comprometidos”.

-¿De qué empresas estaríamos hablando cuando decimos que han facilitado datos personales en secreto al gobierno de EE.UU.?

– “En principio, cualquier empresa tecnológica estadounidense. Concretamente, aquellas con miles de millones de usuarios fuera de EE.UU. como Facebook, Google, Apple, Microsoft o Amazon”.

-En el libro te muestras muy crítica con el engagement, la capacidad de las empresas tecnológicas para mantenernos enganchados, ¿por qué esa crítica?

– “El engagement es la herramienta principal de las aplicaciones porque es la forma que tienen de conseguir nuestros datos. Es el tiempo que pasas en las aplicaciones toqueteando la pantalla, interactuando con otros usuarios o, simplemente, llevándola encima. Se traduce en el número de horas que gastas en ella y que las empresas quieren maximizar porque su negocio consiste en extraer la mayor cantidad de datos. Es sencillo: a más engagement, más datos”

-¿Por qué es malo para el consumidor?

– “Tomemos Netflix como ejemplo. Hace poco, su Ceo (director ejecutivo) reconoció que su empresa no competía con YouTube o con HBO; dijo que competían con el sueño, una de las tres cosas que los seres humanos necesitamos para sobrevivir.

“Están generado de forma consciente aplicaciones adictivas. No es que a los humanos nos guste perder el tiempo o procrastinar. Son aplicaciones que han sido diseñadas por los mejores y más valorados especialistas con el único objetivo de mantenerte pegado a la pantalla el mayor tiempo posible”.

-En el libro haces hincapié en el control. ¿Cuántas formas tienen de vigilarnos a través del teléfono celular?

– “Que nosotros sepamos, hay tres formas: A través de los sistemas de geoposicionamiento que, funcionan aunque tú no tengas metida una tarjeta Sim en el teléfono; con la triangulación de las antenas que te dan servicio, que es algo que sucede automáticamente para que tú puedas recibir mensajes de texto, WhatsApps y llamadas. Hay antenas a tu alrededor que te están localizando para ver cuál es el repetidor más cercano y evitar así que existan espacios sin conexión, y mediante el sistema vinculado a tu tarjeta de radiofrecuencia, tu tarjeta Wifi. Hay objetos a tu alrededor que se están comunicando con ella y que, entre todos, están dando una geolocalización muy específica. ¡Bienvenidos al Internet de las Cosas!”.

-Elige una compañía tecnológica cualquiera ¿cuánto sabe sobre nosotros?

“Es imposible saber lo que las tecnológicas saben sobre nosotros porque además de la información que recopilan directamente, cuentan con la información que infieren a partir de nosotros mismos y de la gente que nos rodea.

“Por ejemplo, pensemos en una manifestación. Hay varias empresas, aplicaciones y operadoras que saben que has estado ahí. Sin embargo, lo realmente valioso es que saben con quién has estado, desde dónde ha venido cada uno de los participantes a la protesta, el número de personas que se han reunido, a qué casas acuden después y dónde se refugian cuando viene la policía.

“Toda esa información que han recopilado es contextual. No son sólo mis datos, es información que se infiere de mis datos. Es lo que se conoce como metadatos y es el tipo de información más importante que hay”.

-¿Por qué son tan importantes los metadatos?

– “La gente normal estamos pensando en términos del siglo XX. Nos preocupa quién lee nuestros correos o que escuchen lo que le digo a mi amante cuando le llamo por teléfono. Todo esto es irrelevante para las agencias de inteligencia. Los contenidos de nuestras conversaciones son muy poco importantes.

“Lo importante es saber a quién llamamos, desde dónde, cuánto tiempo lo hicimos y a dónde fuimos después. Les interesa lo que se conoce como información -es decir, nuestros datos cocinados- que les proporciona un conocimiento sobre nosotros del que muchas veces no somos conscientes. También les sirve para sacar conclusiones sobre nuestros patrones de conducta y de nuestro futuro.

“Vivimos en lo que se conoce como economía de la atención, una economía de la vigilancia en la que más allá del dato, el valor principal es el futuro. Se trata de una economía alimentada por algoritmos predictivos de inteligencia artificial.

“No sólo buscan saber lo que estamos haciendo. Quieren saber lo que vamos a hacer estudian qué pueden hacer para que hagamos otra cosa distinta”.

-¿Cuál sería el rol de las empresas tecnológicas en esta economía de la atención?

– “Ellas son principalmente quienes ejecutan este negocio. También lo llaman feudalismo digital. Es un sistema que se basa en ofrecer una infraestructura prácticamente gratis a cambio de ser quién gestiona toda la información de esa infraestructura.

-En una escala del 0 al 10, siendo el cero nada respetuosos con la privacidad y el 10 un respeto exquisito, en qué escala pondrías a las siguientes empresas: Instagram, WhatsApp, Facebook, Google, Amazon, Microsoft, Twitter y Telegram?

– “A todas cero”.

-¿Por qué todas un cero?

– “Porque todas ellas son empresas de extracción de datos”.

-¿Cuáles de estas empresas han trabajado para organismos de inteligencia?

– “Todas las de esa lista tienen vínculos con el Departamento de Defensa de Estados Unidos”.

-¿Hay alguna forma de pasar inadvertido y evitar que recopilen y sistematicen tus datos?

“Probablemente no. Antes podías elegir abandonar los dispositivos que te vigilan (como el celular) o estar en un espacio sin cobertura, pero ahora la red de vigilancia ha escalado a sistemas de reconocimiento facial y satélites que son como el ojo de Dios. No hay monte al que no lleguen. Estamos en esa fase en la que renunciar a la tecnología no nos hace renunciar a ser vigilados”.

-En el libro califica a Steve Jobs de “visionario tóxico”. ¿Por qué?

– “Es un visionario toxico porque es un genio del mal. Es brillante para los negocios y con una capacidad de reinvención absoluta que tras ser despedido por ser un mal jefe logra recuperar las riendas de su empresa.

“En plena crisis de la industria musical -una crisis que provocaron dos chicos de 17 años con Napster, una aplicación sin padrinos ni financiamiento que consigue 80 millones de usuarios en dos años y medio- consigue volver a su empresa, aprovecha la energía de Napster y hace que las discográficas le hagan el trabajo sucio de perseguir a los melómanos. Mientras tanto, Jobs crea una plataforma para aprovecharse de las propias discográficas.

“El resultado final es que destruye una oportunidad de oro para lo que era un cuadro de desarrollo cultural y social más democrático que el que tenemos ahora”.

-El último capítulo del libro aborda las Fake News. ¿Por qué penetran entre la gente?

– “La gente es incapaz de distinguir una noticia falsa de una real y creo que la culpa es de los medios de comunicación, que hemos empezado a trabajar para Google, y no para nuestros lectores, buscando titulares cada vez más impactantes. Además, por el camino, se ha perdido la capacidad para generar publicidad porque Google y Facebook se han robado el botín”.