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  • Julio Sebastián Calderón Maclean

Mujer que sobrevivió a feroz choque carretero en julio pasado comienza a dar sus primeros pasos

Por La Prensa Austral lunes 12 de diciembre del 2016

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Pedro Alfonso Ruiz Paredes, nació el 31 de julio de 1961 en Punta Arenas, pero desde 1980 se encuentra radicado en Río Grande, República Argentina. Es uno de los miles de chilenos que en esa época “cruzó el alambre” en busca de una mejor expectativa laboral, en pleno gobierno de Pinochet. “En ese tiempo todos se venían para acá; no había trabajo allá”, relata en la comodidad de su hogar de pasaje La Verdad, entre Espora y Fagnano, del antiguo barrio 25 de Noviembre, en la ciudad fueguina, hasta donde llegó La Prensa Austral.

Allá se casó con la también chilena María Ninfa Millacahuín Millacahuín. La vida le dio tres hijos, aunque la menor falleció hace una década a causa de un infarto (nació con una arritmia cardiaca, lo que le significó viajar dos veces a Buenos Aires). Tenía 8 años. “Hasta esa mala suerte hemos tenido. Para nosotros eso fue también un tremendo golpe”, confiesa, tras hacer un paralelo con el infortunio vivido en la tarde del sábado 23 de julio pasado en la ruta a Natales, cuando el station wagon Kia Mohave que manejaba, fue colisionado frontalmente por un sujeto en manifiesto estado de ebriedad que horas antes había robado una camioneta municipal desde la Plaza de Armas, en Punta Arenas. El autor, Sergio Apablaza Silva, circulaba a 127 kilómetros por hora.

Habían estado en Punta Arenas, visitando a familiares, tras lo cual emprendieron viaje a Natales donde su esposa tiene un hermano. Dos días estuvieron allá y venían de regreso ese sábado, en su retorno a casa, cuando en su camino se le cruzó un conductor irresponsable.

“Ibamos cuatro personas dentro del vehículo. Yo manejaba y mi señora iba sentada a mi lado; en el asiento posterior, viajaba mi hija Mariana junto a su pololo Jonathan”, evoca Pedro Ruiz.

Tanto su esposa como el pololo de su hija recibieron de lleno el impacto de la camioneta, pues el choque remeció con inusitada violencia todo el lado derecho.

“Los pasajeros que iban atrás no llevaban puesto el cinturón de seguridad; se lo habían sacado recién, porque venían tomando mate. Ellos se estaban acomodando cuando nos chocaron”, señala. Es la razón por la que Jonathan Gabriel Barría se quebró el fémur en tres partes.

“Yo venía a unos 90 kilómetros, cuando sentimos el puro impacto. La camioneta apareció de improviso. Ese hijo de p… venía por nuestra pista, en sentido contrario. Nos agarró justo en una subida. Fue todo tan de golpe que no alcanzamos a reaccionar”, confiesa Ruiz.

A punto de arder

Pero, el momento de mayor angustia y desesperación, fue cuando su vehículo estuvo a punto de incendiarse con su mujer atrapada al interior. “Fue lo que más me impactó. Eso fue terrible. Estábamos volcados, cuando el auto comenzó a humear, para prenderse fuego. Mi desesperación era porque no podía sacar a mi mujer: quedó atrapada entre los fierros, atada a su cinturón. No pudimos hacer nada. Yo rompí el asiento de atrás, pero no hubo forma de sacarla. Incluso, me rompí las manos intentando retirar los vidrios del parabrisas roto, pero ni así se pudo, mientras mi vehículo no paraba de humear”, declara conmovido.

Para su fortuna, por el lugar pasó un automovilista que premunido de un extintor controló el fuego, ahuyentando el peligro, o de lo contrario, su esposa pudo haber muerto calcinada. “La persona que hizo ese gesto se fue y nunca más supe de ella, ni siquiera su nombre para agradecerle”, complementa.

Controlado el fuego, la familia debió esperar que llegara ayuda especializada de Bomberos desde Punta Arenas. “Yo calculo que la ayuda llegó después de una hora y media, aunque es razonable la demora, pues estábamos muy lejos de la ciudad. Todo ese momento ella estuvo atrapada, con la cabeza hacia abajo, aparte que esa tarde había mucho frío. Lo único que tenía afuera era un brazo. Ya, después, los carabineros me sacaron del lugar, para que no hiciera nada más porque podía ser peor, podría terminar lesionándola mucho más. Hubo una familia que nos ayudó. Ella venía detrás de la camioneta municipal y da plena fe que su conductor venía zigzagueando. Se movía para todos lados y por lo mismo uno de ellos llamó a Carabineros, pero no tuvo señal telefónica. Después no los volvimos a ver. Nos pudo haber servido como testigo para declarar en contra de este sujeto, porque a más de alguno iba a chocar en la ruta, aunque para desgracia fue a nosotros”, expresa Pedro Ruiz, quien en ese momento sólo orientó sus esfuerzos en tratar de rescatar a su mujer, despreocupándose en absoluto de la suerte del conductor de la camioneta municipal.

Mientras un carabinero del Retén Morro Chico le sostenía su cabeza y acomodaban dos almohadones para que se no congelara, considerando las bajas temperaturas en pleno invierno, una funcionaria que venía a bordo de una ambulancia desde Natales, se sumaba al operativo sanitario, suministrándole suero.

“Cuando los bomberos cortaron con sus herramientas los fierros y consiguieron sacar a mi señora, ella estaba conciente; de ahí la subieron a un helicóptero que la trasladó a Punta Arenas”, indica.

A las 13,20 horas del sábado 23 de julio ocurrió el choque frontal y recién a las 2 de la madrugada del domingo, Ruiz supo en qué unidad médica se encontraba su esposa. “Dicen que la operación duró 4 horas, pero al pasarla a ver, para mí estaba fallecida. Yo la tocaba, pero ella estaba fría, no respiraba, no hacía nada, era como si estuviera fallecida. Y, es que llegó con hipotermia, por lo que debieron suministrarle temperatura. Me imaginaba que los médicos no me habían querido confirmar su fallecimiento y que seguramente lo harían durante la mañana. Pero, el personal de turno me tranquilizó y me dio una voz esperanzadora, al asegurar que ella estaba relajada y que las máquinas estaban haciendo su trabajo”.

Admite que en los primeros días no había esperanzas de vida. Los resultados médicos y diagnósticos eran todos sombríos, muy negativos. “El golpe fue de tal energía que los órganos se desacomodaron en su interior. Fue lo más terrible, más allá de las fracturas que seguramente también produjeron dolor. No obstante, al ser sana, su cuerpo reaccionó bien. Por eso, no me canso de elogiar tanto la tecnología del Hospital Clínico como el profesionalismo de su personal”.

Pese a la violencia del impacto, Ruiz expresa que su station wagon Kia Mohave era muy seguro, pues tenía un buen airbag, que permitió amortiguar bien los golpes. “Hay gente que ha visto cómo quedó mi vehículo y no puede creer que mi esposa haya sobrevivido al feroz impacto”.

María Ninfa Millacahuín sufrió múltiples fracturas de fémur, cadera, tobillo, brazo y otras zonas óseas. Su condición crítica, significó estar 11 días en coma en la Unidad de Cuidados Intensivos, conectada a respirador artificial y con diferentes soportes médicos.

Carabineros

El jefe de hogar agradece de sobremanera a los carabineros de Morro Chico que llegaron al instante al lugar del desastre y nunca lo dejaron solo. “Esos carabineros se pasaron con la ayuda que nos brindaron. Fueron cien por ciento humanitarios. Nos acompañaron a Punta Arenas y anduvieron adelante en los trámites que realizamos en el hospital”, realza.

En los momentos de atribulación, mucha gente los acompañó con plegarias y oraciones, tanto de Chile como de Río Grande. Un representante de la comunidad de chilenos residentes en dicha ciudad le trajo personalmente una ayuda económica reunida entre sus compatriotas, al igual que sus compañeros de trabajo, que hicieron una generosa colecta.

Costo del hospital

En cuanto al costo que significó la hospitalización, cirugías y tratamiento, este sobrepasó los 20 millones de pesos. El seguro automotor obligatorio para vehículos extranjeros, Soapex, cubrió alrededor de 120 mil pesos argentinos (cerca de 5 millones de pesos). Otros 7 millones de pesos fue el aporte de un convenio de atención médica gratuita para ciudadanos argentinos que sufren un accidente en territorio nacional. El saldo fue cubierto por el municipio, atendida su condición de responsable de la camioneta que protagonizó el accidente. “Fue la única ayuda que recibimos de la municipalidad, pese a que en un comienzo nos prometieron muchas cosas”, enfatizó.

Recuperación

Luego de casi dos meses hospitalizada, María Ninfa Millacahuín regresó a su hogar en Río Grande. Durante los últimos meses ha tenido notables avances en su proceso de recuperación. Todos los días avanza un poco. Sorprende su estado de ánimo, por lo mismo se siente capaz de salir adelante.

El principal problema radica en que todavía no puede caminar por sí sola. Se desplaza en silla de ruedas y con un “burrito” para hacer sus cosas. Y, es que tiene quebrada las dos piernas. Tomará un buen tiempo todavía para que puedan soldar bien los tornillos, clavos y placas que le instalaron los traumatólogos del Hospital Clínico de Magallanes.

Su marido dice que hay que tener cuidado con su proceso de rehabilitación, que sea lento, sin apuro. En todo caso, los médicos aseguran que a fin de año podría llegar a caminar.

La Prensa Austral habló con la mujer mientras abandonaba el Centro María Margarita, de propiedad de la Municipalidad de Río Grande, recinto al que concurre tres veces a la semana a sesiones con kinesiólogo. A la salida, mientras se manejaba en su silla de ruedas, mostró el progreso de su rehabilitación y manifestó que trabaja incansablemente para volver a caminar. Exteriorizó sus infinitos agradecimientos a todas las personas que contribuyeron a que hoy pueda estar con vida, desde los servicios que intervinieron en su rescate en la carretera, hasta el equipo médico y de funcionarios del Hospital Clínico que se esmeraron por hacer posible el milagro.

Ya ha comenzado a dar los primeros pasos y ahora cuenta con una bicicleta estática en su hogar para apoyar su rehabilitación.

Causa judicial

Sobre la causa judicial en trámite en Punta Arenas, caratulada contra Sergio Yohan Apablaza Silva, por manejo en manifiesto estado de ebriedad causando lesiones graves, gravísimas y otros, Pedro Ruiz asegura no saber absolutamente nada de ella. “No estoy dispuesto a joder más, para mí es un caso cerrado. Quiero olvidarme de esta amarga experiencia. Yo pude haberme querellado contra el autor y te aseguro que ganaba, pero no quise hacer nada. Que lo juzguen ellos, ya está. Igualmente, pude haber demandado a la municipalidad por negligencia, pero tampoco lo hice. Perdimos nuestro vehículo, no importa, son sólo fierros. Lo que importa ahora, es que ella se recupere y vuelva a caminar: mi yerno, de 24 años, igual anda con muletas y comienza a caminar; él también lo ha pasado muy mal con el accidente”.

La última diligencia en la causa fue solicitada el pasado 2 de diciembre por el juez de Garantía, Juan Villa Martínez, cuando a petición del fiscal Fernando Dobson, se ordenó oficiar al director del Hospital Clínico, para que remita a la Fiscalía de Punta Arenas la ficha clínica de Pedro Ruiz Paredes y de su hija Mariana Andrea Ruiz.

Sergio Apablaza Díaz se encuentra sujeto a la medida de prisión desde el pasado 24 de julio. En el intertanto, enfrentó otro juicio, por el delito de manejo en estado de ebriedad sin haber tenido licencia de conducir, hecho perpetrado el 29 de noviembre de 2015 en la ciudad de Natales. En esta causa, se le condenó a cumplir una pena de 541 días de presidio efectivo, multa de 2 UTM y a la accesoria de suspensión por dos años de su licencia de conducir, para el caso que la obtuviere.

Pese a lo traumático que resultó el choque en suelo chileno, el conductor piensa volver algún día a Punta Arenas para visitar a su familia y agradecer personalmente a todos quienes salvaron la vida a su esposa.

En el libro dispuesto en el Hospital Clínico de Magallanes plasmó sus agradecimientos y felicitaciones para todo el equipo médico que se la jugó con esta paciente. “No hay forma de agradecerle, al igual que a tanta otra gente”, enfatizó.

Pedro Ruiz Paredes conduce hace 30 años y nunca antes había participado de un accidente de tránsito.