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Vladimiro Mimica y su hija Tania: “Ella era una niña plena, inteligente, pero una niña distinta”

Por La Prensa Austral lunes 18 de enero del 2016
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“Ella era una niña plena, inteligente, pero una niña distinta. Yo me di cuenta cuando nació de que era distinta”.

Así, un emocionado Vladimiro Mimica recuerda a su hija Tania fallecida hace poco más de un mes, el 9 de diciembre recién pasado. Su recuerdo lo tiene al borde las lágrimas. “Cuando hablo con la gente digo: ‘No me voy a quebrar’, pero me pasa que lloro. De repente, uno se cree lo suficientemente fuerte, pero no es así”, reconoce.

En una crónica titulada “El relato más triste del cantagoles Vladimiro Mimica”, la revista Sábado de El Mercurio recoge sus palabras en este momento que él mismo ha definido como: “Lo más duro que me ha tocado en la vida”.

“No hay nada que se pueda comparar, nada que yo te pueda explicar. ¿Dónde me duele? Me duele todo”, confidencia.

Mimica señala que su hija fue largamente esperada, pero que les dijeron que la guagua se movía poco, en la última etapa del embarazo.

“Yo había estado en el parto de mis dos hijos y al tiro me di cuenta de que el de la Tania era distinto. Primero, al nacer no lloró. Y, cuando llega la matrona a lavarla y limpiarla, yo voy con ella y, en el primer examen médico ahí mismo, la pediatra empieza a auscultar y me muestra un dedito. Tenía un dedito de más, en un pie tenía seis dedos”, relata.

Después de varios exámenes, vino el diagnóstico lapidario: Tania sufría del síndrome de Prader-Willi, una enfermedad que no está cubierta en el plan Auge.

Pese a ello, Tania se desarrolló y realizó una vida normal, relacionándose con todos y siendo franca, extremadamente directa para hablar, lo cual, no en pocos casos, le creó problemas a su padre.

Cuando se agravó su salud, el 7 de diciembre, dos días antes de morir, Tania despertó bien. “Y habló, habló del cielo, de que se iba a encontrar con sus tatas en la otra vida y que le explicaran cómo era el cielo”, recuerda su padre.

Pidió, luego, tomar once con toda su familia y, después de una hora, se sintió cansada y pidió que la llevaran a la cama. Al día siguiente, solicitó que pidieran un médico porque se sentía mal. Su madre, Mimy Guerrero, le dio una pastilla que le habían recetado para que pudiera dormir y descansar.

“Se tomó esa pastilla, se fue a dormir como a las cuatro de la tarde y no se despertó más”, acotó Vladimiro.