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El inicio de un camino

Por Emilio Boccazzi Campos Lunes 26 de Octubre del 2020

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Sin dudas, hoy Magallanes y Chile comienzan a vivir un nuevo camino. Obviamente el resultado del Plebiscito para determinar si queremos o no una nueva Constitución, no lo tengo (a esta hora de domingo del despacho de esta columna), pero lo avizoro y apuesto como positivo. Es decir, apuesto (y quiero) que los chilenos tengamos la oportunidad de escribir en conjunto y sin exclusiones una Nueva Constitución.

Y el camino para llegar a esa nueva Carta Fundamental es tan importante como la Constitución misma. Claro, porque estos próximos meses, serán claves en mostrar madurez como pueblo chileno, donde el respeto por las mayorías será tan importante como la consideración y visión de las minorías. Habrán multiplicidad de temas y temáticas que buscaremos discutir e incorporar en esta Constitución.

El camino, como señalaba El Quijote, será tan importante como la Posada, por lo que el país todo, cada uno de nosotros, deberá tener claridad y firmeza en sus ideas y deseos, pero deberá tener plena conciencia que la violencia y la intolerancia, serán causas que impedirán llegar adecuadamente a la Posada.

Como región, y, a pesar de las notables diferencias que podamos tener entre distintos sectores políticos, deberemos buscar la forma, probablemente con la fuerza de otras regiones y de sus constituyentes patagónicos, junto a los constituyentes de las áreas más rezagadas y extremas del país, para que Chile avance a un emparejamiento de la cancha, en que juega el “centro” y la “periferia” (la capital y las provincias).

Si Chile ha caminado en estos 210 años de vida como República, lo ha hecho con un exacerbado centralismo. La concentración del poder político y económico ha hecho que Chile, haya terminado asumiendo una actitud anclada en su cultura, de que, las cosas se piensan, se ordenan y se ejecutan desde un centro, que tiene el súper-poder de saber que quiere y necesita cada rincón de nuestra patria.

Magallanes, la Patagonia, Chiloé, Arica, Valdivia, el Wallamapu, Rancagua, el Gran Concepción, Chillán, Iquique, sólo por nombrar a algunas ciudades o regiones, deben “construir”, un real contrapeso, e incorporar en la agenda de discusión constitucional, un real modelo que avance hacia formas de Federalismo, que pinte a Chile, con sus diversas potencialidades apagadas y muestre el Chile diverso y potente que quiere despegar.

Sin duda, el elegir a un gobernador(a) regional en abril próximo será importante como señal, como signo de esperanza de que algo se define y “corta” en las distintas regiones, pero este avance es modesto y sin reales atribuciones y mayores poderes a las regiones para su pleno desarrollo.

Santiago succiona anualmente, a miles de compatriotas y otros que llegan a las riberas del Mapocho, pues en una especie de círculo vicioso, se presenta como un lugar de mayores expectativas a los jóvenes de nuestro país. Un Chile desbalanceado e injusto, de acuerdo al lugar geográfico donde naces o te desarrollas. Mayores traspasos de responsabilidades, competencias, uso de ingresos propios por parte de las regiones en una nueva Ley de Rentas Regionales, serán claves, junto a innúmeras temáticas, como la nacionalización de las aguas, una clara lista de cumplimientos en materia de Derechos Fundamentales, por parte del Estado para con sus ciudadanos (todos nosotros), así como una clara lista de cumplimiento y respeto, de nuestros deberes como chilenos para con los demás y para con nuestro país.

El camino desde hoy es tan importante como la meta, que será la redacción y aprobación de una nueva Constitución para Chile.

Y que el concepto de provincia, aquel que los romanos atribuyeron como los territorios conquistados fuera de la Península Itálica, sea desterrado de nuestra idiosincrasia, por uno que entienda que el real futuro de Chile y los chilenos, está en su Tierra, su Pacha, y en la enorme diversidad de sus territorios, entre los cuales Magallanes tiene credenciales de clara identidad.