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Fue evacuada a Santiago el 14 de octubre en condición crítica

Una mujer de fe que sobrevivió al Covid luego de un mes y medio en un hospital capitalino

Por Cristian Saralegui Martes 1 de Diciembre del 2020

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El 11 de octubre cayó a la urgencia del Hospital Clínico. Dos veces le dijeron a su familia que se preparara para su muerte, pero su profunda fe en Dios, su lucha y la ciencia médica revirtieron un escenario casi imposible de sortear.

Su voz se escucha como un hilo agudo, indiscutible resabio del daño que puede producir el Covid-19 en el organismo de un adulto mayor. Un daño que no alcanzó para destruir su espíritu y su fe. Por eso, Luz Berta Güeicha, de 67 años, disimuló toda esa ronquera aguda para contar su testimonio de supervivencia. Dos veces le dijeron a su familia que le quedaban horas de vida y que se prepararan para ese escenario. Pero la fe logró lo imposible y ayer, tras cincuenta días alejada de su hogar, en la calle Julio Lillo, en la población Enápolis, regresó, siendo recibida por los vecinos y por sus amigos de la iglesia evangélica, a la que pertenece desde su adolescencia.

“Esta es una vuelta a la vida. En primer lugar digo: Gracias a Dios, porque sin él nada es posible. Gracias a los médicos, por haberme trasladado a Santiago y tengo una gratitud infinita. Yo no era para que esté en este momento acá. Solamente sé hasta el día en que me hospitalicé, el 11 de octubre, y me desperté tres semanas después de estar inconsciente, entubada, no sabía lo que había pasado conmigo, solamente la gente en Santiago, los médicos, enfermeros me contaban”, relató Güeicha, sin disimular su entusiasmo por haber vuelto a vivir.

Tanto ella como su familia tuvieron solamente palabras de agradecimiento hacia el personal médico que la atendió, tanto en Punta Arenas como en Santiago, donde estuvo internada en el Hospital Metropolitano. “Desde los auxiliares en adelante, apoyando 100%. Lo otro, en este mes y medio que estuve, cómo mi recuperación fue tan milagrosamente rápida”. Su hijo Francisco Quezada recalca, en tanto, que “el sistema de salud actuó muy bien, fue oportuno su traslado a Santiago, se hicieron cargo hasta de traerla de regreso. Hoy (ayer) ya vino la kinesióloga del hospital a ver los ejercicios, los medicamentos y lo que le falta”.

Reflexionó que cuando recobró la consciencia, vio que en las redes sociales “reclamamos por todo, pero no agradecemos por nada. Y no nos cuidamos. Yo tengo una diferente vida, porque hoy no habría abrazado a mi hijo ni estado acá (se emociona). Es responsabilidad nuestra y hagamos conciencia, que sigamos todo este tema del protocolo y seamos tolerantes. Y amarnos”.

Volvió a aprender
a hablar

Luz Berta Güeicha relata que prácticamente tuvo que volver a aprender a hablar tras recobrar la consciencia. “Los primeros días no sabía dónde estaba, miraba y era todo desconocido. Estuve como veinte días que no podía comunicarme con ellos (mi familia), no había manera, porque el servicio del hospital te manda con una sabanilla, una bata, y con eso llegué allá. No podía hablar, caminar, comer; cuando tomé conciencia, me daban agüita en un gotero. Paso a paso logré llegar a como estoy y encontrarme con este tremendo recibimiento de la gente de mi iglesia, de mis amigos. Uno recién se da cuenta de tantas cosas que se pierde por no ponerse a pensar. Nunca pensé que era tan amada y querida, porque desde Arica a Punta Arenas, todo el mundo pensando en mí, haciendo cadenas de oración. Y lo único que quería era pedirle a Dios que si yo me tenía que ir, le diera la paz a mis hijos y a mis nietos. Así que ahora me queda recuperarme bien, ver con otros ojos la vida y poder entregar este mensaje: por favor, cuidémonos; esto no es mentira. He leído que este virus es una mentira, ¿cómo va a ser una mentira? Yo camino paso a paso, como una guagua, entonces…”, recalcó Güeicha, que en Santiago fue atendida por kinesiólogos, terapeutas y fonoaudiólogos, entre otros especialistas.

Y eso que reconoce que desde marzo, cuando llegó la pandemia, se cuidó y salió muy poco. “Rebobinaba y nunca tuvimos un grupo grande, todos empezamos a aislarnos, pero me tenía que tocar, por alguna razón. Y aquí estoy. Pero de ahora en adelante, Dios me dio una nueva oportunidad. Las ‘Lázaro’ nos decían las enfermeras, porque habíamos resucitado con otra mujer de Natales que llega mañana, y yo. Lo que más les asombraba con mi caso, era que pese a toda la gravedad que tenía, en tan poco tiempo me haya recuperado. Me tomaban dos personas y mi cuerpo no funcionaba. Me llevaban para bañarme, es muy fuerte. El primer día que me pude duchar sola, agradecí a Dios, porque fue un logro impresionante”.

Su hijo, Francisco Quezada, recordó que el 11 de octubre una ambulancia la llevó de urgencia al Hospital Clínico y “ese día el médico me dijo que sus posibilidades de vida eran bajísimas, con una saturación menos de lo mínimamente aceptable para vivir y que tenía menos de 48 horas de vida, tal vez; que no me hiciera muchas expectativas. Esa noche la trasladaron a la Uti, al otro día a la Uci, y ya entubada a ventilador mecánico. Y el 14 de octubre fue enviada a Santiago, en coma. Fueron 21 días boca abajo, en coma. En el Hospital Metropolitano nos daban un informe al día y cuando llegó, tenía poca expectativa de vida, el médico decía que era difícil que pasara de cuatro horas”, rememoró. Ahí interviene nuevamente con su débil voz Luz Berta Güeicha para apuntar que “por eso me decían la señora ‘Milagro’, me cambiaron de nombre”.

El alta se la dieron hace dos semanas para hacer hospitalización domiciliaria, pero como dependía de oxígeno, estuvo en Santiago este tiempo, porque no podía caminar. Poco a poco fue requiriendo menos apoyo de oxígeno hasta que pudo viajar de regreso. En todo caso, quedó con secuelas en el pulmón, donde sufrió una fibrosis, que se suma a patologías que ya traía, como hipertensión y diabetes.

“No tenía nada para ganarle. Como digo, ante la mirada humana, nada; pero como depende de Dios nuestra vida, dijo ‘a la Luz Berta todavía le queda harto por hacer’ y aquí estoy”, finalizó Güeicha, que fue recibida por su familia, compuesta por su esposo Arturo Hernán Quezada y Francisco, así como por sus nietos Benjamín, de 8 años y Camila, de 15; todos felices de poder seguir compartiendo con ella.