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Jorge Ivelic, un gran maestro del billar que tuvo Magallanes

Por La Prensa Austral Lunes 14 de Diciembre del 2020

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Una de las disciplinas muy poco desarrollada en nuestra región es el billar, considerado un deporte de precisión que se practica impulsando con un taco a un número variable de bolas, por lo general tres, en una mesa forrada de paño y rodeada de bandas de material elástico y para el que existen diferentes variantes.

Los inicios del billar se remontan a culturas tan antiguas como la griega y egipcia, pero es en la Europa del siglo XVIII cuando empieza a tomar la forma del juego que se conoce en la actualidad.

El nombre al parecer proviene de la palabra francesa bille (bola), existiendo dos escuelas, la francesa creada por Henry Devigne, un artesano de la corte de Luis XV, y la inglesa que su inventor fue Bill Yar, celebrándose en 1825 el primer campeonato oficial de billar en el Reino Unido.

¿COMO SE JUEGA?

El juego se basa en los choques de las bolas entre sí y contra las bandas, impulsándolas con una varilla o taco, tratando de formar carambolas o choques entre las tres esferas.

La consecución de una carambola válida da derecho a seguir tirando; en caso de fallar pasa el turno al otro jugador que tira con la bola contraria a la que usó el anterior, existiendo diversas modalidades de juego y la más tradicional es a tres bandas, donde el jugador debe golpear la bola primero en tres de las cuatro bandas antes de hacer carambola con las otras.

En el papel se puede ver como fácil pero en la realidad tiene una complejidad que lo hace atractivo de jugar y presenciar, sobre todo si los jugadores demuestran una gran habilidad.

En nuestra ciudad el billar fue muy popular a mediados del siglo pasado, favorecido por la gran cantidad de mesas que había en los clubes sociales y especialmente en los cafés de la ciudad que eran frecuentados especialmente por la juventud, saliendo grandes exponentes que destacaron en distintos campeonatos organizados en la época.

APASIONADO

Uno de ellos fue Jorge Ivelic, quien desde muy joven, en la década del ‘30, se apasionó por este deporte de salón que lo practicó en sus inicios con una mesa que disponía un local que tenía un tío de él, actividad a la que se dedicó por más de cincuenta años en forma amateur.

Extractando una entrevista que le hizo “La Prensa Austral” en 1986, Ivelic recordaba con emoción sus inicios, especialmente al compararlos con tiempos posteriores donde la cantidad de mesas disponibles para jugar no pasaban de dos o tres y no muy bien conservadas.

Ivelic siempre actuó con los colores del Sokol, club al que defendió también en el fútbol, aunque en ese deporte no destacó, según él porque no tenía las condiciones.

También jugó fútbol en Río Grande, ciudad en la que por motivos laborales vivió por varios años y desde luego tuvo tiempo para practicar lo que siempre le gustó, el billar.

MUCHA DEDICACION

“Este deporte requiere de mucha dedicación, horas y horas de práctica, siendo una de las mejores formas de distracción y descanso de la mente, porque el billar en cierto modo tiende a relajar y además mantiene a la persona en buen estado físico porque cada partido significa caminar varios kilómetros”.

Dentro de la práctica del billar, Jorge Ivelic jugó innumerables partidos y muchos torneos, pero recordaba con especial agrado uno que disputó en 1981 donde se tituló campeón de Magallanes y otro que conquistó en sus primeros años, cuando en 1939 ganó el campeonato de Río Grande, recibiendo como preciado galardón para él un taco de billar de origen francés que lo conservaba como un verdadero tesoro por su calidad.

Entre sus rivales recordaba Ivelic a Marcos Skarmeta, “de quien se podría decir que fue la máxima expresión que tuvo el billar magallánico. Un caballero del deporte, un billarista de gran calidad que perfectamente pudo haber competido en escenarios capitalinos y seguramente habría sido sensación”.

“Comencé a los 14 ó 15 años en el bar “La Giralda” que en ese tiempo era de mi tío y estaba ubicado en calle Pedro Montt. A ese local concurrían muchos parroquianos que jugaban billar. Me fui acercando a ellos y diariamente practiqué con esas personas hasta llegar a tener cierto dominio”.

GRANDES JUGADORES

“En esa época era de calidad el billar que se practicaba, porque no solamente había muchas mesas sino que también muchísimos jugadores de gran categoría. Recuerdo un grupo de diez o quince personas que exhibíamos un juego muy parejo, lo que no se ve en la actualidad y que lo atribuyo a que hay pocas mesas para practicar y no están en las mejores condiciones de conservación”.

“En mis tiempos nadie te enseñaba a jugar, cada uno aprendía observando y desde luego practicando mucho”.

En una oportunidad trató de entregar sus conocimientos a un grupo de jóvenes, “quería transmitirles lo que yo sabía a través de tantos años de práctica. Tuve un tiempo practicando con ellos pero finalmente la idea no pudo materializarse como eran mis intenciones”.

Ivelic también hizo un recuerdo de los lugares donde se podía jugar en su época, “hace años atrás había mesas por todas partes. Recuerdo lugares como la Sociedad de Empleados, el hotel Caledonia, el café de Marcos Buratovic, el Valdivieso, que era un verdadero centro billarístico donde se concentraban excelentes cultores”.

“También estaba el café Plaza, donde siempre había mucha gente, unos por jugar y otros sencillamente para ver buenas exhibiciones. Todo eso se perdió, en parte por la proliferación del pool que es un juego muy simple en relación al billar y que no requiere de mayor técnica ni tampoco precisión. En el fondo es llegar y apalear, nada más”.