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Juan Santana se infectó con el Covid y pasó de médico de la Urgencia a ser un paciente más

Por La Prensa Austral Domingo 3 de Enero del 2021

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Por su profesión no fue el mejor paciente. Reconoce que en la medida que fue evolucionando se puso más intolerable y demandante de cuidados y que le molestó que no lo tomaran en cuenta: “Yo era un ente al cual había que atender y punto”.

Edmundo Rosinelli

erosinelli@laprensaaustral.cl

En julio del año pasado uno de los médicos del Servicio de Urgencia del Hospital Clínico de Magallanes, Juan Santana Oyarzo, se contagió con el Covid. Han pasado casi seis meses y aún se encuentra con licencia médica, aunque fuera de peligro y recuperado. No recuerda nada de cómo llegó a la Uci.

“Soy magallánico de tomo y lomo”, según se define a sus 66 años de edad. Alumno de colegio público que terminó la secundaria en el Insuco y pertenece a la última generación que rindió la Prueba de Aptitud Académica.

“Me fui a la Universidad de Concepción, saqué mi carrera soplada en los siete años. Desde chico fui bueno para lectura”.

Luego trabajó un tiempo en la octava región. De ahí partió a Santiago hasta que casualmente le llegó una oferta de trabajo en Cerro Sombrero. La idea lo tentó porque lo traía de vuelta a Magallanes. Aceptó trabajar para una empresa contratista de Enap, en mayo de 1988. En esa localidad, de la provincia de Tierra del Fuego, permaneció durante 3 años.

De ahí regresó a Punta Arenas, donde comenzó a realizar turnos de reemplazo en Urgencia del hospital regional, además de realizar consultas.

Al poco tiempo trabajó de asesor de los seremi de salud (Juan Aguilar y Gabriel González).

Fue director del Mateo Bencur, cuando el consultorio dependía del hospital.

Posteriormente ingresó al Servicio Médico Legal, donde permaneció 9 años, la mayor parte del tiempo como director regional.

Concluida esta etapa reapareció en el Servicio de Urgencia del Hospital Clínico de Magallanes, donde lleva varios años, además de ejercer la docencia en la Universidad de Magallanes.

Está reconocido como especialista en medicina de urgencia.

Infectado por el Covid

“La tarde del 20 de julio terminé muy cansado en la Urgencia. Siempre hay turnos peores que otros pero ese día tenía mucho dolor de cabeza y cansancio muscular”, recordó a El Magallanes.

“Al día siguiente seguí con dolor de cabeza frontal. muy fuerte, a pesar de que tengo mucha tolerancia al dolor, pero este dolor en particular era cargante y me obligó a usar paracetamol. Esto iba acompañado de decaimiento, desgano y una suerte de cansancio, como cuando haces mucha actividad física. Eso duró dos días. Ya andaba sin fuerzas y el tercer día fui voluntariamente a tomarme el PCR para confirmar o descartar”.

Al otro día en la tarde le confirmaron por Whatsapp que estaba positivo. Era la cuarta jornada y los síntomas eran lo mismos: dolor de cabeza y cansancio muscular con decaimiento extremo.

“Ahí agarré mis pilchas, que tenía preparadas por cualquier cosa, y me fui a una residencia sanitaria. Ya estaba conversado con mi familia que si enfermaba iría a uno de estos recintos. Afortunadamente nadie de mi familia tuvo la enfermedad”.

Al quinto día estaba con un poco de fiebre. El decaimiento seguía, día y noche. Los síntomas se mantuvieron hasta que empezó con problemas respiratorios.

Colegas que lo atendieron en la residencia decidieron enviarlo al centro asistencial.

“No recuerdo cuando llegué al hospital, pero reconocí a algunas personas que trabajaban conmigo. Conservo en mi memoria cosas salpicadas, como el momento en que me llevaron a Rayos para hacerme un escáner de torax porque mis signos vitales eran horribles, en cuanto a dificultad respiratoria, y de ahí se me borró la película, hasta la semana siguiente”.

En la UCI

En este periplo, Juan Santana dice no tener conciencia de haber subido a la Uci (Unidad de Cuidados Intensivos), donde permaneció 5 días y menos de los procedimientos. “A la vuelta empecé a tener ciertos chispazos”.

“Se me sometió a una intubación a los minutos que llegué. Presentaba lo que está descrito como la asfixia del idiota o locura del asfixiado, en que uno no se da cuenta de lo mal que está, pero la frecuencia respiratoria estaba al doble de lo normal y la saturación de oxígeno llegaba al 70 por ciento. Estaba muy mal y por eso decidieron intubarme.

De ahí no tengo claro cuándo recobré algo de conciencia. Estuve muchas horas luchando por respirar. Recuerdo a semi oscuras que necesitaba respirar y que si no lo hacía me iba. No sé cuanto tiempo pasó pero para mí fue una lucha muy larga y desgastante”.

Uti

Después lo pasaron a la Uti (Unidad de Tratamiento Intermedio), periodo que en su condición de médico fue más tormentoso para él al percatarse de su precaria condición de salud. “Me encontraba en un estado calamitoso extremo”.

Reconoce que es una persona acelerada, hiperquinética, pero en la condición que estaba no tenía fuerzas ni para sentarse en la cama, lo que se prolongó por varias semanas.

“Los días en la Uti, lo que se llama la niebla post Covid, estaba un poco más consciente pero bastante obnubilado”.

Más intolerable

Santana reconoce que en la medida que fue evolucionando se puso más intolerable y demandante de cuidados de atención, lo cual acarreó bastantes conflictos con sus colegas del hospital.

Tal vez porque se dio cuenta que era un paciente más. No estaba ocupando una cama por ser médico.

“Me vi como paciente, invalidado, casi anulado porque la condición crítica de salud exigía tomar decisiones sin explicarme y preguntarme, lo que me molestó muchísimo, claramente influido por mi profesión. Pero lo que más me molestaba, en ese momento, era que no me tomaran en cuenta. Yo era un ente al cual había que atender y punto.

Pocos se dieron el tiempo de conversar conmigo, explicarme los procedimientos a realizar”.

“Para una persona cualquiera, que no tiene idea de su condición ni las opciones de tratamiento, claro, eso es normal. Pero cuando uno sabe poco o mucho al respecto pucha que duele”.

A tal punto se dio el conflicto que exigió su alta médica, la que casi se dio en término de un “alta disciplinaria”.

Han pasado 5 meses. Y bajó 16 kilos en 20 días. Pero a estas alturas todo empieza a quedar en el recuerdo y su testimonio sirve para reafirmar que los contagios son una realidad, y que el Covid existe.

Agradecimientos

No dejó pasar la ocasión para agradecer a su círculo familiar directo, por todo lo que lo ayudaron al llegar de regreso a casa en una condición invalidante.

“Además mis agradecimientos a mucha gente anónima que intercedió de diversas maneras, que envió mensajes de aliento a mi familia, que hizo publicaciones en redes sociales, que recordó a su Dios y sus plegarias, gracias a mi enfermedad.
De veras, derechamente, no pensé que hay tanta gente agradecida de lo que, casi humildemente, he podido hacer por ellos con mi trabajo. Pese a mi genio de pitufo gruñón, de sobra conocido”.