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  • Viviana Bahamóndez Mercado

De canillita a fiel lector de El Magallanes

Por La Prensa Austral Domingo 10 de Enero del 2021

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Al cumplirse los 127 años de la fundación de El Magallanes se despiertan sentimientos especiales para muchísimos lectores que por décadas han sido fieles a su lectura desde temprana hora.

Para el conocido ex futbolista y ex funcionario de Enap, Carlos Alvarez Barrientos, 78 años, hablar de nuestro diario es remontarse a su niñez: “A los 9 años yo vendía El Magallanes cuando era vespertino y salía cerca de las 18 horas y lo entregaba Carmelo Barrientos. Yo debía ir por calle José Menéndez (Valdivia en ese entonces) donde está el hotel, porque por allí distribuían el diario. También vendía La Prensa Austral en la mañana”.

Luego recuerda que “en ese tiempo yo iba a vender diario al regimiento. Vendía entre 350 y 400 diarios. Tenía que ir varias veces a buscar diarios. La gente se entretenía leyendo o escuchando la radio porque no había televisión”.

Dice que si bien nació en isla Riesco, en la mina de carbón Josefina, donde su padre era capataz, durante su niñez en Punta Arenas siempre la matizó entre los estudios y la venta de diarios, aunque en el verano igual se iba a trabajar a las estancias.

“Hoy el diario es más moderno. Las fotografías son mucho más nítidas que en el pasado. Me gusta leer El Magallanes porque trae harta crónica, temas especiales, leer las noticias del deporte y especialmente el suplemento El Sofá que siempre trae notas del recuerdo”, opina Carlos Alvarez.

Suscriptor por
más de 40 años

Para el ganadero Alfonso Mihovilovic Bonacic, 84 años, cada día comienza con su desayuno y el diario en la mesa para leerlo. Reconoce que es suscriptor de La Prensa Austral y de El Magallanes desde hace más de 40 años.

“Lo que sí sé, tanto en La Prensa Austral como en El Magallanes, siempre a uno lo tienen muy informado en los temas, que son tratados con seriedad y de manera veraz”, sostiene Alfonso Mihovilovic.

Dice que regularmente se levanta a las 7,30 horas y una de las primeras rutinas es salir al portón de su casa y revisar el buzón para retirar el diario. Cuando se ha atrasado la llegada del diario, lo espera impaciente porque sabe que para él es clave comenzar el día leyendo el ejemplar.