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Literatura sobre la Patagonia (Los diarios de viaje)

Por Marino Muñoz Aguero Domingo 10 de Enero del 2021

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En crónicas de domingos anteriores nos referimos a “Patagonia Express”, libro del escritor chileno Luis Sepúlveda (1949-2020) que, de paso nos llevó a revisitar “En la Patagonia” del inglés Bruce Chatwin (1940-1989), tanto por la amistad que unió a ambos, como, por ser este último texto y su autor el motivo para que Sepúlveda viniera y reseñara el territorio. Ambos trabajos fueron construidos desde una mirada eurocéntrica, desde arriba hacia abajo, desde fuera, desde la óptica de quien con un acervo de lecturas previas -en el caso del inglés- se asoma por estos lados con el afán de confirmar en terreno cuanta leyenda provenga de esas lecturas y dejarlo por escrito, para seguir alimentando la mitología y servir de nuevo punto de partida de autores posteriores, Sepúlveda, entre ellos.

Esta visión es la de un territorio inhóspito, desolado, invivible, poblado, apenas, por personajes que no tendrían cabida en otro lugar del planeta. Tierra de aventureros (as) aptos para esos reportajes de televisión tan de moda en estos tiempos, realizados al borde de la caricatura y en los cuales es común observar a locuaces conductores (as) o animadores (as) imitando los modos de hablar de los lugareños (como para interactuar de igual a igual o “empatizar”) o tratando de vivir “en la práctica” el día a día de sus anfitriones al realizar las tareas propias de ellos (trabajar la tierra, preparar un curanto, operar un tractor, etc.). De este modo, esos libros (o los reportajes) tornan en exótica nuestra cotidianeidad, no importa cuanto la deformen; y nosotros, los integrantes de este “zoológico humano” de sitio, esperamos ansiosos el momento de “salir en la tele” o de comprar el libro, pues ni siquiera nos llegará un ejemplar de regalo.

  Osvaldo Bayer al abordar la fijación de Bruce Chatwin en Butch Cassidy y Sundance Kid, los bandoleros norteamericanos que anduvieron por la Patagonia, señala: “Para Chatwin no existió́ la épica de los colonos, ni la increíble formación de los sindicatos en las costas, ni las conformaciones de las sociedades, con sus diarios, sus iglesias, de mujeres que tuvieron hijos antes de que llegara la primera partera, de los médicos, etcétera. Para él, valen sólo dos asaltantes” (Bayer; “Bruce Chatwin: Un gentleman entre chilotes”, 1998, pag. 16).

Hace ya tiempo de las primeras ediciones en español de estos diarios de viaje de Sepúlveda (1995) y de Chatwin (1987), el suficiente para emitir juicios respecto de su calidad de tales y ese juicio (el nuestro) es desfavorable en ambos casos, por lo ya señalado y por las inexactitudes adelantadas en crónicas anteriores. Este mismo paso del tiempo ayudó a que los autores, y/o sus defensores, justificaran las falencias en el legítimo uso de la ficción (Chatwin) o, que se tratara de una novela (Sepúlveda). Lo cierto, es que ambos textos se presentaron como “Diarios de viaje” y, evidentemente, no suscribimos las mutaciones de género ampliamente publicitadas con posterioridad.

Pero hay algo en Sepúlveda que lo diferencia de Chatwin; el chileno escribe con o desde el corazón, bien o mal, pero con cariño por aquello que es objeto de su escritura, se compenetra, se mimetiza, teje lazos de amistad con los lugareños y se torna en activo defensor y colaborador de causas ecológicas y de apoyo a las comunidades que visitó, lo que da cuenta de su calidad humana, de la cual estimamos, nadie podría dudar: “Este vagabundo del mar es mi hermano, y me da la primera bienvenida a la Patagonia” (“Patagonia Express”, pag. 101: Sepúlveda refiriéndose a un navegante chilote que divisa a estribor desde la nave que lo lleva hacia el austro).

La investigadora argentina Silvia Casini, en relación a las representaciones literarias de la Patagonia aporta el concepto de “texto fundador”: “en los textos que fundan las primeras imágenes de la Patagonia aparece la visión del americano como un salvaje que necesita ser civilizado, y una consideración del espacio como una inmensidad imposible de habitar: por desértica, por estéril, por fría, por la dureza del clima, entre otras tantas calamidades” (Casini; “Ficciones de Patagonia: La Construcción del Sur en la Narrativa Argentina y Chilena”, 2005, disponible en internet). Este “texto fundador” vendría -según Casini- desde que Hernando de Magallanes pasó por estas tierras en 1520 y se conforma por una red tejida a partir de los escritos de Antonio Pigafetta, Thomas Falkner, John Byron, Charles Darwin, Robert Fitz Roy, Auguste Guinnard, George Musters y Lucas Bridges, entre otros (para Sepúlveda, Chatwin aporta lo suyo al “texto fundador”).

Concluimos entonces que hay una gran diferencia ente el escritor foráneo, fuertemente influenciado por el “texto fundador”, que escribe a partir de las lecturas previas y el autor regional -no necesariamente nacido en la región- pero que lo hace desde la experiencia diaria, desde el estudio de la geografía humana que se va forjando en la interacción con el espacio y puede así, retratar con conocimiento y respeto la verdadera esencia de la Patagonia.