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Individualismo y centralismo: una tierra fértil para esta pandemia

Por Dr. Ramón Lobos Miércoles 13 de Enero del 2021

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Nuestros padres o tal vez los más antiguos de nuestra generación recordamos haber escuchado a nuestros mayores expresar: “¡se viene crudo este invierno che!”, lo cual presagiaba una serie de preparativos y aprovisionamiento en épocas veraniegas para ese tiempo. Había que redoblar el trabajo, del aprovisionamiento de leña o carbón, agua y víveres dependía la mejor sobrevivencia invernal. Incluso significaba arreglar y preparar las casas para esa época, reparando, ampliando o poniéndolas a punto.

Nuestros mayores basaban esta certeza en pocos hechos claros, más bien en cómo se presentaba el mismo verano, las migraciones de aves y la experiencia. En conclusión, con algunos datos seguros se tomaban acciones y trabajo para todo un verano.

¿Por qué recuerdo esto hoy? Porque cuando en el comienzo de un nuevo año nos enfrentamos a otro embate de esta pandemia en el país y en nuestra región, y muchos sólo piensan en escapar de estos parajes e ir a lugares más propicios para vacacionar como hasta hace un año, el escenario se vuelve más complejo y difícil.

Hoy la pandemia nuevamente nos confina y aísla. Aun así, esperamos el informe y el dedo levantado señalando que las restricciones terminan y podemos volver a la normalidad deseada. Pero cada vez eso se ha vuelto más inestable y más complejo.

La pandemia por diversos factores se ha entendido como una limitación y un problema del ejercicio de mis libertades y derechos en esta sociedad en que habitamos. Por eso, poco importa el vecino o el resto de la familia. La pandemia la sufro y la vivo yo aislado del mundo y mi normalidad.

Por eso se escuchan muchos lamentos y añoranzas de esa época de relajo y diversión que fueron los fines de semana o las esperadas vacaciones fuera de Magallanes. Peor aún nos han llenado de frases con un Plan Paso a Paso que cada día es más complejo poder avizorar hacia donde se desplaza. Fiestas Patrias fondeados, Fiestas de fin de año encerrados en familia, vacaciones a ciertos lugares. Comunicacionalmente nos han mantenido la esperanza que a la vuelta de la esquina está la normalidad que todos añoramos. Pero no ha sido así y cada día vemos más zonas y territorios que no logran salir de este marasmo de casos y brotes que nos rodean.

Así como antaño cada familia se preparaba para el invierno debemos hacer lo mismo actualmente ¿Cómo nos preparamos y nos adecuamos a este escenario de limitaciones? ¿Cómo nos preparamos en anticipar las estrategias de autocuidado personal, familiar y social? ¿Cómo y dónde pedimos o buscamos ayudas para nuestras necesidades?: en la familia, en el barrio o en las instituciones del Estado. Mil y una estrategias a implementar y trabajar.

Las señales que nos entrega hoy la información oficial: número de casos diagnosticados, ocupación de camas hospitalarias y uso de camas críticas son señales de hace varios días atrás. Ratifican lo que estamos haciendo para cuidarnos; no para implementarlas, y avalan lo que hemos mantenido en las últimas semanas como trabajo de autocuidado personal o familiar. Por eso, preocuparnos cuando las cifras van aumentando es ya tarde, así como limitar nuestra movilidad o el salir de casa por el incremento en el uso de ventiladores mecánicos.

¿Cuándo fue que como sociedad empezamos a improvisar en vez de planificar? ¿Desde cuándo el Estado y sus instituciones estuvieron más centradas en responder al día a día o lo mediático en vez de preparar escenarios y trabajar en definir estrategias locales? Simplemente desde que en Magallanes se instaló el centralismo. Miríadas de funcionarios y especialmente jefaturas en servicios y ministerios esperando la indicación desde Santiago para hacer o no hacer algo.

Como Consejero Regional puedo dar fe que sin lo que forzamos y logramos, insistiendo desde febrero para disponer y preparar la región en distintos ámbitos, habría sido al menos en lo sanitario un escenario más catastrófico de lo que fue. Aun así, nos ganó finalmente en muchas estrategias propuestas el centralismo y el ahogar las iniciativas locales. Lo poco que se ha realizado en reactivación es por este motivo. No hay un “visto bueno” o aprobación central.

Nuestros mayores no esperaban las venias y aprobaciones del nivel central para prepararse para escenarios difíciles en invierno, simplemente actuaban. Por eso hoy estoy más convencido que nunca que este año con la designación de los constituyentes y la elección de autoridades debemos salvaguardar la autonomía y la independencia de actuar del yugo centralista. Potenciar las regiones y los territorios en su diversidad sólo nos puede dar mejor respuesta.

Lo que se ve en las autoridades que regirán los próximos cinco meses es continuidad y seguir haciendo lo mismo. Por eso es el momento de elegir y cambiar, a aquellos que ponen el acento en temas regionales. Por lo pronto en aquellos que realmente posicionen a sus adultos mayores como centro y eje del desarrollo social. Hay tanto que se ha dejado de hacer, que ya no se puede esperar más.

Cuidarse, planificar, protegerse y protegernos son las tareas que vienen para el crudo invierno que está a la vuelta de estas semanas.