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Nadie quiere lo que no conoce

Por Emilio Boccazzi Campos Lunes 18 de Enero del 2021

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Lejos de cualquier chauvinismo, los magallánicos vivimos en uno de los territorios más maravillosos del país y del Planeta. Nuestra condición de lejanía de las grandes poblaciones del mundo, que se encuentran principalmente en el Hemisferio Norte, nos hace además, ser un territorio deseado, y qué en tiempos de normalidad, varios cientos de miles de viajeros, cruzan el Globo Terráqueo para llegar a nuestras Reservas Mundiales de la Biósfera, a nuestros glaciares, ventisqueros, pampa, a los bosques nativos de Nothofagus del fin de mundo. Podría hacer una larga lista de la profusión de atractivos naturales, que por tenerlos tan cerca, muchas veces no los vemos, o no los aquilatamos en su justa dimensión.

Torres del Paine, Cabo de Hornos, estrecho de Magallanes, Cordillera de Darwin, Cabo Froward, Atlántico y Pacífico, Bosques, canal de Beagle, glaciares, avistamiento de ballenas, flora y fauna únicas, y la lista podría engrosarse largamente.

Pero de todo esto, ¿cuánto conocen o conocemos los magallánicos? A veces el dicho de que los árboles no dejan ver el bosque, podría invertirse diciendo el bosque no deja ver los árboles, buscando decir que es tanto el manantial de atributos naturales, que corremos el riesgo de tenerlo en nuestras narices y no verlo.

Evidentemente, no ha habido una política regional sostenida y sistemática, de hacer y provocar que los magallánicos conozcan y conozcamos nuestra exuberante región, pródiga en bellezas naturales, que pareciera que nos mira y no comprende nuestra impavidez.

Esto comienza en el colegio, donde muchas veces las giras o viajes de estudio, donde se privilegia ir, a cualquier lado, (no siempre, pero casi), no se conoce mediante la investigación y la curiosidad el conocimiento de nuestros niños y jóvenes de nuestra región, luego en vida adulta, cuando nos enfrentamos a los requerimientos económicos de nuestra subsistencia, el valor monetario de conocer nuestro vasto territorio siempre queda supeditado a más adelante o a nunca. Claro, no hay que generalizar, pero la norma general es que se prefiere salir, que conocer o reconocer nuestra variada Región de Magallanes y Antártica Chilena.

Claro, los valores de hacer turismo en nuestra tierra, muchas veces supera largamente, incluso el ir a destinos más lejanos y “soleados”. Nadie pretendería que los magallánicos carente de vitamina D y de los beneficios de ésta, no salgamos de la región. De hecho, es muy positivo, en la medida de las posibilidades de cada uno conocer el máximo posible, pues el viaje y la experiencia es uno de los aprendizajes más enriquecedores y con ello, muchas veces, más se valora al lugar en que uno ha decidido vivir o residir.

Sin embargo, con motivo de esta larga pandemia que nos asola en el Planeta y con más fuerza en América Latina, es preciso y es casi obvio, indicar como lo hacíamos hace varias columnas y en especial la semana pasada, que nuestras fronteras regionales virtualmente cerradas, incluso nuestras fronteras comunales, lo que debemos hacer, casi como tomándonos de una tabla de salvación, es potenciar el conocimiento, la valoración y el desarrollo del turismo intraregional y intracomunal.

¿Cuánta gente que no trabaje en el rubro turismo de Puerto Natales, conoce las Torres del Paine? ¿Cuánta gente de Porvenir conoce el sur de la Tierra del Fuego? ¿Cuánta gente de Punta Arenas, conoce siquiera el faro San Isidro o la Reserva Nacional Magallanes o seno Otway? Ni siquiera pregunto, cuanta gente de una provincia conoce los atractivos de la provincia vecina. ¿Cuánta gente de Magallanes conoce Pali Aike o los canales o Puerto Williams y la maravillosa Isla Navarino?.

Educar desde temprana edad, vivir las experiencias en edad juvenil, estimular y potenciar el turismo interno, es poner los huevitos en distintas canastas. Es más, tiene que ser una constante para que se transforme en un saludable hábito. Hace pocos días, por primera vez, aprobamos en el Consejo Regional (Core), recursos que se acercan a los 600 millones de pesos, para que en unos dos o tres meses tengamos viajes inter provincias, subsidiados por el presupuesto regional. Muchas veces, prácticamente casi todos los días escuchamos, la conjugación de que esto o aquello constituye “un círculo vicioso” por algo negativo, una mala asociación, pero en este caso, se comienza a conjugar una nueva acepción que es constituir “un círculo virtuoso”. Educación, conocimiento y valoración de nuestro maravilloso territorio y la platita se gasta aquí mismo, donde residimos.

Nadie quiere lo que no conoce.