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Presidente Joe Biden llama a los estadounidenses a “empezar de cero”

Por La Prensa Austral Jueves 21 de Enero del 2021

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Estados Unidos dijo adiós a la era de Donald Trump y ha empezado una nueva andadura con la llegada a la Casa Blanca de Joe Biden. El demócrata se convirtió en Presidente este miércoles frente al mismo Capitolio asaltado sólo dos semanas atrás y ha clamado por la “unidad” de los ciudadanos en un momento de la historia especialmente convulso.

En una ceremonia emocionante, pero atípica, deslucida por la pandemia y las fuertes medidas de seguridad, Biden ha condenado la violencia, ha ensalzado la victoria de la democracia y ha llamado al pueblo a “empezar de cero”. Dio un discurso de catarsis en un día para la historia. Kamala Harris es desde ayer la primera mujer que ocupa la Vicepresidencia del país más poderoso del mundo.

Cerca del mediodía, con la mano sobre la misma Biblia con la que se juramentó como senador hace medio siglo, Joseph Robinette Biden (Scranton, Pensilvania, 78 años) juró el cargo. Es ya el 46º Presidente de Estados Unidos, el segundo católico de la historia (después de John Fitzgerald Kennedy), el que llega con más edad al puesto, el que parecía derrotado hace un año. Es el hombre que ha logrado unir a los demócratas contra Trump y el que debe sacar a la nación de horas muy bajas.

“Hemos aprendido que la democracia es un bien precioso y frágil, pero la democracia ha ganado. Este es el día de América, es el día de la democracia”, ha dicho el nuevo Presidente en una intervención de unos 25 minutos, que ha dado el tono del grave momento que vive el país. Pasó de puntillas por las políticas, por los planes y los programas, no mencionó a Trump y centró su mensaje en los valores, en la recuperación de un espíritu americano que define como unidad y lucha.

Biden, al que millones de estadounidenses instigados por Trump acusan de haber robado las elecciones, insistió en la urgencia de “la verdad”. Esta insistencia, y la idea general del discurso, la de dejar atrás un tiempo de guerra y trauma, transmitía un cierto aire de esperanza, pero sobre todo recordaba las palabras de Gerald R. Ford cuando asumió la Presidencia en 1974, tras la dimisión de Richard Nixon por el caso Watergate: “Compatriotas, nuestra pesadilla nacional ha terminado”.

En lugar de los centenares de miles de ciudadanos que solían seguir el acto desde el Mall National, el gran bulevar verde amaneció con un mar de banderas en recuerdo de los que murieron y alrededor de 25.000 soldados de la Guardia Nacional protegiendo las calles.

Con el fin del mandato Trump, Estados Unidos traslada un mensaje al mundo, también atravesado en los últimos años por el auge de los movimientos populistas que empiezan a desgastarse.

Trump rompiendo una tradición más que centenaria, evitó acompañar a su sucesor y se marchó de la ciudad temprano, orgulloso aún en calidad de presidente, para volar por última vez en el avión presidencial Air Force One y aterrizar en su refugio de Florida.

Resultó, con todo, un día de esperanza para al menos más de la mitad de este país, fatigado de cuatro años de crispación, y para el resto del mundo, aliados tradicionales de Estados Unidos a los que el Vicepresidente de la era Obama ha prometido el regreso de la gran potencia después del giro nacionalista impulsado por su predecesor republicano. El nuevo gobierno hereda un país en una recesión que no había visto en 70 años y con unos niveles de deuda a la altura de la Segunda Guerra Mundial.

Con la pandemia, comenzó la caída de Trump a los infiernos. Se enrocó en la negación, primero, y en la extravagancia después. Al perder las elecciones, lanzó el pulso final al sistema, trató de revertir los resultados a base de mentiras. La mitad de los votantes republicanos siguen creyéndolas.