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Gloria vieja de m….

Por Gloria Vilicic Peña Jueves 28 de Enero del 2021

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“Vieja de mie…” me gritó un joven en la calle, al reconocerme como abanderada de la derecha. El silencio se apoderó entonces de mi cuerpo y por algunos instantes sentí que algo parecido a la muerte social deambulaba junto a mí. Poco a poco, nos guste o no, comenzamos a quedar solos, a ser aislados socialmente por las nuevas generaciones. A veces por descuido otras por omisión, pero muchas veces por desinterés. Y como si la vida quisiera recalcar este proceso, días más tarde me vine a enterar de la muerte de un gran amor platónico en mi vida. Sin previo aviso se acallaron los poemas que me escribía, mientras la muerte lo paseaba por Punta Arenas, despidiendo a muchos que lo conocimos y quisimos, antes de ser sepultado socialmente y para siempre. El joven entre tanto seguía gesticulando improperios en mi contra mientras la muerte lo miraba a él también, con apetito que le genera la juventud inconsciente ante ese proceso biológico y social que nos alcanza a todos.
Es difícil concretar qué es envejecer porque internamente seguimos sintiéndonos vitales, fuertes, jóvenes. Además, no se trata sólo de una pérdida pues con los años adquirimos conocimientos o experiencias, que son valores positivos.  Algunas personas envejecen más rápido y otras lo hacen más lentamente. Y sin embargo ese joven que insistía en ofenderme, gritándome, según él, insultos, por tratarme de “vieja de m…” sólo hacía lo que nuestra actual cultura hace con muchos adultos mayores: los comienza a invisibilizar para no tener que tomar conciencia de que la muerte es una etapa más en nuestras vidas, también en la vida de ese joven que cree que la vejez distingue entre los distintos credos políticos.

Anteayer cumplí un año más, entre saludos de amigos y el silencio de conocidos. Ahora ya retirada de la vida partidista, retirada de las intrigas políticas, me doy cuenta de que ir avanzando hacia la vejez es un peregrinar entre compromisos sociales no cumplidos por las nuevas generaciones que criamos y que creen ahora que el cuidado de los viejos es un “trabajo de mi…” y por esos nos abandonan en casas de reposos estatales, para no vernos, para olvidarnos. Pero también el aparataje productivo, el aparato financiero decide de la noche a la mañana que nuestra experiencia acumulada, no tiene valor laboral ni comercial, así que se encarecen o imposibilitan los créditos, se desvanecen las oportunidades laborales, y, por, sobre todo, se desprecia en la política el bagaje social, para dar paso a imberbes en la vida a los cargos de poder, como ese joven, que seguía, según él, insultándome como “Vieja de mie..”, como si envejecer fuera un insulto. Educar es progreso, pregonan candidatos de la izquierda, mientras van descartando en sus programas partidistas, en sus equipos de campaña a los “Viejos de mi..” que les recuerdan que todo lo que están proponiendo, ya otros lo propusieron, que todas las soluciones que se imaginan, otros ya las imaginaron, que el camino que recorren, otros ya lo recorrieron.

Entonces, a pesar de todo ese estigma que algunos nos quieran imponer, al escribir estas líneas, una sonrisa se apoderó de mis labios, al pensar en todos esos “Viejos de mi..” que a pesar de toda la indiferencia social, a pesar de esos imberbes en la vida política, a esos jóvenes sin sentido de responsabilidad por la vida, a pesar del desgaste biológico, seguiremos escribiendo poemas, abrazando a nuestros familiares. Y a diferencia de ese joven que insistía en ofenderme, hay otros muchos que entienden o aprenden por fuerza o por convicción que el envejecer es parte de la vida, y solo haciéndonos responsable de nuestras propias vidas y de la vida de las personas que amamos, haremos de este mundo un mundo mejor.