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Fue trasladada por Covid a Santiago y después de dos meses fue recibida en su casa con mariachis

Por La Prensa Austral Domingo 31 de Enero del 2021

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Diariamente informamos la situación del Covid-19 destacando las cifras, que a fin de cuentas, otorgan un panorama del estado de la pandemia. Pero es cierto que tras esos fríos números hay rostros de personas, cada una con su particular historia, muchas de ellas dramáticas y tristes. Pero también hay casos dignos de contar, en que la fuerza y amor familiar ayudan a superar al temido virus.

Generalmente, cuando se habla que una persona será trasladada a un centro de salud de Santiago, el miedo aumenta entre los familiares. Más en el caso de María Elena Barrientos, de 76 años y vecina de la población Manuel Chaparro. Durante dos meses permaneció en la capital, pudiendo regresar el pasado miércoles a su casa, donde fue recibida por sus amigos y vecinos, que instalaron un arco de globos y contrataron al mariachi “El Charro Negro” para que la saludara con música.

Su hija, Elizabeth Montiel, relató que “el 1 de diciembre la trasladaron y fue muy triste pasar las fiestas sin ella. Gracias a Dios llegó a la Clínica Ensenada, donde tuvo un trato espectacular, todos los días nos llamaban para informarnos, hasta el día de hoy las enfermeras siguen llamando, súper pendientes de mi mamá. Igual por el mismo Covid, presentó una hemorragia y después le dio una trombosis en la tienda, que retrasó su llegada. Nosotras viajamos a Santiago esta semana, y no puede caminar, por lo mismo, porque también ha perdido fuerza, a la espera de la terapia. El jueves vino el doctor que está encargado de los pacientes que vienen de regreso y comenzará su terapia domiciliaria”.

Desde el aeropuerto fue escoltada por una caravana vehicular con globos, que la acompañó hasta su casa. “Más solicitada que Piñera”, bromeó María Elena Barrientos, demostrando su excelente humor, pese a los dos meses de internación. En todo caso, su hija reconoció que “cuando nos dijeron que mi mamá se iba evacuada a Santiago, lo primero que uno piensa es que se iba a morir, porque uno veía en las noticias que persona que era evacuada, moría en Santiago, entonces una se queda con la peor impresión. Pero gracias a Dios no tengo nada que decir del Hospital Clínico, cayó en muy buenas manos, la ayudaron un montón”.

Para peor, toda la familia se contagió, incluidas las nietas, Denise y Macarena Villegas. “Hasta mi hermana que vive al otro lado. En total, nos contagiamos 14”, revela Elizabeth Montiel, “pero como ella era más viejita, nos preocupamos, porque además le dio una neumonía grave, que son silenciosas, porque ella estaba súper bien, si ni siquiera sabíamos que estábamos contagiadas. Mi mamá solamente tuvo tos y dolor de cabeza, pero no lo relacionamos, si nosotros no salíamos a ningún lado. Hasta el día de hoy no sabemos cómo nos contagiamos, porque nos cuidamos mucho, por ella. Pero por suerte, todo salió bien, salió fuerte la señora”.

María Elena Barrientos recuperó la voz, aunque aún le quedan secuelas, no tan notorias como en otros casos, “y se acuerda de todo”, apunta su nieta Macarena. Confiesa que no tuvo miedo. “Primera vez que me embarcaba en un avión. Si cuando me iban a ver allá, me preguntaban: ‘¿Usted dónde está?’ y yo decía: ‘En Punta Arenas’ y me decían: ‘No, pues, usted está en Santiago’. Y yo decía: ‘¿Y quién me trajo pa’ acá?’. No lo podía creer. Más encima no pude conocer nada, quiero volver ahora”, comenta entre risas.

Con la misma chispa recuerda cuando le hicieron un examen para ver el estado de sus pulmones. “Pusieron una tabla, no sé qué cosa, me taparon la cara con una alfombra que apretaba y pensé: ‘Acá me van a ahogar’ y una hora después me dijeron que estaba lista. Pero me atendieron muy bien, todos buenos y preocupados. Yo decía que no me quería ir”, vuelve a reír.

Confiesa que no se esperaba el recibimiento en su casa. “Había más de treinta personas afuera. De la iglesia, la agrupación (Corazón de María), todos mis vecinos. Me llegaron a correr las lágrimas de pura emoción ¡Y los charros!, no pude bailar, pero igual me moví un poco”, finaliza con ese espíritu risueño que le permitió salir adelante.