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Hasta el 24 de febrero trabajarán investigadores en la instalación de sensores para medir sismos en la Antártica

Por La Prensa Austral Domingo 31 de Enero del 2021

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– Los profesionales del Programa de Riesgo Sísmico, Sophie Peyrat y Patricio Toledo, y Rodrigo Sánchez del
Centro Sismológico Nacional de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, se
encuentran realizando su cuarentena en Punta Arenas, para viajar esta semana al territorio antártico.

La seguidilla de sismos en territorio antártico, en particular el movimiento de 7,1º Richter del pasado sábado ha causado preocupación, ya que se trató del mayor incidente ocurrido en la zona, en los últimos 70 años.

Ya el Instituto Antártico Chileno había advertido de la concurrencia de estos fenómenos en el último año, pero el estado actual llevó a que profesionales del Programa de Riesgo Sísmico y el Centro Sismológico Nacional de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile ya estén en Punta Arenas cumpliendo la cuarentena de rigor, para iniciar, el 5 de febrero, una expedición tendiente a instalar equipamiento que permita monitorear la actividad sísmica del territorio.

El equipo de la expedición está compuesto por los investigadores del PRS Sophie Peyrat y Patricio Toledo, mientras que por el CSN estará Rodrigo Sánchez. Desde Santiago, el director del Programa de Riesgo Sísmico, Jaime Campos Muñoz detalla en qué consistirá el trabajo que se desarrollará para afrontar esta crisis sísmica inusual, porque “los últimos 70 años, en torno a los 250-300 kilómetros de radio de las bases chilenas, sólo había ocurrido un temblor de magnitud 5. En cambio, a fines de agosto comienzan a ocurrir treinta sismos de magnitud superior a 5. Esto nos sorprende, porque Chile no tiene instrumentos sismológicos instalados en sus bases antárticas. Argentina tiene seis, Perú tiene tres, Uruguay, Noruega, República Checa, China, Estados Unidos, Inglaterra, tienen instrumentos para medir sismicidad, deformación a través de satélite, radiación cósmica, campo magnético, capa de Ozono”, expone Campos sobre el contexto que rodea esta investigación.

Si bien la actividad sísmica decayó en diciembre, a través de instrumentos GPS proporcionados por colegas argentinos, detectaron que en esa zona hay un proceso de deformación que antes de agosto se movían a una tasa de 8 milímetros por año, “pero que a fines de agosto y septiembre, los mismos instrumentos habían mostrado que se estaba deformando a una tasa de 15 centímetros por año. Rápidamente armamos los dispositivos, sensores, para armar dos o tres estaciones sismológicas, de tal manera que puedan ser instaladas en condiciones extremas”, agregó Campos.

Durante un par de meses se trabajó en la preparación de los equipos que serán instalados por los investigadores, que permanecerán hasta el 24 de febrero colocando los sensores en las bases Escudero, Arturo Prat y O’Higgins.

Desafíos

Campos, sin embargo, aprovechó la oportunidad para expresar su inquietud “por los pocos instrumentos sismológicos que hay desde la península de Taitao hasta la Antártida, incluida toda la Patagonia; se conoce muy poco de la sismicidad de esa región que es más de un tercio de Chile”.

En esa línea, insta a las universidades de Magallanes y Aysén a tomar este desafío “de poder desarrollar geociencias, para entender la tectónica y la geodinámica, porque las placas son otras, muy distintas al norte y centro de Chile. Yo creo que en términos de políticas públicas, debe haber un foco a las universidades regionales de focalizar los recursos para que puedan desarrollar grupos científicos en particular, porque todo el conocimiento que sabemos de terremotos en Chile es de la parte central y norte. Lo que ha faltado es tener una política científica de desarrollo de las regiones, de líneas de investigación atingentes a los problemas de su región”, manifestó.

Y aunque tiene sus aprensiones respecto de que esta política se pueda concretar, conmina al Ministerio de Ciencias a desarrollar la geociencia, porque “sin datos, sin información ni conocimiento, se va a estar funcionando a ciegas y vamos a tener situaciones que siempre nos van a estar sorprendiendo, como nos ha ocurrido siempre”.

Pero, en lo inmediato, está la instalación de estas tres estaciones en tiempo record, lo que, a juicio de Jaime Campos, demuestra la capacidad que hay en Chile para afrontar estos desafíos.

Y, por ello, adelanta un proyecto a largo plazo con Inach, “que tenga la posibilidad de instrumentar e identificar con sensores geofísicos la Antártica, porque estamos muy atrás con respecto a otros países. Este proyecto debe contemplar el análisis de los datos, para generar la información pertinente para entregársela a los organismos que corresponden para entender la gestión del territorio. Esto debiera ir acompañado de un potente apoyo a la universidad de la región, para que se sientan convocadas a generar la capacidad científica-académica, de manera que en tres o cuatro años se formen grupos que procesen la información y no sea solamente procesada en Santiago”, proyectó Campos.

El rol de Inach

Justo antes de referirse al tema, el director del Inach, Marcelo Leppe, observaba en su computador la información de un nuevo sismo, de 5,2º, lo que demuestra que la actividad se mantiene. “Estamos desde septiembre del año pasado siendo parte de la mesa de trabajo entre Onemi, Shoa, Sernageomin, Inach y otras instituciones que tienen preocupación por el tema. Desde que comenzó el enjambre sísmico, pedimos apoyo a algunos programas antárticos internacionales para que nos entreguen información, como España, que nos colaboró con información bastante detallada de la actividad que está ocurriendo en la actualidad. Pero nosotros empezamos a hacer una indagación desde hace cuánto tiempo Chile había perdido capacidad de monitorear estos sismos. Vista la necesidad, elevamos la solicitud a Onemi y tomamos la decisión de apoyar el Programa de Riesgo Sísmico de la Universidad de Chile con los equipos disponibles, que son de última generación, junto con algunos GPS, para instalarlos en base Escudero, base Prat y base O’Higgins; nos coordinamos con el Ministerio de Defensa y desde el 21 de enero están estos tres investigadores”.

Esta información de los equipos será transmitida en tiempo real, investigaciones que – para Leppe- representan el inicio de una colaboración con la Universidad de Chile, especialmente con la Facultad de Ingeniería.

Esta investigación servirá de insumo para el nuevo proyecto de bases antárticas, donde se reharán las bases Yelcho, Carvajal y Escudero, porque -como explica el director del Inach- “llevamos 150 años instalando las bases muy cerca de la costa y casi en la cota del nivel del mar, entonces hay varias amenazas y el registro histórico de paleotsunami muestra que ha habido varios eventos en las costas de las islas Shetland y en la península antártica”.

Pero independiente de la información que se entregará por la magnitud y frecuencia de los sismos, el GPS permitirá detectar cuánto desplazamiento está ocurriendo de las islas Shetland respecto de la península, porque “justo en el medio, hay una dorsal oceánica que está formando suelo volcánico, entonces ambas masas de tierra se están separando y esa formación de suelo oceánico es la que produce estos sismos o la actividad en el monte Orca de hace unos meses. Por eso, dado que la actividad se hace más intensa en algunos ciclos, es importante monitorearlo y que, de aquí en adelante, esa información esté incorporada en la gran matriz de monitoreo que estamos planeando con el Inach y que vamos a presentar a la dirección de presupuestos de este año”.

Este último aspecto es relevante pues se podrá monitorear no solamente los sismos sino también muchos parámetros que van a afectar los modelos que hay sobre la Antártica y la manera en que influye sobre Sudamérica.