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Alertas tempranas

Por Juan Francisco Miranda Jueves 4 de Febrero del 2021

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Hace unos días todo Chile estuvo preocupado por Magallanes, por al menos unos minutos, pues la Onemi informó mediante mensajes de texto a los celulares de una alerta de tsunami por terremoto en la Región de Magallanes y Antártica Chilena. Yo creo que a todos quienes tenemos familiares, amigos y amigas en el resto del país, nos llamaron para preguntarnos como estábamos. A quienes no nos llegó el mensaje de la Onemi, y nos llamaron, no entendíamos la preocupación, pues el terremoto había ocurrido en la Antártica a miles de kilómetros. Acá se mueve más la tierra cuando pasa un camión con carga en algunas calles, que ante sismo en la falla de Magallanes. Lo cierto es que por unos momentos fuimos preocupación nacional.

Sigo sin entender como este tipo de alerta no se generan con una mayor rigurosidad, pues nos ha pasado muchas veces que, con un terremoto o sismo en el Pacífico, incluso en partes tan alejadas como Hawai o Japón, nos han llegado avisos en Punta Arenas de aletas de tsunamis. Como si la propagación de la onda pudiera doblar el archipiélago occidental magallánico para volver a doblar y enfrentar nuestra costanera. Lo mismo ocurre en sentido contrario, como en este caso que alertaron a todo Chile por un terremoto en la Antártica. El problema de todo esto es que el sistema de alerta pierde credibilidad cuando se utiliza de mala manera como en este caso, como cuando desafía o insulta el sentido común. En este parece que no hemos aprendido mucho como país, pues aún cuando se ha invertido en tener una red sismológica nacional, los presupuestos se van mermando en la medida que los terremotos van quedando en el pasado.

La preocupación del país por Magallanes fue efímera, pues al rato hubo un sismo de gran intensidad en la capital del reino, y obviamente las preocupaciones se trasladaron al epicentro nacional y económico: Santiago. No se entendía mucho si la alerta de la Onemi fue bien realizada o con poco probable coincidencia de ambos fenómenos en corto plazo.

Planteo todo esto, para insistir una vez más el desconocimiento nacional y regional de nuestra geografía, de sus características naturales y de sus riesgos ante desastres de la naturaleza. Algunos creen que la Antártica está a pocas horas de Punta Arenas, y en tiempo es casi la misma distancia entre Santiago y nuestra capital. Otros creen nuestros suelos son los mismos que los valles centrales, y nuestra geología expuesta a glaciaciones da cuenta de que no tenemos puestos los pies en la misma tierra. Lo lamentable es que con inusitada ignorancia se levanten grandes inversiones sin conocer aspectos esenciales como clima, geología, hidrología antes de levantar monumentos a la arquitectura. Ya sabemos cuando oficinas de arquitectura diseñan edificios mal orientados contra el viento (Tribunales de calle Carrera, edificio del Mop, de Agricultura por citar a los públicos), y como se sigue desconociendo este factor en la vía elevada de la Ruta 9 con Avenida Frei que porfiadamente el Mop insiste en construir. Ahora con imágenes llamativas se nos ha convocado a apreciar proyectos de futuro en la ciudad, pero una vez más sin reconocer donde estamos. Se pretende generar un paseo en torno al río de las Minas en un área inundable ante crecidas, se quiere seguir proyectando edificios en la punta arenosa donde predominan las arenas saturadas expuestas a licuefacción arrastrados por el Centro Antártico Nacional, que sigue costando más que lo que nos costó el Hospital Clínico.

La ignorancia cuesta caro, y la arrogancia de imponer obras que no reconocen el territorio donde se fundan, ni la idiosincrasia de sus habitantes, sólo nos hace una comunidad mirada en menos que para algunos debiese recibir lo que venga como “regalo” o sinónimo de progreso. Yo creo hay que estar alertas, más en estos tiempos confusos donde necesitamos fuentes de empleo y crecimiento, pero no a cualquier costo. Los espacios públicos deben ser analizados con extremo cuidado y sigilo, de modo de enfrentar intereses cuando no son motivados por el bien común. Para ello, debemos conocer más donde vivimos y donde queremos seguir viviendo.