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Incendio del Blue House: la tragedia que aún golpea en el recuerdo de magallánicos y santacruceños

Por La Prensa Austral Sábado 6 de Febrero del 2021

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Un fotógrafo de La Prensa Austral y un periodista del diario argentino El Nuevo Día recuerdan cómo fue enfrentar aquella jornada de hace 14 años, a sólo pasos del centro de Punta Arenas.

El tiempo es lo único que no perdona, que no entrega concesiones. Que, salvo para algunos en las postrimerías de sus vidas, sólo confunde los recuerdos y minimiza los dolores, pero que no permite arrancar la pérdida que se enquista como un cáncer y acompaña hasta el final del camino.

De esos saben las familias, y también todos quienes fueron “protagonistas” de los hechos ocurridos la madrugada del 3 de febrero de 2007. Sí, hace 14 años, en un hostal de calle Chiloé, entre Avenida Independencia y calle Boliviana, a sólo pasos del centro de Punta Arenas, se desató una tragedia que dejó 10 personas fallecidas, que abrió un complejo proceso judicial y una larga discusión sobre exigencias en materia de seguridad.

Los cimientos de aquella construcción consumida por el fuego se mantuvieron hasta 2012. Paradójicamente, lo último que permaneció en pie fue el frontis con sus dos grandes ventanales del segundo piso que permitían observar el cielo, como dando pie a elevar una oración. Hoy, tras estar baldío por un tiempo, el terreno está destinado a otras actividades.

“Fue una jornada dura para todos y también dolorosa”, señala el jefe de Fotografía de La Prensa Austral y El Magallanes, José Villarroel. Recuerda que justo ese día el turno le correspondía a un joven gráfico recién llegado (Daniel Canales), quien de madrugada lo llamó para informarle del dantesco incendio. “Había que apoyarlo, así que me levanté y pasé a buscar al periodista (Edmundo Rosinelli) para ir al lugar. Era un caos en medio de la oscuridad. Permanecimos ahí hasta más de las 8 de la mañana, porque a cada momento iban informando del hallazgo de más víctimas y había que esperar para conocer el informe oficial. De ahí fuimos al diario con el antecedente confirmado: habían 10 personas fallecidas”.

La tragedia también sigue presente hoy a 260 km de Punta Arenas, en la vecina ciudad argentina de Río Gallegos. El Diario Nuevo Día recuerda cómo aquel día la capital santacruceña se despertó con la tragedia y como, aunque a la distancia, sus profesionales asumieron la cobertura de una noticia dolorosa y de las cuales “duele escribir”.

“Ese 3 de febrero del 2007 era sábado y por lo tanto teníamos franco en el medio gráfico. Cerca de las 9 de la mañana el celular comenzó a sonar de manera intensa y me imaginaba que algo malo pasaba. En esta profesión uno debe estar preparado para muchas cosas, pero por más preparación posible hay noticias que duele escribirlas. ‘Averigua que hubo un incendio en Punta Arenas, en un hotel y murió mucha gente, hay personas de acá”, me repetía el jefe de redacción. Inmediatamente comenzaron las averiguaciones y la triste noticia se iba confirmando: 10 personas murieron en un incendio, entre ellas una familia íntegra de Río Gallegos: Jorgelina Díaz, de 24 años, Esteban “Bocha” Torales, de 32, y sus dos pequeños hijos Facundo y Franco de 6 y 8 años respectivamente. Pero las novedades no paraban de llegar, Jorgelina estaba embarazada de gemelos, habían viajado a Punta Arenas para, junto a la familia, hacerse una ecografía en 3 dimensiones”, señala el periodista Nicolás Ravello.

“De a poco y consiguiendo la información que nos iban suministrando colegas chilenos fuimos armando la nota periodística sin saber que en mi persona me iba a afectar, no sólo por conocer al “Bocha” Torales, sino porque estas son justamente las noticias que a uno más les cuesta escribir. A partir del fatídico incendio, se procedió a la repatriación de los restos. Momentos duros si los hubo, son los que se vivieron ese 5 de febrero de 2007. Quizás muchos pensarían que el tema iba a quedar así. La familia Díaz-Torales no se iba a quedar con los brazos cruzados, querían pelear para que se haga justicia y yo sabía también que el tema en el diario no lo tenía que dejar. Con el correr del tiempo les fui realizando diversas entrevistas y me encontré con una familia fuerte y unida que no iba a dejar que la muerte de sus seres queridos quede en la nada”.

El proceso judicial

Ravello recuerda que las idas y venidas a Punta Arenas se fueron repitiendo y que el juicio a los propietarios del hostal terminó con la pena de 540 días de reclusión menor por su responsabilidad como autores en el cuasidelito de homicidio en las personas de Esteban Omar Torales, Jorgelina Andrea Díaz, Franco Esteban Torales, Facundo Sebastián Torales, Peter Konig, María Katharina Konig, Phillipe Bayer, Jennifer Kussel, Emily Charlotte Longworth y Lauren Kipic ocurrido el 3 de febrero de 2007. A ambos se le concedió el beneficio de cumplir la pena en libertad.

Con respecto a las demandas civiles de indemnización de perjuicios interpuesta por los demandantes Juan Esteban Torales y María Silvia Huaiquil Igor, y por Hans Heinrich Bayer y Christhoper Pierre Bayer, se condenó solidariamente al pago $80 millones y $30 millones (pesos chilenos) respectivamente.

“Pero el dinero que dispuso la justicia no les devuelve la vida de ninguna de las personas que allí fallecieron, el dolor después de tanto tiempo no va a cesar. En distintas partes del mundo hay familias que hoy 3 de febrero recuerda a sus seres queridos. Mientras tanto en Punta Arenas se sigue publicitando al otro Hostal Blue House, recordemos que eran dos los que los propietarios tenían. Esta, quizás, no era la justicia por la que tanto lucharon las familias, pero pueden estar tranquilos que lucharon incansablemente porque este hecho no quede impune y si bien la condena no era la esperada los Díaz-Torales deben saber bien que Jorgelina, Esteban y los pequeños los miran desde arriba orgullosos de sus padres y abuelos”, señala la publicación santacruceña.

El periodista argentino enfatiza que la muerte de la joven pareja conmocionó a la población de la capital santacruceña, donde Torales había trabajado en el vivero municipal y en ese entonces se desempeñaba en la actividad petrolera, y por un viaje que había tenido como objetivo el que Jorgelina se realizara una ecografía en 3D (tridimensional) para ver a los gemelos que venían en camino.

“Todas las víctimas murieron por asfixia al inhalar monóxido de carbono cuando dormían, mientras otros 11 turistas lograron escapar con vida. El 5 de febrero arribaron a Río Gallegos dos aviones de la Fuerza Aérea de Chile transportando los restos.

Los dos aviones Twin Otter matrículas 933 y 949 aterrizaron cerca de las 15,15 horas y quedaron estacionados en la plataforma civil del aeropuerto internacional de esta ciudad. Cerca de 50 personas, entre familiares y amigos de las víctimas fatales, fueron a recibir los restos mortales entre llantos desgarradores de dolor e impotencia.

Duros momentos de tensión se vivieron cuando comenzaron a desembarcar los féretros de la familia riogalleguense de los aviones para depositarlos en las respectivas ambulancias para llevarlos a la sala de sepelio.

En uno de los aviones se hallaban los féretros del padre junto al de uno de los chicos, mientras que en el otro la madre con el chiquito restante. La Fuerza Aérea chilena dispuso de dos aviones en los que además viajaron los padres de Jorgelina y de Esteban (el matrimonio)”, se señala.

Los turistas que murieron se encontraban durmiendo cuando estalló el fuego, que de acuerdo con los peritajes se debió a una falla eléctrica, mientras otro grupo de personas alojadas en el lugar, compuesto por chilenos, holandeses e israelitas, logró salir del hotel en medio de la confusión del humo y del fuego.