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Tanto aun por enseñar, y tanto por aprender

Por Juan Francisco Miranda Jueves 18 de Febrero del 2021

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En estas semanas hemos visto el desarrollo del plan de vacunación del Ministerio de Salud, y lo exitosa que ha sido la negociación del gobierno con los proveedores de vacunas para el Covid-19, lo que ha sido reconocido tanto en nuestro país como en el extranjero. Esto hace que Chile tenga contratos que garantizan que nos podamos vacunar todos en un breve plazo en comparación con otros países de la región. No obstante, cuando todo parece mejorar, no falta el ministro que se sale de libreto o lo traicionan sus sentimientos, como lo fue con Allamand, quien torpemente echó a perder la mejor semana del gobierno en mucho tiempo.

En estas semanas hemos visto como los noticieros y programas de televisión mostraron a los chilenos de más edad, a quienes les debemos tanto, dando cátedra de lo que significa responsabilidad cívica y comunitaria. Al igual que cuando hay elecciones, con la mayor solemnidad y puntualidad concurrieron masivamente a vacunarse siguiendo el calendario impuesto por el Minsal.

Ellos que han vivido gran parte de sus vidas en un siglo como el XX, que fue cambiando hábitos, costumbres, la geografía y el paisaje de sus ciudades. Ellos que se crecieron con el miedo a la bomba nuclear y a la tercera guerra mundial, que pasaron del cable al teléfono celular, de la máquina de escribir a los tablets pasando por computadores portátiles. Son los mismos que tuvieron que adaptarse con dolor a un sistema cruel que hace rascarse con las propias uñas.

Estos chilenos y chilenas que se han bancado crisis políticas y dictaduras, y crisis económicas como la de la década de los ‘80, y otras menos dolorosas pero crisis al fin como la asiática (1998-1999) y subprime (2009), nos siguen mostrando que la única manera de salir de las crisis es con sentido de comunidad, y responsabilidad. Fueron forjados con el rigor de tiempos turbulentos y menos cómodos, donde lo que se daña se arregla y no se desecha, donde el ser parte de una sociedad exige un mínimo de deberes. Estas personas, con silenciosa humildad son los que a la hora de colaborar lo hacen en sigilo, los que a la hora de la angustia y desesperación parecen contemplativos, pues lo que nosotros llamamos crisis, para ellos son sólo malos tiempos que pronto pasarán. Quizás hoy más viejos y más maduros, son la escuela para nietos, y bisnietos, que aunque no sepan enviar un email, utilizar un celular y redes sociales, están más conectados con lo esencial para vivir, como lo es la contemplación, el respeto al prójimo, la serenidad de quien no necesita demostrar nada a nadie, y la esperanza de que no hay nada más importante que la vida aunque se vaya atardeciendo la vista de sus ojos.

Estos chilenos y chilenas nos han dado una vez un ejemplo a quienes tenemos menos años, pues sin dudar acudieron a vacunarse para enfrentar con menos riesgos sus días, y para no afectar a otros, en una pandemia que tiene como aliado al individualismo.

Los meses que vienen demostrarán que los más responsables han sido ellos, los que menos han salido de sus casas, los que han estado más encerrados, y probablemente con más ganas de abrazar a sus hijos e hijas, nietos y nietas,  y seres queridos. También veremos cómo los mismos incrédulos que organizan fiestas en cuarentena se negarán a vacunarse.

Sigo sorprendiéndome cada vez más de las generaciones de más edad, pues son probablemente la generación que ha tenido más carencias como sociedad, forjados por el rigor, siguen dándolo todo, con ejemplos simples y maravillosos que muestran lo mejor del ser humano, que es su humanidad y solidaridad. Debemos seguir atesorando cada clase que nos dan, porque, aunque hoy hay más acceso al conocimiento, se sabe menos, y se valora menos a los maestros o guías de vida. En esto, los pueblos orientales la tienen clara, el tesoro vivo de la humanidad son sus adultos mayores.