Necrológicas

La potencialidad de lo supuesto inútil

Por Alfredo Soto Martes 23 de Febrero del 2021

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Hace unos días que realicé un viaje maravilloso a Tierra del Fuego junto a mi hijo menor Pedro y que gusta también de estas aventuras a través de todo lo que nos ofrece nuestra región y sus escenarios naturales maravillosos y espectaculares. Ocupando mis derechos vacacionales en pandemia, emprendimos este viaje cruzando en primer lugar el estrecho de Magallanes. Mi hijo de 14 años, una esponja para entender mejor y recepcionar con actitud comprensiva de lo que significa cruzar este canal y que su primer nombre fue Canal de todos los Santos, alusivo a la fecha del 1 de noviembre que calza con la efeméride de esta fiesta religiosa, al mismo tiempo sabiendo de la importancia que tuvo en su pasado, la que tiene en su presente y la que tendrá en su futuro prometedor.

Soy un convencido que este tipo de viajes familiares debe tener un componente de formación y de conocimiento lo más abundante que se pueda.

Hoy día los medios nos permiten llegar a estas informaciones de todo, cómo se formó nuestra región, cómo evolucionó a través del tiempo con episodios de los que no debiéramos sentirnos tan orgulloso, pero sí con la delicadeza de asumir que somos y vivimos en este esplendoroso territorio que nos dejaron etnias pasadas que ya no circulan por sus pampas y montañas.

En estos trayectos largos siempre estamos sujetos a las circunstancias mismas del viaje, como así también imprimir en el avance que son largas distancias, empeñarse en tertulias dirigidas a que un joven pueda entender mejor su propio territorio, comprenderlo y así mismo quererlo como suyo y que en el futuro se encargue en su misión de proyección personal a expandir este conocimiento en los suyos el día de mañana.

Algo así fue ante la pregunta de Pedro al saber de nuestro objetivo de ir hasta donde se pueda en el proyectado camino Vicuña – Yendegaia y me dice: “¿Cuál es el afán de ir a ver un camino que aún no se termina y que está tan lejos?”. Mi respuesta fue dirigida a que conozca y que se sienta uno de los primeros en recorrerlo y que el día de mañana, siendo adulto, se dé la misión de recorrerlo ya terminado el camino y con sus hijos. Mi respuesta le pareció generosa y muy hereditaria porque me mira y se sonríe… Es así como se plasman legados y vaticinios que conducen vidas posteriores.

En fin, continuamos nuestro trayecto tomando precauciones de proporcionarnos todos los elementos que nos permitan estar seguros en un retorno sin dificultades, entre ellas, comida, combustible, habitabilidad (carpa y sus elementos), luz, herramientas de seguridad y agua. La primera impresión y bordeando la bahía Inútil fue que le llama la atención el nombre, pareciéndole “inútil” tan curioso. En un alto en el trayecto y en un lugar elevado, le explico lo inútil que fue para Hernando de Magallanes que desde la boca de la bahía se podría apreciar lo profundo hacia el horizonte por su grandeza que cualquier navegante podría imaginarse que existía allí un paso similar al del estrecho de donde nacía. Siguiendo tal curso los navegantes se dan cuenta que van dando vueltas en semicírculo y llegan nuevamente adonde iniciaron esta travesía, lo que les dio la impresión de lo INUTIL que fue realizar tal exploración. Por lo tanto y en cuanto a la motivación permanente de asumir estas grandes distancias, esperábamos que el viaje no se lo
inútil que fue para los navegantes.

Finalmente y en esta primera parte de nuestro trayecto nos detenemos en esas grandes rocas como caídas del cielo, sin tener montañas de donde provengan y muy relucientes por su tamaño y color entreveradas entre matorrales de Mata Negra y Calafates. Algo que no pasa desapercibido, nos acercamos a ellas, enormes y algunas en sus estructuras equilibradas como si fueron cortadas con un mágico cuchillo, algunas difíciles de abordar, porque la primera inclinación de Pedro es subirse a ellas. Y espero pacientemente su pregunta: “¿Cómo llegaron acá? ¿Quién las trajo?”. Y comienza la clase en la aula natural, las rocas erráticas, una manifestación viva del tiempo pasado de nuestra región y le comento que aún quedan grandes extensiones de las mismas, pero muy retiradas y cercanas a altas montañas como son los glaciares. Estas rocas fueron transportadas por grandes glaciares que cubrieron en antaño nuestra región y depositadas allí en donde se encuentran cuando ya el glaciar se debilitó.

“¿Y el glaciar adónde se fue?”, me pregunta. Desde estas mismas rocas nuevamente vemos la bahía Inútil y mi respuesta es: “Allí está, se convirtió en la BAHIA INUTIL”. O sea, tan inútil no fue porque moldeó lo que hoy vemos en nuestro territorio fueguino del cual debemos sentirnos muy orgulloso y hacer los esfuerzos en decisiones estratégicas y políticas  que permitan que esta parte del mundo pueda desarrollarse de todos sus potencialidades que son apetecidas por el mundo científico, turístico y económico.