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Hijos de Rosita Glusevic Dragnic durante su sepelio en Parque Punta Arenas: “Nuestra madre ejerció un liderazgo fuerte y nos enseñó a actuar siempre en forma correcta”

Domingo 28 de Febrero del 2021

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“Nuestra madre ejerció un liderazgo fuerte y nos enseñó siempre a actuar en forma correcta y a ser generosos”. “Ella no quería riquezas. Cuando formó su familia y nosotros entramos a la universidad, ella dejó de trabajar y se dedicó a ayudar a las demás personas y, en especial, a reunir fondos para levantar el Santuario de San Sebastián”.

De esta forma, los hijos de Rosita Glusevic Dragnic resaltaron algunas de las virtudes de su fallecida madre, al dirigir unas últimas palabras durante el sepelio de sus restos, en el Parque Punta Arenas.

Alejandro, Boris y Francisco Javier Kusanovic Glusevic compartieron emotivos recuerdos. Alejandro, presidente de la CPC Magallanes, recordó la férrea formación que les dio y su empeño por enseñarles que debían siempre actuar en forma correcta y, a la vez, ser caritativos con quienes lo necesitan. Francisco Javier resaltó que era una mujer alegre y que cuando se proponía algo lo lograba, tal y como lo hizo en su infatigable esfuerzo por reunir fondos para levantar el Santuario de San Sebastián. “Nos vivía entregando una lista de rifa a cada uno para venderla”, comentó con simpatía.

Rosita Glusevic Dragnic falleció la noche del jueves en Santiago, ciudad en la cual se encontraba tratándose de una enfermedad. Sus restos llegaron ayer a Punta Arenas.

Durante sus 84 años dejó huellas imborrables en su familia, amigos y en la comunidad, lo cual se vio reflejado en la gran cantidad de personas que llegó hasta el Santuario de San Sebastián para participar en el responso que ofició el obispo Bernardo Bastres, pese a todas las restricciones que había producto de la pandemia.

En él, Bastres refirió las palabras de San Agustín, quien dijo que no se debía juzgar a Dios ni entristecerse por la pérdida de un ser querido, sino, más bien, agradecer por todo el tiempo que pudimos vivir con él.

Luego, el cortejo se dirigió hasta la parroquia del barrio San Miguel, donde vecinos del sector y amigos también saludaron a Rosita en su último paso por las calles que la vieron formar, junto a su esposo Javier Kusanovic, su familia y vivir hasta sus últimos días. Las campanas de la iglesia doblaron por el alma de tan generosa feligresa.

Ya, en el cementerio Parque Punta Arenas, se procedió al sepelio. Su hijo Boris fue más escueto que sus hermanos, pero dijo en forma rotunda: “Fue una buena persona y, para mí, es un ejemplo de mujer”.