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Cuidados comunitarios en salud y su tardía puesta en marcha

Por Dr. Ramón Lobos Miércoles 10 de Marzo del 2021

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Los efectos de la pandemia a nivel nacional y local son aún imposibles de poder definir o acotar en un análisis único. Es uno de esos problemas que afectan muchas variables, no sólo en lo personal o familiar, sino en lo comunitario y social.
Lo que está más claro es la pérdida de fuentes de trabajo, evidenciando además la precariedad de muchos de los denominados empleos informales y la gran afectación de las mujeres que han debido asumir el cuidado como tarea principal, no sólo de los niños y adolescentes en sus casas, en un año escolar mayoritariamente virtual o con tareas por guías para aquellos con menos posibilidades

También un número importante de mujeres ha debido asumir el cuidado de familiares envejecidos que han visto limitadas sus capacidades por efectos del confinamiento, cuarentena o simplemente el miedo que les significa salir de casa y enfermar.

No sólo han sido los padres o abuelos los afectados en las familias. El hecho que nuestra sociedad vaya envejeciendo muestra que hay más mayores que familiares disponibles (y dispuestos) a atenderlos. Por lo cual, quienes asumen estas tareas siempre terminan colapsando, porque no tienen un punto final. A diferencia de los niños y adolescentes que van ganando autonomía e independencia; para quienes atienden, cuidan o velan por los mayores el camino es hacia la progresiva y mayor demanda de cuidados. Todas las labores preventivas y de apoyo van retardando el proceso, pero nada lo detiene y menos aún lo revierte.

Con el envejecimiento cada uno de nosotros va requiriendo de diversas ayudas para un mejor y más completo desempeño en la vida. Al principio son las ayudas técnicas que lo van permitiendo: lentes, prótesis dentales, audífonos, bastones, andadores, sillas de ruedas y más. Tarea asumida por el Estado y que en términos funcionales han sido de relativo acceso y disponibilidad para la población en los últimos 15 años, a partir de la garantía Ges fundamentalmente.

Pero, cuando se debe avanzar en cuidados más específicos y permanentes, no se ha progresado en lo que hoy se llaman “Cuidados comunitarios en salud”, que son un pilar potente en apoyar a aquellos adultos mayores que requieren cuidados profesionalizados y específicos; también a personas de menos edad con dependencia a tales cuidados y personas en situación de discapacidad.

Esta estrategia, que responde a la red de salud comunitaria, complementa la labor de la Atención primaria en salud (APS) y permite además “profesionalizar” los cuidados, que actualmente se realizan informalmente, sin la preparación adecuada, lo que conlleva una carga negativa para quien los realiza por el cuestionamiento a si tales tareas se desarrollan adecuadamente. Requieren una permanente supervisión de equipos profesionales; que normalmente no dan abasto a tanta necesidad.

Son estrategias comunitarias justamente porque dan cuenta de un territorio o localidad: pilar fundamental de la APS, y cuyo rol es atender a una población que conoce, claramente diferenciada de las políticas centralistas y dirigidas desde escritorios que no conocen las realidades del Chile que vivimos con tantas diferencias y particularidades.

Este sistema profesionalizado debe ser necesariamente remunerado, lo que permite aliviar la carga que para muchas mujeres significa dejar empleos que sostienen familias, por cuidar a sus mayores.

Permite que otras mujeres salgan al mundo del trabajo sin el estigma de abandonar a sus parientes. Pero también orienta y direcciona la atención en salud de muchos mayores.

El peso de la atención de los adultos mayores con algún grado de dependencia lo lleva inexorablemente salud; sobrecargando los sistemas de atención ambulatoria y fundamentalmente hospitalaria. Todos los funcionarios al momento de planificar un cuidado complejo buscan la misma solución: hospitalizar.

Lo reiteramos, los hospitales son excelentes lugares para resolver problemáticas de salud aguda de los mayores. Cuando son cuidados complejos o mantenidos y el foco es la rehabilitación o la habilitación de los mayores, no son la respuesta. De allí que poder contar con cuidados profesionalizados en el domicilio, más el apoyo de equipos multidisciplinarios de Hospitalización Domiciliaria y/o APS son fundamentales para un nuevo estándar de atención.

Hoy la pandemia nos ofrece oportunidades de planificación y desarrollo territorial; descentralizado, local y con trabajo intersectorial. Un desafío que los constituyentes deberán avalar para que sea el pilar de la respuesta a nuestros mayores en la nueva Constitución. Pero que debe implementarse localmente desde ya con la gestión municipal y las nuevas autoridades.

De allí la importancia de elegir no sólo a quienes parezcan buenas personas o nos sean afines, sino reconocer estilos de liderazgo participativos, empoderados y que den cabida a la participación y acción de los agentes comunitarios, que sean facilitadores y convocadores al trabajo y no sean estrellas que brillan solitariamente, pero que queman a todos los que se le acercan o trabajan con ellos o ellas.

El destino de los mayores en el territorio de Magallanes está en juego en un mes más.
No los podemos defraudar o abandonar por voladeros de luces.