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Un año de pandemia, un año de aprendizajes

Por Eduardo Pino Viernes 19 de Marzo del 2021

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Ya pasó un año desde que se registró el primer caso de coronavirus en nuestra región. Probablemente ha sido el año más largo en la percepción de los más jóvenes, aunque para muchos de los que ya tenemos varias décadas en el cuerpo, la dinámica mental acerca del transcurso del tiempo cada vez pareciera más rápida. Un año inédito que difícilmente se anunció respecto a sus alcances, pues lejos de invitar al cambio nos obligó, tanto personal como socialmente, a desplegar una serie de recursos que requirieron de nuestra energía, creatividad, paciencia y tolerancia. Algunas de esas adaptaciones las logramos de forma adecuada, otras aún nos cuestan y requieren mayor dedicación, pero sobre todo, flexibilidad para aceptar que no todo puede salir a “nuestra pinta” o como lo hacíamos antes que el planeta cambiara.

A la fecha se registran 22.600 contagiados y más de 300 fallecidos. Es difícil que alguien que esté leyendo estas líneas no se encuentre relacionado con una persona que se haya contagiado, en algunos casos de gravedad, o incluso haber experimentado sintomatología en diversos niveles de compromiso. Punto aparte es el dolor de aquellos que han perdido a un ser querido, pues la evaluación de la situación contrasta dramáticamente cuando la desgracia golpea a nuestra puerta.

Cuando se analiza el transcurso de la vida, nos vamos dando cuenta que no existen fórmulas mágicas ni únicas para evitar momentos difíciles y dolorosos, más bien la clave está en el aprendizaje que vamos adquiriendo de nuestras experiencias para hacer nuestra vida y la de los demás más grata e ir dándole sentido. Este fenómeno sanitario ha sido un laboratorio único para observar el funcionamiento de quienes nos rodean, desde los más cercanos hasta comunidades enteras, incluidos nosotros mismos. Varios autores e investigadores expresan que las reacciones más genuinas de las personas afloran en situaciones de crisis y conflictos, donde resulta muy difícil maquillar las falencias de base en dinámicas de personalidad disfuncionales. Por eso es que este año hemos observado a héroes y a villanos, a sabios y a ignorantes. Y uno de los factores comunes que diferencia a estos verdaderos arquetipos de carne y hueso, es que los primeros han logrado integrar su rol en la sociedad equilibrando con armonía sus propias necesidades respecto a las que presentan los demás; mientras que a los segundos les ha resultado difícil conciliar su egoísmo al priorizar satisfacer sus impulsos y necesidades por sobre el bien común. Por eso podemos encontrar héroes que no requieren pelear con nadie, a villanos que vociferan velar por el bienestar de los demás, a sabios que no ostentan títulos académicos y a ignorantes que están convencidos de sabérselas todas.

Un algoritmo muy sencillo es: acérquese, nútrase y aprenda de los héroes y los sabios; aléjese, no alimente ni potencie a los villanos e ignorantes; porque curiosamente estos últimos buscan y requieren de la atención de los demás, de ahí que estén provocando constantemente. Ejemplos abundan a nuestro alrededor y es decisión de cada uno de nosotros elegir a qué grupo pertenecer. La mayoría de nosotros evidenciará tanto aspectos positivos como negativos de acuerdo a nuestra naturaleza humana, pero fomentar en nuestro interior las fortalezas de armonía intra e interpersonal debe ser asumida como una tarea activa que si bien puede costar, traerá como consecuencia satisfacciones que recordaremos toda la vida. Por eso, cuando ya podemos evaluar un año de pandemia, el ejercicio introspectivo se vuelve indispensable para seguir proyectando un futuro que si bien sigue incierto, nos ofrece oportunidades de cambio y aprendizaje insospechadas.