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La lira de Nerón

Por Marcos Buvinic Domingo 25 de Abril del 2021

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La lira es un instrumento musical de cuerdas, que antiguamente era muy popular entre los griegos y, luego, entre los romanos. Cuentan que durante el gran incendio que arrasó con Roma, en el año 64, mientras la ciudad ardía por sus cuatro lados, el emperador Nerón -a buen recaudo, por cierto, en sus palacios- tocaba la lira y cantaba, mientras contemplaba el espectáculo de la devastación. Según otras crónicas de época, Nerón ni siquiera se encontraba en Roma durante el incendio.

Sea verdad o leyenda, el cuadro de Nerón tocando la lira durante el incendio de Roma es una escena que quedó fijada en el imaginario colectivo a partir de película “¿Quo Vadis?” (1951), con la genial actuación de Peter Ustinov interpretando a Nerón. Es el símbolo de la irresponsabilidad en medio de una emergencia, la imagen de la insolidaridad que puede llegar a un sadismo grotesco, ignorando el sufrimiento del pueblo y dándose un “gustito” de tocar la lira y cantar mientras la tragedia cae sobre la ciudad.

Al ver lo que sucede en nuestro país, pareciera que la lira de Nerón vuelve a sonar en diversas actitudes y prácticas de grupos que actúan irresponsablemente y dándose “gustitos” en medio de la emergencia. Seguramente, inmediatamente a usted se le vinieron a la mente los porfiados irresponsables que siguen dándose el “gustito” de hacer fiestas (“masivos”, los llaman ahora) en medio de la pandemia, o trabajando o haciendo trabajar a otros sin respetar las medidas sanitarias. Sí, pero parece que son varios otros los grupos de irresponsables que se dan “gustitos” en medio de la emergencia.

Ahí están, por ejemplo, la mayoría de los parlamentarios -de todos los colores- y sus partidos que se comportan como malabaristas dispuestos a cualquier pirueta que les permita atraer la atención y el favor de los votantes en las próximas elecciones, o los que dedican el tiempo para el que la ciudadanía los eligió -y les paga- dándose el “gustito” de interminables debates y acusaciones mutuas, sean constitucionales, éticas, o picantes. Quizás, puede ser que esos debates y acusaciones sean importantes -como podía ser el sonido de la lira y el canto de Nerón-, pero, no es el momento de hacerlo durante la emergencia. Hace unos días, un amigo versado en historia me decía que el modo de comportarse de la fronda política -“hojarasca” la llamaba él, porque dan el ancho para ser fronda, decía- le recordaba los irresponsables comportamientos de los políticos en el período previo a la guerra civil entre chilenos en 1891.   

La música neroniana suena detrás de los que se olvidan de aquellos que no cumplen los requisitos para los diversos bonos y beneficios, y siguen esperando en angustia creciente. Es la misma música que se siente en el tema de las pensiones, porque mientras se procede, ante la emergencia, al retiro de fondos de pensiones, no se escucha ninguna propuesta acerca de qué pasará con los actuales pensionados si el sistema se queda sin caja para pagar las pensiones; tampoco se escucha ninguna propuesta seria acerca de qué sucederá con los ya cuatro millones de personas que se quedaron sin fondos de pensiones.

También parece sonar la lira de Nerón en mucha gente de los sectores con más dinero que, bien protegidos en los condominios de sus barrios limpios y ordenados, se olvidaron del estallido social y no advierten que un nuevo estallido puede estar muy próximo. La misma música neroniana se siente en las palabras y actitudes de los intolerantes que, en nombre de la tolerancia, se dan el “gustito” de descalificar y acallar a los que buscan diálogos y consensos.

Mientras suena la lira de Nerón, en mucha gente parece cundir la sensación de que “alguien tiene que hacer algo” para que todo esto no termine mal, pero no se ve dónde están los liderazgos sociales y políticos con propuestas que podrían aunar voluntades y ayudar a que todos hagamos algo. Mientras tanto, todos podemos hacer algo en nuestro entorno cercano, familiar, laboral y vecinal: dialogar sobre la situación que atravesamos, sabernos responsables unos de otros y que en esta emergencia nadie se salva solo, hacer ejercicios concretos de solidaridad y cultivar la esperanza, porque la ciudad de Roma se reconstruyó hermosamente luego del incendio provocado por vándalos irresponsables.