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Mirando P’al lado

Por Marcos Buvinic Domingo 2 de Mayo del 2021

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Quizás algo en lo que todas las personas podemos estar de acuerdo es que estamos viviendo tiempos muy difíciles, complejos y delicados. Tiempos que requieren de buen juicio para entender lo que pasa y de mucha prudencia en todo lo que hacemos, tanto personal como colectivamente, en el plano sanitario, político, económico, laboral y familiar.

Este año el Día del Trabajo lo conmemoramos en medio de situaciones laborales marcadas por la incertidumbre de lo que vendrá. También, dentro de dos semanas -si la pandemia lo permite- tendremos elecciones de diversas autoridades locales junto con una de las elecciones más importantes en una democracia: elegir a quienes tendrán el encargo de redactar la nueva Constitución del país. Todo esto sucede en medio de la efervescencia con que unos festejan la derrota del gobierno en el tercer retiro de fondos previsionales y, por su parte, el gobierno parece no acertar en qué pasos dar.

Quisiera invitarlos a que miremos “p’al lado”. Todos sabemos que esta expresión tiene varios significados, desde el desentenderse de lo que sucede hasta la búsqueda de alternativas en algún asunto, desde coqueteos -inocentes o no tanto- en las relaciones amorosas hasta, simplemente, mirar hacia otro punto geográfico.

En este último sentido, quiero invitarlos a mirar hacia el este; es decir, mirar hacia Argentina. Para los nortinos (de Puerto Montt hacia el norte) puede resultar un ejercicio complejo, porque la vista de ellos choca con la cordillera, pero acá, en la Patagonia, no es la cordillera la que nos separa de Argentina, sino un simple alambre que recorre la pampa. En la Patagonia tenemos un contacto cercano, habitual y fluido con los argentinos, y como acá tenemos la cordillera al oeste y estamos al mismo lado de la cordillera que los argentinos, ellos para nosotros no son “transandinos”. Esto resulta difícil de entender para los nortinos, en especial para los santiaguinos y su insoportable centralismo, pero de eso hablaremos en otra ocasión.

En estos tiempos difíciles y delicados, miremos “p’al lado”, y veamos qué ha sucedido en Argentina, en qué situación se encuentra ese país grande, lleno de riquezas naturales y de gente emprendedora, que fue tan próspero como para ser considerado en el siglo pasado entre los países más ricos del mundo.

Desde hace unas décadas, los argentinos viven en una crisis interminable y global, que ahora ha sido agravada por el coronavirus y las dificultades del estado para enfrentar la emergencia sanitaria dando un mínimo de seguridad a la población. Tienen una recesión económica permanente, una alta tasa de inflación, una de las monedas más devaluadas y son uno de los mayores deudores del Fondo Monetario Internacional, con una deuda que les resulta impagable y con muy poco acceso a los mercados de crédito internacional. Esos datos económicos se traducen en la pobreza de mucha gente, en el deterioro de la infraestructura del país, en una crisis de confianza generalizada y en la ausencia de horizontes. Es una situación de pobreza y sufrimiento que se profundiza con la pandemia.

Lo que ha sucedido en las últimas décadas en Argentina no es la fatalidad de un destino funesto, y no es un secreto para nadie que tras esta situación hay una serie de malas decisiones, una polarización política gestionada por políticos y autoridades corruptas, de manera que cada gobierno culpa al anterior y le traspasa la crisis al gobierno siguiente.

No se trata, de ninguna manera, de renegar de la necesaria gestión política y de las virtudes de la democracia, ¡todo lo contrario!. Se trata que mirando “p’al lado” sepamos buscar una buena política, un crecimiento en participación y responsabilidad democrática, y exigir a los que se dedican a la conducción de la vida de la sociedad y del aparato del estado que sean políticos responsables, prudentes y honestos. ¿Acaso es mucho pedir?

También se trata que en las próximas elecciones cada uno de nosotros piense muy bien a quién va a dar el voto, concediéndole así el poder de la autoridad en la gestión de la sociedad y en la elaboración de la nueva Constitución. Se trata de no caer en la trampa de la polarización ni en los populismos de los corruptos y sus camarillas, que son como lobos vestidos con piel de ovejas, que sólo vienen a aprovecharse, a saquear y destruir. Se trata, en una palabra, que todos seamos ciudadanos responsables, que actuando con buen juicio y prudencia, y mirando “p’al lado”, aprendamos a cuidar el país que tenemos. ¿Es mucho pedir?