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Algunos recuerdos del “Barrio Prat” (6ª Parte).

Por Marino Muñoz Aguero Domingo 27 de Junio del 2021

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En cuanto a la geografía humana, el sector sigue en alguna medida la constante que se aprecia en los otros barrios antiguos de la ciudad, la predominancia del ancestro chilote (Cárcamo, Barría, Agüero, Cárdenas, Bahamóndez, Díaz) y su amalgama con las otras estirpes que llegaron por estos lados, especialmente las de ascendencia yugoeslava, de los cuales hay muchos entre los primeros habitantes del barrio (Kusanovic, Mihovilovich, Drpic, Pletikosic, Mergudic, Vukasovic, y tantos otros). Ello tuvo influencia en las costumbres y hasta en la arquitectura del sector como ya lo señaláramos. En lo personal, recuerdo que muchas veces a la hora de la once en las fiestas familiares, podíamos disfrutar al mismo tiempo de milcaos, prsuratas, chapaleles y hrstulas (como buenos “yugolotes” y a mucha honra, lo decimos). Podríamos afirmar que, en general, se trata de un sector donde históricamente ha predominado el segmento trabajador de la población, obreros y empleados de preferencia.

Personajes del barrio; muchos, es innumerable la cantidad de figuras: profesionales destacados, actores de la cultura, la música, la educación o el deporte que enorgullecen al sector, mencionar a algunos genera el riesgo de olvidar a otros; serán -esperamos- investigadores más acuciosos quienes se den a esta tarea. Sin embargo, no podemos obviar a los denominados “personajes populares”, aquellos o aquellas que se han quedado para siempre en el corazón de los “pratinos”; como por ejemplo: “La Peta”, “La Muñeca”, “El Chute”, “Panda” o los “brujos” y “brujas” que se dice aparecen, de tanto en tanto, por el puente de la calle Zenteno, o se escondían en los agujeros del cerro que había del otro lado del río (“no creo en brujos Garay, pero de que los hay, los hay…”). El puente era de madera y, por supuesto, crujía y si a ello agregamos la deficiencia en el alumbrado público, cualquier ruido en el silencio de una tarde de invierno hacía temblar al más valiente.

El puente y la calle Zenteno en toda su extensión, eran además una suerte de “aduana” o “línea fronteriza”, hasta ahí no más llegaban -nos cuentan- los osados “afuerinos” que pololeaban con alguna muchacha del sector (estamos hablando de los tiempos, en que se decía que había que “tener carnet” para entrar al barrio, no cualquiera podía pasar, señala la leyenda).

Al menos en nuestra memoria, imaginación y apreciación personal, el barrio de la década de 1960 tenía como límite sur el río de las Minas hasta la calle Zenteno, luego Sarmiento hasta la Avenida España vereda playa (avenida que aún no estaba conectada en su totalidad) y de ahí, Angamos hacia el poniente, Señoret hacia el norte hasta Rómulo Correa, por donde nuevamente nos dirigimos al poniente y, a continuación, Videla hacia el sur, hasta el río de las Minas.

Estamos ciertos que no nos hemos circunscrito a los límites precisos del barrio, sino al concepto de área de influencia, derivada de la actividad propia del sector, como por ejemplo, su estrecha relación con el antiguo “Barrio Centenario”, con la plaza y el “Teatro Prat” (actual Séptima Compañía de Bomberos) incluidas o el vínculo con el “Barrio Matadero”, denominado de esa forma en alusión al Matadero Municipal (otrora ubicado en calle Ovejero a la altura de la Avenida España, antes que abrieran esta vía). Muchos de los trabajadores del matadero vivían en el Barrio Prat, lo cual posibilitaba el acceso de sus habitantes a los sub productos del faenamiento, en una suerte de circuito paralelo de comercialización.

Son los recuerdos de nuestro querido barrio que hoy envejece y eso es inevitable, las calles de tierra que conocimos, esas por donde pasaban los carretones del pan y de la leche y los camiones con el carbón y la leña, son ahora de pavimento, pero languidecen a pesar de la modernidad.

Continuará…