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Mateo Martinich Martinich

Por Juan Francisco Miranda Jueves 15 de Julio del 2021

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Hace unos días partió un gran amigo, maestro y camarada. En él puedo ver a muchos padres, abuelos, y ciudadanos a quienes Chile les debe mucho de lo que somos. La partida de un ser querido siempre es triste para la familia, y para sus amigos, y también porqué no decirlo a quienes, sin profundizar un lazo, el respeto por una persona íntegra les genera también un sentimiento de pesar.

Don Mateo Martinich Martinich fue una de esas personas que militó en el humanismo cristiano desde muy joven, pues para aquellos jóvenes de entonces, el verbo de Cristo no se podía entender sin dar la lucha por un mundo mejor, con acción, con justicia social, libertad y amor por el prójimo. Por ello, Mateo junto a otras y otros insignes magallánicos comprendió que era fundamental fundar un partido reuniendo a socialcristianos y falangistas, la base para un partido cuyo símbolo apunta hacia el cielo, y que debe superar las contradicciones internas y externas de todo ser humano. La flecha roja de la bandera azul lo acompañó durante toda su vida.

Mateo, fue un gran padre y un gran esposo. Quienes conocemos a su hermosa familia lo sabemos. A nuestra querida Estrella, y a sus hijas Isabel, Magdalena y Estrella vayan las condolencias y el agradecimiento por haber compartido con muchos de sus camaradas de partido el amor a su Padre y hacernos sentir parte también de su familia.

Para los DC de Magallanes, Mateo fue uno de nuestros padres fundadores. Fue un gran camarada, un gran inspirador, y para muchos un gran abuelo dentro del partido. De esos que muchas veces llama a su familia para que dejen atrás sus conflictos, y no nos olvidemos de las raíces que deben estar siempre arraigadas en el suelo para hacer florecer el cuerpo y alma. Su voz permanece en nuestros corazones al igual que sus ojos claros y brillantes, esos que se iluminan cuando habla el corazón. Mateo fue parte de esa generación que con temple y sacrificio pudo superar la adversidad con trabajo, respeto y responsabilidad.

Mateo, “el carpintero”, fue fuente de inspiración con su sencillez y claridad de pensamiento. Fue un profesional en su oficio y también un maestro. Estoy seguro que en muchas de nuestras casas existe más de un trabajo hecho con sus manos, y con la pasión de su alma. Pues Mateo siguió no sólo el oficio del carpintero de Judea, sino que también sus enseñanzas y la esperanza de una vida eterna.

En las horas difíciles de Chile, Mateo fue valiente como pocos. Con su inteligencia también supo luchar contra la injusticia y la dictadura. Son muchas las historias y anécdotas que vivió y nos compartió. Vi su rostro iluminarse cada vez que revivía la historia del Partido, recordando nombres y rostros de hombres y mujeres que dieron tanto, y que con el pasar de los años sólo recibieron anonimato.

Mateo fue de esas personas que dio muchas batallas, generalmente en silencio, con la certeza de que siempre lo acompañaba su maestro, y por lo tanto con humildad y generosidad vivió 96 años con la sonrisa en sus ojos.

Me permito escribir estas líneas, pues en un tiempo que ha sido complejo para todos, en donde forzadamente nos hemos dado el espacio y tiempo para liberar sentimientos, contemplar y valorar la vida, creo necesario agradecer a quienes nos han enseñado a mirar el futuro con optimismo y esperanza, pues con sus testimonios de vida en tiempos más complejos y duros supieron  aferrarse a la vida, luchar por un mundo más justo y menos desigual, y tener una vida buena. A todos y todas las personas que han perdido un ser querido mis condolencias y respeto. A quienes partieron como Mateo, el descanso y paz eterna.