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El nuevo Estado chileno

Por Carlos Contreras Martes 20 de Julio del 2021

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Los últimos hechos políticos que se han generado en nuestro país nos enfrentan a una serie de desafíos que tienen que ver con nuestra relación con el Estado, con la política y con el futuro. La nueva Constitución; los nuevos candidatos a la presidencia; la evidente independencia del electorado, de la ciudadanía, al momento de enfrentar las votaciones y el claro mensaje en relación con la crítica a los partidos políticos tradicionales se traduce en un escenario que ha derribado paradigmas y tradiciones que nos pueden conducir a distintos caminos y ninguno de ellos con garantía de un resultado o fin predeterminado.

En efecto, podemos ser optimistas y considerar que todas estas situaciones nos conducen a un estado de deliberación y decisión en la cual están excluidos los, tan vilipendiados, políticos tradicionales lo que asegura, en gran medida, que la Constitución y el nuevo gobierno se aleje de los privilegios de siempre reservados para los más poderosos y ello implique, necesariamente, una opción por la mayor parte de la ciudadanía que requiere una atención preferente que le permita asegurar derechos sociales básicos como salud, educación, previsión y vivienda. De esta forma, el alejamiento de los políticos tradicionales y su reemplazo por políticos nuevos, de nueva era, nos asegura que el sistema cambiará y que la labor del Estado y de los privados se inclinará por la atención de aquellos que han sido invisibilizados y están fuera, incluso del mercado y, por lo demás, tenemos señas claras que los antiguos guardianes de la política no están presentes ni en la Constituyente, ni al lado de los candidatos proclamados popularmente el fin de semana.

También podemos ser pesimistas y asumir que estas decisiones son un salto al vacío, pues no existe una trayectoria política que dé cuenta de quienes son, realmente, los nuevos actores en el ámbito presidencial, ni tampoco que exista claridad y experiencia para resolver la enorme tarea de una nueva Constitución por parte de quienes han sido elegidos popularmente y, al respecto también existen algunas señas en este sentido como por ejemplo las diversas materias y declaraciones que siendo relevantes no son propiamente de conocimiento de una Convención constituyente lo que desdibuja su instalación para la tarea que fueron elegidos, así como la natural duda de quienes serán los que acompañarán a las nuevas figuras presidenciables en un eventual gobiernos, si al final de cuentas, también tienen  fuertes lazos con el sistema político.

En fin, ambas situaciones son posible, pero la vida no es de blanco y negro, siempre tiene matices y creo que lo relevante es que en uno y otro ámbito, el presidencial y el constituyente, exista la convicción que debe emerger un nuevo Estado chileno, diverso, tolerante, cooperador y solidario en el cual confluyan los intereses privados y públicos para que unos obtengan las legítimas ganancias de sus emprendimientos y los otros cumplan con una exigencia humana de propender y realizar definitivamente el bien común y es aquí donde se constata la inmediata necesidad que efectivamente la generosidad sea el elemento común a unos y otros, pues esta tarea no es de un iluminado o elegido en el caso de los presidenciales, así como tampoco es de un solo grupo de opinión en la constituyente; se requerirán de muchas voluntades y acciones desinteresadas para concretarlo pues, si se quiere un país diverso no se puede excluir a nadie en términos concretos y no sólo como un deseo político de buena crianza y es por ello que espero, prontamente, se comiencen a manifestar estos gestos de tolerancia y generosidad que son necesarios para crear un nuevo Estado chileno.