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El gobierno que viene

Por Juan Francisco Miranda Jueves 12 de Agosto del 2021

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El próximo gobierno tendrá una tarea difícil, compleja, y desafiante. No hay dudas, que la mayoría de los chilenos y chilenas ya tiene un juicio respecto al gobierno de Sebastián Piñera. En tiempos políticos este gobierno ya terminó y sólo está administrando los días que le quedan. En noviembre se realizará la primera vuelta de la elección presidencial y en diciembre en caso de que ningún candidato o candidata supere el 50% se realizará la segunda vuelta.

Al manejo de la pandemia, con una población mayoritariamente vacunada, se le deberá seguir dando recursos, pues sigue habiendo incertidumbre ante variantes o nuevas olas de contagios. El nuevo gobierno, en materia de salud, deberá mantener las buenas medidas tomadas y mejorar las que abiertamente han generado efectos adversos al pensar que todo el territorio nacional es igual.

Por otro lado, a los efectos económicos en varios sectores productivos, y el aumento del desempleo, el próximo gobierno deberá actualizar su agenda laboral, pues qué duda cabe que se han producido cambios en el mercado laboral y en las relaciones laborales entre trabajadores y empresas. Aquí el tamaño de las empresas, su flexibilidad y/o adaptación  al cambio que se ha producido en el intercambio de bienes de consumo será una variable a considerar en cualquier ecuación de las políticas públicas pensadas para reactivar la economía. En esto, después de los lemas de campaña y consignas, aquí se necesita entrar a razonar, dialogar, y darle espacio al sentido común. El sentido de urgencia no resiste comisiones enormes y eternas para hacer diagnósticos que ya están hechos. Se necesita que la tecnocracia y burocracia se pongan de lado de la decisión política de fomentar el empleo, con buenas condiciones laborales y un sentido de la oportunidad, donde muchas veces la política no tiene la musculatura suficiente para hacer cambiar a los administradores del Estado que tienen adherido a sus almas el concepto de la focalización.

No será fácil para el nuevo gobierno enfrentar y hacer andar a un Estado que en materia de reactivación va varios pasos atrás del mercado. Se necesitará liderazgo no sólo para convocar, sino que para generar acuerdos de corto y mediano plazo, pues el país ha aumentado su nivel de endeudamiento (lo que no es un pecado per se), y requiere ideas y medidas para recuperar los recursos, que por cierto no se logran aumentando impuestos regresivos como el Iva.

Adicionalmente, el nuevo gobierno deberá contribuir a un final exitoso del proceso constituyente. En esto se necesita más apoyo que el que ha tenido la Convención Constituyente, que a falta de buenas condiciones para funcionar, la Universidad de Chile vino a salvar la improvisación de los responsables asignados por el gobierno para hacer andar el ejercicio más importante de las últimas décadas (sino de los cortos dos siglos de esta delgada y accidentada República).

El próximo gobierno será de transición. En esto los candidatos y candidatas deben ser precisos para poder contribuir a la paz social, que debe ir de la mano con señales concretas de justicia, transparencia y diálogo. La participación de la ciudadanía, el buen ejercicio de informar veraz y adecuadamente es fundamental. No hay espacio para más decepciones o frustraciones de autoridades e instituciones. Necesitamos más que nunca de gobernabilidad. Necesitamos más que nunca volver a confiar.

Hay candidaturas ya inscritas, y otras en proceso de inscripción. Pero también hay una consulta ciudadana en marcha el próximo sábado 21 de agosto entre Yasna Provoste (mi candidata), Paula Narváez, y Carlos Maldonado. Pueden participar todos quienes no militen en partidos políticos, y los militantes de los partidos de Unidad Constituyente. Participe, pues creo que el próximo gobierno tiene un desafío enorme, y por lo tanto es importante considerar que no da lo mismo quien puede contribuir a pasar de mejor manera tiempos complejos, donde además de lo expuesto, tenemos una emergencia climática que también debemos considerar, junto a una revolución tecnológica que avance vertiginosamente dejando muchos desempleos en cada paso que da.