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“Sweet Caroline” (Madre: “los buenos tiempos nunca parecieron tan buenos”)

Por Marino Muñoz Aguero Domingo 12 de Septiembre del 2021

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Escuchamos por primera vez al cantante y compositor estadounidense Neil Diamond (Brooklyn, 1941) en el invierno de 1974. En nuestra opinión, su canción más exitosa y más famosa es “Sweet Caroline”, con una introducción instrumental característica y un estribillo “pegajoso”, es la que más canta y celebra el público en los recitales, a tal punto que el artista debe repetirla en un mismo concierto. Además, es la más versionada; en ello baste citar a Elvis Presley, Frank Sinatra o la Orquesta de Bert Kaempfert.

Nosotros la conocimos a fines de 1974 en español por Julio Iglesias (“…que nos pasó, que fue de nuestros sueños, donde se ha ido nuestro amor…”) y siempre fue una de las canciones favoritas de mi mamá. Por Diamond recién la escuchamos en el verano de 1975 en el taller de nuestro amigo Dicky Kutz, en la calle Mejicana entre Patagona y Arauco. Kutz, una autoridad en motos, le preparaba la máquina a mi primo “Tuly” Solo de Zaldívar, el gran campeón de automovilismo y motociclismo de la Patagonia. Dicky tenía instalados dos parlantes en la parte alta del taller, a los cuales conectaba una grabadora de carrete o un tocadiscos y recuerdo que, a un costado de éste, siempre se podía ver unos cuantos discos en posición vertical (es lo que yo recuerdo).

Ahí escuché por primera vez “Noche cálida de agosto”, el recital que grabara Neil Diamond el 24 de agosto de 1972 y donde no podía faltar “Sweet Caroline. Escrita en 1969 en un hotel de Memphis la noche anterior a su grabación, el mismo Diamond reveló años después que se habría inspirado en una fotografía de Caroline Kennedy que vio en una revista.

“Noche cálida de agosto” se editó en Chile a mediados de 1975, fue entonces que le pedí a mi mamá (mi gran auspiciadora en materia musical) que me lo regalara. Aún lo conservo, junto al cassette, el CD y la edición norteamericana (todo ello adquirido con posterioridad). En esos años, acostumbraba a pegar una pequeña etiqueta con la fecha de la compra en la carátula de los discos. “Noche Cálida de Agosto” tiene como fecha el 16 de agosto de 1975. Ese día fue sábado y el día antes le pagaron a mi mamá.

Mi mamá (Eulalia Agüero Pletikosic) trabajó como Educadora de Párvulos (Egresada de la Escuela Normal de Angol) en un solo colegio. “Yo trabajé siempre en el Grupo Escolar Yugoeslavia” solía decir, aun cuando al momento de jubilar, el establecimiento ya se denominaba “Escuela Croacia”.

Recuerdo que ese viernes 15 la fui a buscar. Los días de pago constituían una verdadera ceremonia, pues había que esperar al “habilitado (a)”, que en las reparticiones públicas era el funcionario (en este caso un profesor) encargado de ir al banco a retirar el dinero de los sueldos y luego pagar a sus colegas (al “habilitado”, independientemente de los afectos o desafectos que despertara, se le veneraba y era investido de facultades casi divinas por 12 días en el año calendario).

Salimos de la escuela con un “ahí vamos a ver”, respecto de la compra del disco, pero lo primero era lo primero: las cuentas pendientes. Empezamos por la Carnicería “Progreso” en la esquina de Yugoeslavia (actual calle Croacia y antes Progreso, de ahí el nombre de la carnicería) con Jorge Montt, luego al Kiosco de Sergio Kasic en Yugoeslavia con Magallanes, de ahí a la Tienda “La Florida” en Bories y finalmente “Surco”, en una de las esquinas de la plaza. Eran los tiempos cuando se tenía “cuenta” con la única garantía de la palabra empeñada.

En todas esas vueltas se nos hizo tarde y la compra quedó para el sábado. “Bajamos” al centro, directo a la “Discoteca Domic” en la calle Roca contigua a la “Óptica Dubrock”, pedimos el disco y mi mamá lo encontró caro: “es un álbum doble y viene Sweet Caroline, que a ti te gusta” le dije con cara y expresión de ángel y así fue como salí con el disco bajo el brazo y la promesa de sacarme buenas notas en lo que restaba del año. No más llegar a nuestra casa de la Población Fitz Roy, puse el disco en mi aún vigente tocadiscos “Puma TMB“ y, por supuesto, en el surco de “Sweet Caroline”. Mi mamá luego de escucharla me señaló sin vacilaciones: “me gustó Neil Diamond, pero la prefiero por Julio Iglesias en español”.

Una noche de invierno mi mamá me llamó a Talcahuano (mis notas finalmente no fueron tan buenas, pero igual llegué a la Universidad de Concepción y siempre viví en “El Puerto”). El motivo era para contarme que estaba usando mi guitarra para un curso que dictaba el recordado profesor Pedro Sánchez y agregó que practicaban con “Sweet Caroline”; ambos reímos cuando le pregunté si la cantaban en versión de Diamond o Iglesias.

Han pasado casi cincuenta años y aún escucho esta maravillosa canción, repaso sus distintas versiones hechas por el mismo Neil Diamond, sin desmerecer la de Julio Iglesias; la primera que conocí. Han pasado casi cinco décadas y han pasado muchas cosas también: mi mamá se fue una mañana, despidiéndose para siempre de todos nosotros y de su querido Grupo Escolar Yugoeslavia. Otro día partió el Profesor Pedro Sánchez (egresado de la Normal de Victoria). Neil Diamond ya cumplió ochenta años; en 2018 diagnosticado con el mal de Parkinson, dejó los escenarios y las giras. Por su parte, el amigo Kutz y mi primo “Tuly”, siguen siendo unos apasionados de las motos, la mejor música y la buena conversación.

“Sweet Caroline, good times never seemed so good” reza el estribillo y nosotros no dejamos de pensar que efectivamente “los buenos tiempos nunca parecieron tan buenos”. Quizás -y al igual que en la canción- en ese diario vivir no nos regalamos los instantes para darnos cuenta que esos buenos tiempos eran los mejores; pero nos quedan estos recuerdos a través de una bella melodía.

Nota: se agradece la valiosa información aportada por Magdalena Agüero, Magdalena Muñoz, Emilio Vera y por Dicky Kutz (gracias Dicky por la buena música).