Necrológicas

Retomando la “normalidad”

Por Eduardo Pino Viernes 1 de Octubre del 2021

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Hace varios meses, cuando las nuevas olas y rebrotes de la pandemia azotaban el sistema de salud manteniendo en vigilia a nuestros centros hospitalarios, con trabajadores sanitarios asumiendo un desafío que puso al límite sus capacidades en un ambiente lleno de incertidumbre y temor, la aparición de una vacuna proyectó algunos modelos matemáticos acerca de mayor control de un virus que sólo íbamos conociendo con el paso del tiempo, en un fenómeno planetario sin precedentes.

Algunos de esos modelos predecían que entre los meses de julio a septiembre se observaría una vuelta mayor a la normalidad, dejando claro que no sería como antes de marzo de 2020, pero se estaría en condiciones de retomar un estilo de vida mucho menos restrictivo que en el último año y medio. Muchas personas presentaron una actitud más cercana a la incredulidad que a la esperanza, debido en gran parte a las expectativas inciertas del proceso y resultados de la vacunación, lo que unido al comportamiento oscilante del virus y sus mutaciones, más bien auguraban un horizonte sombrío, avalado por una desesperanza aprendida producto de los avances y sucesivos retrocesos que nos mantenían limitados en nuestras rutinas.

Pero, a pesar de la cautela que debe tenerse, parece que una vez más la ciencia se adjudica la capacidad de predecir y controlar variables y factores que desafían las habilidades y competencias de los expertos, que respaldados por el conocimiento, avances tecnológicos, mucho esfuerzo y un tesón a toda prueba, han dado muestras de estar a la altura frente a un desafío de alto nivel.

Por eso esperamos no volver a mencionar el concepto “cuarentena”, ni menos retomar su práctica, pero lejos de pensar que todo “ha terminado”, debemos estar alertas a las nuevas normativas e ir preparándonos ante las nuevas condiciones de funcionamiento que se adoptarán. Algunas retomarán actividades y rutinas que antes nos resultaban cotidianas, mientras que otras han cambiado para quedarse. Y así como nos costó acostumbrarnos al encierro, a la educación y trabajo a distancia, al uso de la tecnología o a las limitaciones de desplazamientos; debe quedarnos claro que retomar prácticas anteriores o asumir nuevas no será necesariamente un acto automático, espontáneo o fácil, por más que de manera consciente presentemos grandes expectativas por cambiar las rutinas actuales. Nuestro organismo no es un interruptor que se enciende o apaga automática y rápidamente, necesita de tiempos y procesos, incluso para asumir actividades o prácticas que anhelaba fervorosamente. No todos presentamos los mismos ritmos fisiológicos ni psicológicos para predisponernos a nuevos cambios, aunque éstos resulten positivos.

Por eso comentábamos hace meses, aunque parece que fue hace mucho más tiempo, la necesidad de tomarnos con calma las condiciones que se nos iban imponiendo para estimular una adaptación más efectiva. Este será un tiempo de retomar en forma gradual las nuevas condiciones, de mantener el equilibrio optimista que las cosas irán mejor junto a la necesidad de mantener la cautela ante la probabilidad de nuevos rebrotes y sus efectos. Es el tiempo de comprender que todos presentaremos reacciones y velocidades adaptativas distintas según la etapa del desarrollo en que nos encontremos, las vivencias experimentadas durante este tiempo, las condiciones contextuales en que estamos insertos y las diferencias individuales que legítimamente ostentamos. La salud mental será cada vez más relevante durante el próximo tiempo, por lo que debemos predisponernos a un esfuerzo personal para propiciar el autocuidado, además de la preocupación y alerta de quienes nos rodean. Es que a final de cuentas, de eso se trata la vida.