Necrológicas

Forasteros no tan amigos

Por Abraham Santibáñez Sábado 2 de Octubre del 2021

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egún la Biblia, el viaje de los hebreos a la Tierra Prometida se prolongó por 40 años. Moisés, el responsable de la épica marcha hacia “una tierra que mana leche y miel” no completó personalmente la travesía. Lo sabía, pero nunca vaciló en intentarlo. 

Millones de seres humanos, a lo largo de la historia, han hecho lo mismo. “Migrar”, dice el diccionario, es “trasladarse desde el lugar en que se habita a otro diferente”. Quien emigra, añade, lo hace “en busca de mejores medios de vida”.

Chile -pese a las críticas que internas- proyectó en las últimas décadas una atractiva imagen de prosperidad. Esa es la explicación de fondo de la intensa ola inmigratoria que estamos viviendo. En rigor no es novedad. Inmigrantes ha habido en toda la historia de Chile. Nunca, sin embargo, el flujo fue tan arrollador. Entre los descendientes de inmigrantes  más conspicuos figuran dos candidatos presidenciales de origen croata: Radomiro Tomic y Gabriel Boric. El sillón de O’Higgins (hijo de irlandés) ha sido ocupado por hijos o nietos de inmigrantes: los Alessandri y los Frei son ejemplos sobresalientes, pero no únicos. Y no se puede ignorar a los vascos, castellanos y catalanes que llegaron a Chile en el siglo XIX. En el ámbito de la cultura, en fecha más reciente, hay un aporte incalculable de los refugiados de la guerra civil española, Se debe sumar a los comerciantes, científicos, médicos, ingenieros, escritores y pintores llegados desde Europa, de América del Norte o del mundo árabe. Y no debemos olvidar al ilustre venezolano Andrés Bello.

Ellos no fueron los primeros. Los pobladores de América venían desde Asia, tras cruzar el estrecho de Behring hace miles de años. Se estima que parte de ellos llegó a Chile al final de una larga jornada de muchas generaciones hace unos quince mil años.

Es imposible calcular cuánto tiempo demoraron. En nuestro tiempo, el viaje de algunos venezolanos duró meses. Otros, como un grupo de haitianos que llegaron en aviones charter, tardaron apenas unas pocas horas. (Se comprende que unos no aceptaran la invitación de Maduro a regresar y otros hayan partido dejando abandonadas sus cédulas chilenas).

Entre nosotros las “nanas” peruanas fueron recibidas con entusiasmo… si hasta les enseñaban a hablar bien el castellano a los hijos de sus patrones, En muchas ocupaciones los inmigrantes llenaron el vacío que dejaban los chilenos que prosperaban. Muchos eran profesionales de alto nivel,

Pero ocurrió lo que hoy sabemos. El “modelo” económico y social que generó el “milagro” chileno estalló con violencia en octubre de 2019. Luego vino la pandemia y las masivas pérdidas de puestos de trabajo, Como en Chile la situación seguía siendo mejor que en otros países -en especial Venezuela- el flujo no disminuyó. Encontró rutas clandestinas y emprendedores “coyotes” sacaron oportuno provecho del dolor humano.

El resultado lo estamos viendo y sufriendo solidariamente. Ha sido encarado de la peor manera posible. No hemos dado buenas respuestas solidarias. Pero, sobre todo, hemos olvidado lo que parecía ser nuestro credo: considerar al forastero como un amigo.

Y, lo que debería darnos más vergüenza, ya no somos ni queremos ser un “asilo contra la opresión”.