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Instalada en el patio de Entel

La antena parabólica que revolucionó las comunicaciones y se apagó en 2020

Por La Prensa Austral Domingo 10 de Octubre del 2021

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El 12 de agosto del año 2020 cuando se registraba un aumento de contagios en las pesqueras y Magallanes estaba ad portas de iniciar una nueva cuarentena total, por la emergencia sanitaria por el Covid-19, en las esquinas de José Menéndez y Lautaro Navarro se cerraba un histórico ciclo al apagarse los equipos de la antena parabólica satelital de Entel Chile.

Fue ese día en que ocurrió el último enlace satelital desactivándose todo su funcionamiento con un servicio que marcó un hito y revolución en la forma de comunicarse de la Región de Magallanes y Antártica Chilena.

Gracias a esta antena, que para las nuevas generaciones puede parecer más una gran infraestructura que pareciera molestar visualmente y, para otros, ser casi un monumento en el centro de Punta Arenas, cambió la forma de comunicarse telefónicamente con el resto del país y hasta los magallánicos comenzaron a disfrutar por primera vez de mirar algunos programas de televisión de manera directa o simultánea como lo veían los demás chilenos. Antes de eso, la programación del único canal de televisión en la zona en esos tiempos, Televisión Nacional, era grabada y las noticias se transmitían con un desfase de un día.

Desde Entel Chile se destaca que se cerró un ciclo histórico que comenzó en 1977 con la construcción del pedestal y la posterior puesta en marcha el 26 de mayo de 1978.

Revolución total

Al revisar uno de los capítulos del libro “Las comunicaciones a distancia en Magallanes”, escrito por el historiador Mateo Martinic, Premio Nacional de Historia 2000, y el ingeniero Claudio Buratovic, se destaca que desde mediados de la década de los años ‘70 Entel Chile trabajaba en la llegada de las comunicaciones de microondas satelitales a Magallanes, una propuesta vanguardista para la época y que permitiría posicionar a la Región de Magallanes y Antártica Chilena en la modernidad globalizadora.

En el mismo libro se resalta que este proyecto de telecomunicaciones satelitales para Magallanes fue desarrollado por el ingeniero Robert Mar-tinson de la General Telecomunication Equipment (GTE) y liderado por Entel Chile.

Inicialmente se proyectó instalar la antena parabólica, de 11,8 metros de diámetro, en un terreno que fue adquirido en el sector de laguna Lynch siguiendo los consejos de instalar las estaciones receptoras satelitales en áreas rurales alejadas de los ruidos electromagnéticos generados por la vida y actividad urbana. Sin embargo, se dispuso que la gran antena quedara junto al edificio de Entel, en la esquina de las calles Lautaro Navarro y José Menéndez.

En 1976 se iniciaron las excavaciones del pedestal de la enorme estructura mecánica y en 1977 comenzó la construcción de la antena emisora-receptora Longovilo-2, en el telepuerto homónimo, destinada a ser la estación corresponsal para las comunicaciones entre Magallanes y el centro del país por la vía satelital.

Los trabajos de montaje de las antenas y de los equipos fueron apoyados por profesionales norteamericanos pertenecientes a diferentes empresas proveedoras de los más diversos elementos técnicos tales como antenas, alimentadores, amplificadores de bajo ruido, amplificadores de potencia, receptores entre otros elementos, todos representativos de tecnologías nuevas para la región, según apuntan en el mismo texto los autores del libro.

Uno de los protagonistas

Roberto Oyarzún, magallánico egresado en 1969 del Liceo San José e ingeniero civil electrónico titulado en enero de 1977 de la Universidad Federico Santa María, quien al mes siguiente ingresó a Entel, fue uno de los protagonistas que participó en la instalación de la antena satelital junto a los profesionales Víctor González, Guido Matic, Héctor Harris, Daniel Calixto, Osvaldo Yáñez, Miguel Cares, Marco Martínez y Teobaldo Martínez, bajo la dirección de los también ingenieros Antonio Olivares y Lido Manaka.

Radicado desde 1993 en Miami, Estados Unidos, está casado con Ingrid Yutronic y padre de cuatro hijos, dos de ellos radicados en Chile y las dos menores residentes en Estados Unidos. Tienen cuatro nietos.

Cuando fue contratado junto a otro grupo de ingenieros para el proyecto de comunicaciones por satélite para Punta Arenas, tuvieron que capacitarse.

“Pasamos seis meses en entrenamiento entre Santiago y Longovilo. Después regresamos a Punta Arenas y estaba en etapa de desarrollo el proyecto e instalación de la antena que en mayo de 1978 comenzó a operar y comunicar vía satélite a toda la región con el resto del país y del mundo”, recuerda.

“Fue un cambio gigantesco. Creo que esa estación y, en particular lo que trajo consigo el unir vía satélite a la región con el resto del país y el mundo, significó un avance tecnológico y mitigar el aislamiento geográfico de la región. Antes de eso las comunicaciones eran onda corta, de pocos canales y sujetas a las condiciones atmosféricas del momento. No siempre uno podía comunicarse bien. A veces se hablaba a gritos y no se entendía”, señala.

Oyarzún dice que hasta antes del inicio de operaciones de la antena satelital las llamadas telefónicas debían gestionarse a través de la operadora telefónica y podían pasar horas esperando a que la persona tuviera la llamada pedida. “Cuando llegaron las comunicaciones satelitales con mayor capacidad, las llamadas eran más confiables porque no estaban afectas a la propagación creo que nos cambió la vida a todos. Además, fue un paso grande para los siguientes avances como la aparición del fax, el discado directo donde ya se podían realizar llamadas directas desde las casas y no por operadora. Toda esa inmediatez dio paso a todos los avances hasta llegar a la internet”.