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Las falacias en las campañas políticas

Por La Prensa Austral Martes 7 de Diciembre del 2021

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Carlos Contreras Quintana Abogado

Ya me he referido a las falacias en columnas anteriores, entendiendo por tales las aseveraciones engañosas que normalmente ocupamos en diversos ámbitos de nuestra vida y que se relacionan con utilizar aspectos determinados de una realidad para sostener una mentira o, si se quiere, una representación de la realidad que no se condice con ella.

Esta situación la vivimos en la familia: a propósito de las relaciones de pareja y con los hijos; en el trabajo con los jefes y los colegas de trabajo; en la vida misma y por ello no es absolutamente reprochable al formar parte de nuestra cotidianeidad, por ejemplo, cuando responsabilizamos a otro de nuestros errores, cuando llegamos tarde o no hacemos un trabajo y damos cuenta de hechos que no ocurrieron para justificar la falta.

Pero, cosa distinta es la utilización de las falacias en la vida política, no porque sea más grave, pues una mentira, un engaño, es grave en cualquier instancia, el problema es que una mentira o engaño en política tiene trascendencia respecto de toda la población de un país y allí está la distinción que amerita una atención especial.

Por lo señalado me parece necesario hacer referencia a algunas de las falacias que he escuchado a propósito de la campaña presidencial y que me parecen, por emplear un término coloquial, pintorescas.

La libertad. No veo de qué manera se pueda ofrecer la libertad como una promesa de gobierno en atención a que se trata de un derecho, una condición que es consustancial a la naturaleza humana y que debe ser protegida y garantizada por cualquier gobernante del Estado, pues se trata de una condición básica para el ejercicio de la democracia; por ello la oferta de libertad es una de las primeras y más descaradas ofertas electorales. Finalmente, no debemos olvidar que la libertad no depende de una posición ideológica, no admite la precisión de su contenido al servicio de una posición política, ya que se trata de un concepto que va de la mano con la igualdad en cuanto a ser humano, más allá de su sexo, raza o condición. 

La seguridad. Curioso es que se ofrezca como promesa de campaña pues no existe forma de garantizarla sin afectar la libertad, pues todo sistema de protección social implica, por parte del gobernante, una limitación de la libertad de tránsito, de asociación o de la seguridad personal. Pero, además de la evidente contradicción planteada, aun cuando se limite al máximo la vida de los integrantes de la sociedad, tampoco es posible garantizar la seguridad como una condición permanente, pues siempre existirá una forma de transgredirla o alterarla porque es un imposible que el Estado cubra todas las posibilidades de ataque o infracción a la seguridad, la que sólo puede prosperar cuando las personas se hacen cargo, en cuanto a cuerpo social, de su entorno y de su gente.     

El cambio. Esta es una promesa particularmente engañosa porque siempre se ofrece el cambio, pero las modificaciones profundas o estructurales, sobre todo cuando ellas dependen de un Parlamento que está bastante equilibrado en las tendencias políticas y existe una Constitución que está de retirada, claramente no es posible, ni probable concretarlas, sobre todo considerando que existe una población que se ha manifestado mayoritariamente por un equilibrio. Distinto es que la gestión del gobernante permita mejorar el sistema en determinados aspectos en base al diálogo y a la racionalidad, lo que es propio de la naturaleza misma de la política y de la forma de gobernar en democracia. 

Entonces, sabedores que las principales promesas son falacias, ¿por quién se vota?

Ante la ausencia de elementos reales o ideológicos o programáticos que sean realizables es posible considerar, para decidir, ciertos elementos que no son engañosos y que cada elector puede corroborar de la manera más objetiva posible: a) la identificación con la historia del candidato y de quienes le acompañan; b) las votaciones o resultados de su participación en política en el tiempo pasado; c) la identificación con el candidato en su forma de pensar o en otros aspectos como su profesión, el lugar donde vivió, donde estudió o donde trabajó. 

Finalmente, a propósito de las elecciones, es necesario entender que la democracia no nos lleva a quien queremos cuando votamos a presidente, sino que a quien más se acerca a nuestro ideario y por ello es bueno tener las cosas claras y ponderar lo que es real y no lo que es una falacia disfrazada de promesa de campaña.