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“Jaguar. Conversaciones con narradores chilenos 1990-2019”.

Por Marino Muñoz Aguero Lunes 10 de Enero del 2022

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El domingo recién pasado esbozamos los alcances de este estudio que abarca treinta años en la historiografía literaria nacional. Señalábamos que se consideró las reseñas y entrevistas de quince narradores; y he aquí una primera piedra en el camino en cuanto a los méritos (y deméritos) de quienes fueron incluidos y, en consecuencia, excluidos: tema sensible por lo demás, para unos y otros, pero en el cual son los autores del texto los soberanos y ya dimos a conocer nuestra opinión respecto de los posibles criterios de elegibilidad.

   No obstante, lo señalado, creemos necesaria una referencia al concepto de “Nueva Narrativa Chilena”, que circula como un fantasma al acecho en el presente estudio. Este concepto fue gravitante en la primera década del periodo de análisis y lo denominamos con ese término, pues tenemos nuestras razones – por cierto, discutibles- para no etiquetarlo como “generación” o “movimiento”.

El origen del término lo encontramos en las antologías de cuentos editadas por Ramón Díaz Eterovic y Diego Muñoz Valenzuela “Contando el cuento” (1986) y “Andar con cuentos” (1990) que, al decir de sus autores (Revista “Libros y Lectores” Nº1 ene-marzo 2003), recogió la obra de narradores surgida a principios de la década de 1980 en tiempos de dictadura, circunstancia que condicionó la temática de dichas creaciones. Esos narradores son quienes, Díaz y Muñoz señalan como pertenecientes a la generación “Del Golpe”, de “los ‘80” o “N.N.” y agregan que el rótulo de “Nueva Narrativa” (asimilable a generación literaria) mutó hasta convertirse en el slogan que sustentó una importante estrategia editorial de inicios de la década de 1990. Dicha tesis es compartida por el editor Carlos Orellana en el mismo número de “Libros y Lectores”, sólo en cuanto al origen del término. Adicionalmente, Díaz Eterovic alude con acierto al perfil colectivo que tuvo en sus orígenes el grupo de la Nueva Narrativa, fenómeno que, al año 2003, él dudaba que se repitiera en el corto plazo y, de hecho, pensamos que no se ha replicado hasta la fecha en la escena literaria nacional, al menos públicamente y de cara a los lectores como el grupo referido.

Pero veamos el lugar que ocupa en nuestra memoria (la de este cronista) la “Nueva Narrativa” y ello es el recuerdo de una estrategia comercial de fines de la década de 1980, canalizada principalmente a través de la colección Biblioteca del Sur de la filial local de la Editorial Planeta, que, hasta ese momento, se dedicaba a la importación de publicaciones propias y a la representación de otros sellos extranjeros. Planeta había nombrado al editor argentino Ricardo Sabanes para recoger la literatura post dictadura en Chile; éste con el concurso del ya citado Carlos Orellana, Mariano Aguirre y el gerente local Bartolo Ortiz, se transformó en el articulador de la estrategia que llevó a noveles autores locales a los primeros lugares de ventas y popularidad, en un esfuerzo de marketing sin precedentes en la literatura criolla. Entre estos autores podemos referir a Gonzalo Contreras (el más simbólico del grupo, quizás), Alberto Fuguet, Jaime Collyer, José Leandro Urbina, Darío Osses, René Arcos Lévy, Sergio Gómez, Ana María del Río, Arturo Fontaine o Alejandra Rojas, por ejemplo. Esta “Nueva Narrativa” no tiene, a nuestro juicio, visos de generación literaria fundamentalmente por las diferentes temáticas y estilos de cada autor y además, porque en caso de asimilarla a “Biblioteca del Sur”, en dicha colección también fueron publicados autores que poco y nada tienen en común con los recién nombrados, como los casos de José Miguel Varas, Germán Marín, Enrique Lafourcade, Ramón Díaz Eterovic, Adolfo Couve o el injustamente olvidado Desiderio Arenas.

Pero más allá de las disquisiciones expuestas, claro está que la estrategia de la “Nueva Narrativa” fue gravitante en el periodo en estudio, distinta es la conclusión que podríamos sacar respecto de la suerte corrida por sus integrantes, en algunos casos similar a la del “Jaguar”, con auge y caída, y en otros con un paso lento y seguro que los mantiene en un digno lugar del espacio de las letras en Chile.

Continuará…