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Las buenas ideas

Por Jorge Abasolo Lunes 24 de Enero del 2022

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¿

Por qué será que algunas buenas ideas son incomprendidas en algunas épocas?

Por ejemplo, al inventor del paracaídas nadie le dio pelota… hasta que se inventó el avión.

Escribo esto  a raíz de que un estudio ha revelado que la creatividad consiste en descansar el cerebro, y eso ocurre cuando hacemos cosas rutinarias. Por ejemplo, cuando nos despertamos, nos duchamos, hacemos pipí con desgano o damos un paseo. En otras palabras, hay que saber tomar distancia de los problemas.

Es cierto que hay personas que se toman mucho tiempo para inventar tonteras. Es el caso del tipo aquel que inventó un paraguas sin tela.

Dijo que era para los días con sol.

Un sabio japonés descubrió que cuando un tren chocaba, el último carro era el que sufría las mayores consecuencias.

Entonces, propuso que a los trenes les sacaran el último carro.

No lo mataron porque arrancó a tiempo.

Así como existen los críticos de arte, también los hay de los inventos. Cuando se inventó la televisión (maldito día), el productor de cine norteamericano D.F. Zanuck señaló con su mejor cara de pitoniso:

– “La televisión no podrá mantenerse en el mercado más de seis meses.

La gente se cansará pronto de pasar la tarde mirando una caja de madera”.

¡Cómo me hubiese gustado que Zanuck se hubiera equivocado!

Queda claro que jamás se inventaría nada si todos nos sintiéramos satisfechos con las cosas descubiertas. Esto confirma que el ser humano es un animal nunca en estado de plenitud. ¿Okey?

Los inventores son seres de excepción, forman parte de la inmensa minoría. Son tipos que han privilegiado el ocio creativo, por sobre todas las cosas. Muchos hasta fueron perezosos, casi holgazanes, pero cuando se les encendió la chispa, descollaron con luces propias y pasaron a engrosar la lista de los escogidos de la historia. Es cierto que hay inventos estéticamente nulos, pero cuya eficacia nadie puede poner en duda. Por ejemplo: si usted mira fijamente un ventilador llegará a la conclusión de que se trata de un avión fracasado, que por lo mismo, no se decide a emprender vuelo.

También tenemos los inventos contrapuestos. Son consecuencia del afán imitativo del ser humano, pero ambos han hecho aportes innegables a la sociedad. Por ejemplo, así como el telescopio empequeñece el universo, el microscopio lo agiganta. Curioso, ¿verdad?

Hay inventos cuya eficacia se ha mantenido en un manto de duda, pero los científicos insisten en que son las masas las equivocadas. Cierto, las masas generalmente sirven para molestar el avance del mundo en todas sus facetas, lamentablemente. Es el caso del termómetro, experimento científico de reconocida exactitud. Todo el mundo parece hacerle caso…menos el tiempo.

Como les decía, los inventores jamás han sido personas visionarias en cuanto a negocios. Más bien fueron malos comerciantes, con excepción de quien inventó el dinero plástico.

Un caso ya clásico es el de Thomas Alva Edison, quien aseguró una vez:

-“Mi invento del fonógrafo no tiene ningún valor comercial”  (¡¡Sic!!)