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EDITORIAL

Derechos lingüísticos de pueblos originarios

Por La Prensa Austral Jueves 27 de Enero del 2022

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  • El derecho lingüístico se base en que la lengua es -como bien lo expuso Loncón- uno de los elementos articuladores
    y formadores de identidad y el eje para
    mantener la cohesión de un pueblo.

 

De todos los cambios posibles para la nueva Constitución el más cierto ha sido desde el inicio del proceso constituyente la declaratoria de Chile como un Estado plurinacional. Antesala de esto fue la designación de 17 escaños reservados para representantes de las diez etnias originarias reconocidas actualmente.

Si bien esto fue precedido de un áspero debate en el Congreso, ha sido mirado como un gran avance, pues, como nunca antes en nuestra historia, se otorga un reconocimiento tácito a la existencia de estos pueblos. Esta ha sido la primera vez en la vida institucional que nadie podrá hablar por ellos o decir que lo está haciendo para defender sus intereses.

Para muchos, los 17 escaños reservados fueron el inicio de un camino de reparación y diálogo, que no será fácil, pero que resulta absolutamente necesario e insoslayable.

Esto, en cierta medida, está detrás de una propuesta presentada por las convencionales Elisa Loncón (representante de la etnia mapuche y ex presidenta de la Convención Constitucional) y Lidia González (exponente de la cultura yagán), que quiere consagrar los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas. En la moción se declara a Chile como un Estado plurilingüe, lo que implicará considerar como oficiales los idiomas de los pueblos indígenas en sus autonomías territoriales.

Como magallánicos, nos debe llenar de orgullo que una de las dos convencionales de la zona (la otra es la kawésqar Margarita Vargas) esté detrás de esta iniciativa.

El derecho lingüístico se basa en que la lengua es -como bien lo expuso Loncón- uno de los elementos articuladores y formadores de identidad y el eje para mantener la cohesión de un pueblo.

Por siglos, a nuestros pueblos originarios se les ha negado tal derecho e, incluso, sometido a escarnio por hablar su idioma o tener tal o cual apellido, menoscabando su valía y erosionando su autovalía.

Por esto, resulta de toda lógica que la nueva Constitución consagre en forma explícita los derechos lingüísticos y que también garantice a los descendientes indígenas el acceso a una educación pública que considere su lengua de origen.