La oportunidad de los postergados
Carlos Contreras Quintana
Abogado
La situación actual no es la mejor aspectada para que asuma un nuevo gobierno: las consecuencias sanitarias, de salud pública y económicas del Covid; los efectos materiales inmateriales del estallido social; la incertidumbre natural de un mundo que enfrenta un conflicto bélico de proyecciones inimaginables y un país que enfrenta con decisión el desafío de una nueva Constitución
claramente no es el mejor contexto.
Pero, nada de lo señalado puede opacar uno de los aspectos más relevantes de este nuevo gobierno: el romper la alternancia de dos bloques políticos que, si bien cumplieron con muchos desafíos propios de un Estado que debía superar el pesar de una dictadura, no fueron capaces de enfrentar con éxito la necesidad de instalar la equidad y el imperio de los derechos sociales en la gestión de gobierno.
En efecto, Chile se proyectó como un país modelo en el plano neo liberal con importantes logros macroeconómicos, condiciones para el desarrollo de proyectos de inversión, con un perfecto mercado y un crecimiento financiero inusitado, reducción de la pobreza y un proceso de acceso casi libre a la educación superior que ha constituido una herramienta de movilidad social, pero que, a fin de cuentas, profundizó en muchos aspectos las desigualdades al dejar bajo de la línea de flotación o, si se quiere, fuera del mercado, a una parte importante de la población que no puede acceder a los beneficios de un sistema que de social tiene muy poco.
En estos 31 años de democracia se pensó que el ciclo político se había completado al alternarse la derecha y la centro izquierda, con los resultados por todos conocidos: sin modificarse el sistema de pensiones (AFP), sin ajustarse el tamaño del Estado y su conformación a la realidad actual; con un sistema educacional de diferencias brutales y sin la existencia de derechos sociales exigibles en el plano de la salud, la vivienda y el trabajo; pero la porfiada realidad se impuso y asume un nuevo gobierno que, en principio, no representa los intereses de los antiguos gobernantes y que importa la instalación de un concepto de la política más cercano, concreto y cotidiano, en el cual forman parte no sólo los integrantes de la coalición ganadora, sino que también muchas personas que asumieron en distintos momentos la necesidad de avanzar con mayor decisión en la equidad y la existencia real de un Estado social y democrático de derecho.
De esta forma, asumen protagonismo quienes nunca habían estado en estas lides de gobierno, así como también de aquellos que, habiendo estado presentes en gobiernos anteriores, abrazan hoy con lealtad y compromiso un nuevo trato por los ciudadanos para mejorar, de verdad, la vida. Si se quiere, podemos apreciar que estamos a pocos días que asuman los políticos postergados para reconstruir un país con la presencia de los hombres, mujeres y seres humanos que también estuvieron postergados en cuanto a ciudadanos.
Así las cosas, la esperanza no sólo se sostiene en la convicción que, aquellos que hoy asumen el desafío del gobierno lo harán para superar muchas inequidades y carencias casi fundacionales de nuestro país, sino que también tendrán la capacidad de demostrar que aquellos que han sido postergados no tienen que, necesariamente, postergar a aquellos que nada hicieron antes, pues esto no se trata de revanchas, se trata de actitudes y conceptos profundamente humanos que deben, de una vez por todas, imperar en el ejercicio de la política que, al final del día, sólo debe perseverar en el servicio y la satisfacción de las necesidades de cada ser humano independiente de su sexo, condición, credo, fortuna o mérito.




