El capitán que navegó por el Artico y llevó a Cousteau a la Antártica
El navegante francés vivió por casi una década en Magallanes y, tras desembarcarse
definitivamente, se radicó en la zona central. Su última aparición pública fue como
concursante en el programa televisivo Master Chef en 2017.
Rolando Martínez
Comenzaba enero del año 1990 y, en el lado sur del muelle Arturo Prat de Punta Arenas, permanecía atracado un remolcador de casco rojo y banda azul, cuyo capitán destacaba por su sencillez y su permanente alegría. Era Alex Veyser, al mando del Erebus, cuya nave operaba en esos años en apoyo a faenas petroleras para la empresa francesa Total, aunque pertenecía a la empresa Fish.
En esos primeros años de mi trabajo periodístico cubría el sector marítimo y, por ello, ya había accedido al Erebus a conversar con el capitán Veyser, quien con el tiempo se convertiría en un magallánico más al residir por casi una década. El interés surgió porque el 4 de enero llegaba a Punta Arenas el famoso explorador francés Jacques Cousteau, quien viajó a la Antártica a bordo del Erebus y nosotros teníamos interés en saber del viaje y qué instalaciones acogerían al investigador galo.
Junto al reportero gráfico José Villarroel, caminamos por cubierta, en busca del capitán, cuando, de pronto, desde uno de los pasillos un hombre alto con acento francés nos alzó la voz y señaló que debíamos bajar de la nave porque no estábamos autorizados para estar allí. Rápidamente le respondía que me interesaba hablar con el capitán, pero éste insistió que debíamos bajar. Ya entregados a la sentencia del abandono caminábamos hacia el portalón de la nave cuando escuchamos desde la cubierta superior el llamado de nuestro capitán Veyser, quien nos reconoció y dijo: “Amigo, a bordo de la nave el que manda soy yo, el capitán y los espero”. El otro personaje nos miró y, cuando nos saludamos con nuestro anfitrión, supimos que era uno de los ejecutivos de la empresa armadora que estaba asignado para esperar a Cousteau. Allí quedó muy presente que siempre manda el capitán.
Este recuerdo adquiere una especial connotación porque hace dos meses murió en Santiago el capitán Alex Veyser, pero su deceso a los 76 años, solamente ocupó algunos espacios, principalmente evocando su participación en 2017 en el programa televisivo Master Chef. Personalmente me enteré hace algunas semanas de su lamentable partida y rápidamente recordé que su paso por Magallanes no fue sólo por el episodio de haber llevado a Jacques Cousteau a la Antártica, sino que también por los años en que el remolcador Erebus quedó operando en Punta Arenas con sucesivos viajes a la Antártica y donde el mismo capitán Veyser promovió la oportunidad de impulsar el negocio de evacuaciones de desechos desde el continente blanco.
Pero Veyser también mostró su interés aventurero al ser parte de una travesía a caballo al recorrer la isla Tierra del Fuego desde bahía Yendegaia hasta la estancia Vicuña, pasando por la cordillera Darwin, junto a Miguel Serka, Claudio Almarza y Dennys Chevallay en abril de 1995.
Miguel Serka al recordar a Alex Veyser dice: “Muy querido, siempre con una sonrisa en la boca, con su áspera voz de toda una vida de experiencias en el mar y expediciones. Lo conocí en el Terra Australis cuando era el encargado de los turistas, como decía él, el 2do ‘comandante’, en una ecalada en Yendegaia. De ahí conversamos muchas veces hasta que nació la idea de abrir la ruta a caballo desde Yendegaia hasta Vicuña”.
“Preparamos esa travesía para ver hasta que fecha nos daba paso la cordillera por las nieves. Ese fue el motivo de hacerla el 20 de abril. Pudimos cruzar apenas, ya que el paso de las lagunas tenía mucha nieve. No sabía mucho de montar a caballo (Veyser). Sin embargo hizo la travesía los 10 días, montado en su pingo. Corajudo, simpático y siempre con voluntad ante las adversidades. Uno de los muy queridos amigos que nos dejó”, evoca con nostalgia Miguel Serka.
42 años en la
marina mercante
En entrevista que Alex Veyser dio a revista Sábado de El Mercurio en 2017, por su participación en el programa Master Chef, dijo que para él “cocinar es como navegar. Yo viví aventuras toda mi vida y esta es solo la última”.
Asimismo, recordó cuando quiso dejar el mar: “De repente me venía el bajón (de ser marino mercante) y quería devolverme. En Tahití dije: ‘Esto se terminó’, pero a la mañana siguiente salí del barco y vi a la gente vestida para ir a trabajar. Y yo no era para eso. Así que seguí con el viaje”.
Dijo aquella vez que pasó 42 años como marino mercante y apenas compartió siete navidades en casa con su familia. “Me perdí los nacimientos de todos mis hijos. Me perdí el primer diente, la primera sonrisa, el primer trazo. Recuerdo que a mi primer hijo lo conocí cuando ya caminaba. Pero no me arrepiento de nada; eso es lo peor. Nunca pensé en dejar de navegar, jamás. Si tuviera que hacerlo de nuevo, no lo dudaría”.
Al recordar su relación con Jacques Cousteau al viajar a la Antártica, señaló: “El era un personaje apasionante, pero nuestra relación era muy tensa. El era el jefe y yo la autoridad marítima. El insistía con que quería ir a cierto punto, pero yo le decía que no se podía. Entonces me hacía escándalos: decía que el barco era de él”.
“Crucé la ruta del Artico con el corazón en Magallanes”
Este sentimiento transmitió el capitán Alex Veyser a mediados de 1991 al regresar a Punta Arenas tras haber completado la expedición de navegar por el Artico al mando del remolcador Astrolabe, de similares características al Erebus.
Aquella vez se convirtió en el primer navegante occidental en haberse internado en el océano glacial Artico, ruta que desde hace 70 años en esa época no había sido recorrida por una nave que no sea soviética.
El capitán Veyser, hijo de padres soviéticos radicados por muchos años en Francia, señaló en entrevista publicada en La Prensa Austral en septiembre de 1991, que la travesía comenzó el 27 de julio de ese año cuando zarparon desde Francia para llegar hasta el puerto de Mourmansk, único terminal soviético en la época abierto para naves extranjeras. Tras pasar las inspecciones de rigor zarparon el 6 de agosto a Igarka, zona de Siberia.
La navegación la ejecutaron con apoyo de un buque rompehielos soviético cuando la ruta se puso más complicada. Entre los escollos sortearon un compacto de hielo del Polo Norte con una altura de 5 metros. Ese hielo lo cruzaron con una velocidad de 4 nudos en 30 horas de travesía. La temperatura ambiental bordeaba los -10 grados.
El viaje siguió a Providenia, en medio del estrecho de Bering para luego seguir viaje al puerto de Hakodate, Japón, donde terminó la travesía tras 37 días de navegación.




