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Impuesto específico y otras hierbas

Por La Prensa Austral Domingo 10 de Julio del 2022

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Arturo M. Castillo Cabezas

  • “Cada vez que esté pagando por su combustible, recuerde que está subsidiando a las grandes empresas mineras, constructoras, y en general a empresas de las más variadas en giro y tamaño, muchas de las cuales hacen campaña para mostrarse “verdes”, para que sigan emitiendo polución al medio ambiente, con rebaja de impuestos. Si usted le parece bien o le gusta, está en su derecho. Lo que es yo, no tengo ninguna gana de seguir financiando esto”

 

Por estos días, diversos temas van y vienen por los medios, por las mesas del café, y las redes sociales, y en este artículo, haré el intento de hincarle el diente a algunos que me parecen relevantes, partiendo por dos que afectan nuestro órgano más tierno y sensible: el bolsillo.

El famoso Impuesto Específico a los Combustibles (Iec).

Este conocido nuestro, cuyos orígenes suelen ser atribuidos a una cierta mitología tributaria que no es del caso detallar ahora, tiene su origen actual en una ley de 1986, aunque ésta es sólo una actualización de normas de la década del ‘40. Después del Iva es uno de los tributos que más aporta a nuestras arcas fiscales, con algo más del 5% del total.

Según un estudio del Congreso Nacional, de junio del año pasado, y cito: “Respecto al precio a público por combustible en 2020, el Iec corresponde al 45,9%% del valor final de venta de la gasolina de 93, y un 23,2% del valor final del petróleo diésel. Por otra parte, respecto a la recaudación fiscal promedio por Iec, entre 2009 y 2020, un 79,3% corresponde al impuesto a la gasolina, y un 20,1% al impuesto diésel”.

Señala también el estudio que este impuesto tiene lo que denomina dos “fuentes de erosión”, una causada por la devolución a empresas afectas a Iva que usen diésel con un fin distinto al de vehículos motorizados que transiten por las calles, caminos y vías públicas en general, y otra relacionada con la rebaja del débito fiscal, por concepto del Iva, a las empresas de transporte de carga.  En su conjunto, en el periodo 2012–2020, estas dos erosiones han disminuido la recaudación promedio en un 56% respecto a la recaudación potencial, debido a que por efecto de la devolución se ha dejado de recaudar un monto que asciende a $4.027.887 millones actualizado a pesos de 2021.

Si no fuera por los incumbentes y su lobby, ese 56% de “erosión” debería ser un escándalo mayúsculo, y razón más que suficiente para legislar al respecto, más rápido que si de inscribir candidatos democratacristianos se tratara, y me explico:

Quienes se benefician del crédito fiscal, son empresas que generan utilidades con el uso de estos combustibles, es decir, reciben un subsidio en sus costos operacionales, a costa de todos nosotros, que dejamos de percibir esos ingresos en arcas fiscales, que podrían mejorar nuestro sistema de salud, pensiones u otros.

El fundamento de que las máquinas que no usan carreteras, merecen una exención, es insostenible, porque en Chile no hay impuestos dirigidos, de modo que el Iec no está particularmente destinado a las carreteras, y además, en un momento en que todos entendemos el medio ambiente como algo digno de protección, y que además es un solo sistema, el premiar a quienes usan uno de los combustibles más contaminantes, sólo porque no echan humo a nuestra vista, es, dicho en castellano antiguo, una boludez insoportable, y más aún debería serlo para un gobierno y su base electoral, que posa de “ecológico”.

Si la pérdida por estas “erosiones” injustificables, es de 56%, quiere decir que, si todos pagáramos dicho impuesto -incluyendo los de las “erosiones”-  éste podría bajar para todos, y mantener la actual recaudación fiscal tal cual, o incluso, si no se rebaja todo lo que se recupere, aumentarla.

De modo que ya sabe, cada vez que esté pagando por su combustible, recuerde que está subsidiando a las grandes empresas mineras, constructoras, y en general a empresas de las más variadas en giro y tamaño, muchas de las cuales hacen campaña para mostrarse “verdes”, para que sigan emitiendo polución al medio ambiente, con rebaja de impuestos. Si usted le parece bien o le gusta, está en su derecho. Lo que es yo, no tengo ninguna gana de seguir financiando esto.

El Banco Central
intocable

Como si el punto anterior no ayudara a empobrecernos, ahora resulta que tenemos un Banco Central que confunde independencia con irresponsabilidad, con el beneplácito de algunos politiquillos de diestra y siniestra. Veamos:

El Banco Central, es por decisión constitucional que se mantendrá, un ente autónomo entre los órganos del Estado, cuya principal finalidad, es controlar la inflación. Como varios otros Bancos Centrales -Nueva Zelanda, Canadá, Israel y otros- el nuestro ha optado por lo que se conoce como el “Régimen de Metas de Inflación”. Para hacer la pega, además de todo un tinglado de gerentes, subgerentes, jefes de departamentos y demás, muy bien pagados, cuenta con un Consejo, cuyos 5 consejeros, sólo en sueldos nos cuestan a los contribuyentes, unos $ 100 millones, al mes.

Sucede que la meta de inflación que ellos se fijaron para 2021, siendo su presidente el actual ministro de Hacienda, fue de 3%, pero el resultado fue de 7,2. Explicaciones ha habido varias, entre ellas, nuestra fiesta con los fondos de pensiones, el hecho es que, para este año, ya vamos en un 13% y no ha habido retiros.

Como no soy parlamentario, ni tengo compromisos ni ‘amiguis’ en el rubro, si no que soy al igual que los lectores, uno más de los que ayuda a pagarle el sueldo a estos funcionarios públicos, me parece que el preguntarles qué diablos van a hacer, si es que van a hacer algo, en el área que precisamente todos les encargamos, no es ninguna intervención, es el mínimo del derecho a información que tenemos todos los afectados por lo que hacen o dejan de hacer.

Porque otra cosa es que, a estas alturas estoy pensando que si toda esta ‘gastadera’ es para que se junten y decidan si suben o bajan la tasa de interés, a los contribuyentes nos puede salir harto más barato un notebook con un buen software, que maneje un algoritmo con las mismas variables que miran ellos: dólar, commodities, inflación extranjera, consumo interno etc. y que diga cada cierto tiempo, si la tasa de política monetaria se mueve para arriba o para abajo, y cuánto.

Por supuesto que la Banca chilena, que en ninguna crisis reciente ha dejado de aumentar sus utilidades, tendría que ver a quien le pide US$40.000 millones -plata nuestra- a la tasa regalada de 0,5% anual, para prestarnos a nosotros, a tasas usureras que superan el 58%, como hizo nuestro Banco Central en 2020, y de lo que los bancos han devuelto unos 5.000 millones.

No se querelle
mi general

Cuando al parecer ya ha dejado de caer tierra sobre la tumba de la verdad, y “tras la paletada, nadie dijo nada”, el general de Carabineros señor Lopresti, vive tranquilamente, y de las cuentas que tenía que dar, no se ha sabido más. Es curioso, en un país tan dado a la verticalidad del mando, el Presidente de la República le pide cuentas a su subalterno -el general director- que es quien constitucionalmente está obligado a rendírselas, pero este hace un taquito, y le dice que se entienda directamente con el subalterno inculpado, que él le va a informar. Está bien, estamos en Chile, donde la sujeción al poder civil y eso de que en Chile no llora nadie, son cosas parecidas.

Lo que me llama la atención, es que, por presión de la derecha, y esta a su vez, presionada por FF.AA. y Carabineros cinchara para hacer más draconiana nuestra Ley de Prensa, de modo que en cuanto se sintieran ofendidos, estos entes pudieran meterle querellas a quien sea, ahora no quieran hacer nada. Hemos visto cómo Carabineros de Chile se ha querellado hasta porque los miran feo, o porque un medio osó repetir alguna nimiedad. Sin embargo, en este caso, en que un medio de amplia difusión, hace una de las acusaciones más graves conocidas, desde esto que llaman “la vuelta a la democracia”, causando gran expectación nacional, Carabineros de Chile no parece estar interesado en que el asunto lo investigue algún tribunal civil, “hasta las últimas consecuencias”.

No es que crea que hay algún minino enclaustrado, pero ahí se los dejo.