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Fernández vs. Fernández

Por Abraham Santibáñez Sábado 16 de Julio del 2022

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Un comentarista de La Nación de Buenos Aires optó por contarlo en términos casi hogareños: “El sorpresivo portazo de Martín Guzmán arrojó a Alberto Fernández a la intemperie política. Quedó enojado y abrumado. No pudo convencerlo de extender una gestión agonizante y le toca ahora asumir lo inevitable: la tormenta no es una “crisis de crecimiento” sino una cruzada por la supervivencia en el poder”.

El ingrato episodio mostró grandes debilidades pese a que, como un trasatlántico a la deriva, todavía intenta mantener el rumbo. En este empeño, la relación con el FMI es vital.

Según el medio Infobae, veinte años después de la crisis económica, política y social que hizo temblar al país, Argentina enfrenta una tensa situación financiera, aún no recupera la confianza de los mercados, y una población con 40 por ciento de pobreza espera soluciones que eviten una debacle como la de 2001.

El Presidente Alberto Fernández debió ceder a las presiones provenientes del sector de Cristina Fernández y nombró como reemplazante de Guzmán a Silvina Batakis, quien ya recibió una tímida bendición del FMI. En todo caso, su tarea no será fácil.

Antes de la renuncia del ministro Guzmán, algunos indicadores señalaban que su poco popular trabajo no estaba mal encaminado. La desocupación, desde su llegada al poder, bajó en casi dos puntos: del 8,9 por ciento al 7 por ciento. En mayo de este año, el último dato disponible, las importaciones sumaron 7.870 millones de dólares y las exportaciones, 8.226 millones, con un superávit de 356 millones de dólares.

Nada de esto, sin embargo, le sumó apoyos a Guzmán. Los argentinos, especialmente los más pobres, no aplaudían los eventuales éxitos de quien en Chile se llama “el jefe de la billetera fiscal”. Sobre todo, por la pugna cada vez más intensa entre el Presidente Fernández y el populismo de la Vicepresidenta Cristina Fernández. Inicialmente se consideró una jugada magistral que, todavía en la Presidencia, lo designara como su sucesor en vez de buscar una nueva reelección. A los peronistas “duros”, que se sienten interpretados por ella, casi una segunda Evita, les interesa mantenerla en el poder (y ensanchando en lo posible) el abismo con el Presidente.

Según analistas argentinos, Cristina aseguraba que estaba trabajando para evitar un escenario traumático, pero al mismo tiempo actuaba como quien disfruta al ver cumplidas sus profecías. De su entorno surgió la afirmación de que era el “fin de la fase moderada” y la instalación de un operativo retorno, con el eslogan: “Cristina es la única esperanza”.

La mítica Hebe de Bonafini, de las abuelas de Plaza de Mayo, había pronosticado poco antes que el Presidente, “con sus mentiras, abre su propia fosa y ahí va a caer”.

El cierre provisorio de la crisis trajo una buena noticia. La nueva ministra de Economía tuvo una “muy buena” primera conversación telefónica con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, a fin de comenzar a perfilar el futuro del programa argentino, la única línea de financiamiento viable que le queda al gobierno.

Ambas renovaron su compromiso con el plan económico, pero el llamado anunció también trajo el anticipo de futuras tensiones: Georgieva advirtió que pueden ser necesarias “acciones dolorosas”.

No es lo que esperaban quienes lograron defenestrar al ministro Guzmán.

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