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Berardius minimus, una especie de cetáceo que es observada por primera vez en vida libre

Por Dr. Jorge Acevedo Ramirez Lunes 18 de Julio del 2022

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Dr. Jorge Acevedo Ramírez
Investigador Fundación CEQUA

En noviembre del año 2021 escribí una pequeña columna sobre el descubrimiento de una nueva especie de cetáceo vivo para la ciencia, un representante de la familia Ziphiidae, el mesoplodonte llamado Mesoplodon eueu. En general, los odontocetos de esta familia (mal llamados ballenas picudas por los científicos de habla inglesa), son de los menos estudiados entre todos los cetáceos, debido a su gran preferencia por vivir en aguas oceánicas profundas. Estos animales realizan largas inmersiones, y cuando emergen para respirar el soplo es apenas visible, además, su comportamiento es elusivo (asustadizo, ya que eluden las embarcaciones), siendo de gran dificultad para detectarlos e identificarlos en su medio natural. Debido a estas características, varias especies de zífidos descritos hasta la fecha, incluido el reciente Mesoplodon eueu, han sido descubiertos mediante análisis genéticos de animales o restos óseos hallados varados en la costa.

La familia Ziphiidae (zífidos), se compone de seis géneros: Berardius, Hyperoodon, Indopacetus, Mesoplodon, Tasmacetus y Ziphius. En esta columna me referiré a una nueva especie del género Berardius, llamado B. minimus o zifio de Sato. Durante largo tiempo, se han reconocido oficialmente dos especies de Berardius: el zifio de Baird (B. bairdii) que se distribuye en el Pacífico Norte y el zifio de Arnoux (B. arnuxii) que lo hace en el hemisferio sur. Sin embargo, desde hace muchos años, los balleneros japoneses venían diferenciando la presencia de una segunda forma de Berardius, más pequeña y oscura (denominada forma negra) que el zifio de Baird, frente a las costas de Hokkaido, pero hasta la fecha, los investigadores japoneses no habían podido realizar ninguna examinación morfológica detallada debido a la ausencia de esqueletos o especímenes disponibles.

Solo en el año 2013, los investigadores pudieron examinar genéticamente, muestras de tres especímenes que habían varado en 2008 y 2009 en la costa de Hokkaido, Japón, y que coincidían con la hipotética “forma más pequeña y oscura” de Berardius, encontrándose con la sorpresa que fueron genéticamente diferentes del zifio de Baird comúnmente registrados frente a Hokkaido, como lo habían sospechado los balleneros japoneses hace años. Este es un ejemplo de cómo la disciplina genética ayuda a la antigua disciplina taxonómica, que aún sigue vigente.

Posteriormente, en 2017, investigadores norteamericanos, rusos y europeos, ampliaron este estudio, al comparar la información genética de 178 ejemplares de B. bairdii, provenientes de todo el Pacífico Norte, con los tres especímenes de la “forma negra” de Hokkaido, además de otros cinco potencialmente ejemplares de la “forma negra”, que se encontraron varados en las islas Aleutianas. Estos ocho especímenes presentaron fuertes diferencias genéticas con respecto a los zifios de Baird del Pacífico Norte, pero también con el zifio de Arnoux (B. arnuxii), indicando la presencia de una nueva especie de Berardius para el Pacífico Norte.

El año 2019, se publica la descripción formal de la nueva especie denominada Berardius minimus o zifio de Sato. Un año más tarde se identifican otros tres especímenes de la nueva especie de B. minimus entre 11 especímenes del género Berardius varados en el mar de Okhotsk, Rusia. Sin embargo, todos estos 11 especímenes de zifio de Sato siempre se trataron de ejemplares muertos sin haber ningún avistamiento de animales vivos. Recientemente, después de décadas que los balleneros japoneses habían señalado sobre la presencia de una segunda forma de Berardius, investigadores rusos describen la morfología externa y coloración de los primeros animales vivos de B. minimus en su medio natural, al observar al menos tres grupos de 4-5 zifios de Sato en el mar de Okhotsk. Los investigadores también lograron en esta oportunidad fotografiarlos, obtener algunas muestras que confirmaron la especie genéticamente, y proveer las primeras descripciones del comportamiento en superficie.

Si en el hemisferio norte continúan apareciendo nuevas especies de cetáceos, qué nos depara en el hemisferio sur, que es aún más vasto oceánicamente, pero también menos explorado. Ciertamente, muchas sorpresas de la vida silvestre irán apareciendo poco a poco, cuando podamos explorar más allá de la costa y extendamos nuestras fronteras de investigación regional y nacional de los ecosistemas marinos australes, no tan solo en lo que podemos ver y percibir en el presente, sino que también de aquello que no podemos observar a simple vista como las arqueas, bacterias y protozoos que tienen ciclos de vida inmensamente breves, o de aquellos fenómenos que se percibirá a mediano y largo plazo, especialmente provocados por variaciones en las condiciones ambientales de los ecosistemas debido a la influencia del cambio climático en la biodiversidad marina y terrestre, y que es tendencia de hoy el de estudiarla con las nuevas tecnologías que manejamos y manejaremos en el futuro.