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  • Estrumelina del Carmen Barría Barría

El camino del odio

Por Carlos Contreras Martes 19 de Julio del 2022

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E

l mundo la ha pasado mal, pero Chile en particular ha sufrido tanto por la pandemia, como por sus debilidades propias que generaron un estallido social evidenciando las inequidades de un sistema que ha sido exitoso en lo económico, pero desastroso en lo humano.

Hago un alto en mis columnas acerca del contenido de la propuesta de Constitución que debe ser votada por todos los chilenos, porque a propósito de éste proceso se han ido evidenciando diversas acciones, actitudes y discursos que ya venían de antes, pero que estaban soterrados, escondidos y silentes, socavando de manera imperceptible, pero eficiente el sentido de unidad y pertenencia republicana de los integrantes de nuestra bella patria.

Así las cosas, el proceso constitucional dio cuentan, en la votación, que el empate electoral de la derecha y de la izquierda era absolutamente superado por un anhelo ciudadano que se traducía en la necesidad de generar una nueva constitución que fuera el punto de partida (y no el punto final) de un camino que pudiera abrir la puertas a un sistema político, económico, social y generacional que reflejara la diversa y compleja realidad que tenemos en nuestro país, realidad que ha superado las concepciones de izquierda y derecha, progresismo y conservadurismo, militares y civiles que hasta el momento seguían dirigiendo los destinos de nuestra Patria.

Pero, sólo bastó que la diversidad se manifestara para que comenzaran los ataques al ejercicio de la soberanía y de la libertad que, algunos pregonan con fiereza, pero que están dispuestos a destruir cuando no se trata de la propia. Así las cosas, se instaló el discurso que “aquellos”, que eran mayoría, impondrían un nuevo régimen en que la economía como la concebíamos, las libertades y el derecho de propiedad cambiarían a tal grado que nos conducirían al subdesarrollo, a la perdición, a la pobreza o, en el mejor de los casos, a un limbo.

Es increíble la capacidad que tiene el ser humano para declarar que “respeta todas las opiniones” para, a continuación, destruir absolutamente la integridad de su contendor, atacando su condición social, étnica, emocional, sexual e intelectual, con el objeto de dar fuerza a sus argumentos que, de no mediar esta destrucción a la persona y a sus ideas, sólo sería un argumento con mayor o menor adhesión de quien lo atiende o escucha.

Ya no se trata de ideas o de conceptos de vida, se trata de destruir al que no piensa, como yo pienso con una sonrisa fácil en el rostro, pero con un desprecio profundo en el alma. No se trata de la constitución, se trata de que no la soporto, porque la escribieron personas que no tiene idea de libertad, de economía de principios o, de lo que sea y en dicho camino de argumentación siguen plantando la semilla del odio al prójimo, de desprecio al otro, de humillación al que no es como yo.

La realidad de las cosas es que si somos claros y revisamos el proyecto constitucional nada tiene que atente conta las bases del Chile que conocemos y, por lo demás, la concreción de lo que la constitución establece será tarea de los futuros gobiernos en cuanto a su implementación; como he dicho, no es un punto final, sino que el principio de una nueva etapa institucional.

Por supuesto que a muchos les puede molestar que se incluyan conceptos de diversidad sexual, étnica, cultural y social, pero la noticia de todo esto es que, por primera vez estamos respetando lo que somos y no aplastando a los débiles, por que la final del día sólo se aprobará una Constitución que va a requerir mucho trabajo y consenso para concretarse, desde una perspectiva de Estado, Constitución que no va a cambiar el sistema económico y político automáticamente, pero que reconocerá e institucionalizara una diversidad que deberá unirse al proceso de transformación de la sociedad chilena por la vía democrática, diversidad que ya no tendrá la excusa de la violencia para ser reconocida, ni la postergación como forma de vida… si no cree en dicha diversidad, vea su entorno, la vida , mire a sus hijos y se dará cuenta que ya es hora de reconocerla y dejar atrás el camino del odio, pues para los problemas que vienen necesitamos tolerancia, respeto y consideración… el odio, el desprecio y la descalificación están demás y si insisten en imponerse y en socavar nuestra condición humana se constituirán en el verdadero enemigo de la convivencia, del progreso y del futuro, como históricamente siempre lo ha sido.    

Ahora bien, si su opinión para rechazar esta dirigida sólo a los argumentos de fondo, sin despreciar a persona alguna, bienvenido sea porque es parte de la diversidad social que debemos cultivar, proteger y fomentar.