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Carlos Bahamonde, nacido el 17 de noviembre de 1936 en Natales

De dominar las rutas ciclísticas a ser un pionero en la desarmaduría de vehículos

Jueves 21 de Julio del 2022

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  • Protagonista de la época de oro del ciclismo regional, al ver el declive de la actividad cambió de rubro, adquiriendo un terreno en Rómulo Correa, donde antes solamente existían calafates y que ahora hasta arrienda a antenas telefónicas.

 

Ni se le notan los casi 86 años de vida que tiene acumulados. Carlos Bahamonde solamente denota el paso del tiempo en un caminar más pausado. Quizás fue la práctica del ciclismo la que le dio la base de una condición física que ahora mantiene con algunas máquinas caminadoras, que le permiten continuar trabajando en su maestranza, aunque con un ritmo menos vertiginoso.

Nacido el 17 de noviembre de 1936, fue criado por su madre, Gumercinda Bahamonde con quien se trasladó desde Natales hacia Río Gallegos, cuando Carlos recién tenía 11 años. “En Argentina estaba el auge económico en ese tiempo y ahí comencé con el ciclismo. Y vine a Punta Arenas, justamente por el deporte, porque yo gané la carrera en la que competía el vicecampeón argentino, un ciclista profesional al que todos daban con ganador. Pero yo estaba muy bien preparado y en los últimos 100 metros le saqué media bicicleta. Entonces, los dirigentes de Punta Arenas que fueron para allá me entusiasmaron para que viniera a correr el campeonato, porque era el tiempo del auge del ciclismo”.

Eran años en que brillaban nombres como Augusto Caucamán, “el que mandaba en las pistas”, aunque las competencias eran diferentes a las que estaba acostumbrado en Argentina, donde se corría en carretera y no en pista, por lo que se especializó en distancias largas bajo un siempre intenso viento. “Llegué en 1956-1957 y me inscribí en el Club Bories. Pero había varios más, el Chile, Sokol, Español y otro del lado sur, por lo que había muchos ciclistas y gente de las empresas de ese tiempo, que cooperaban con el ciclismo. Entrenaba igual que en Argentina, porque el ciclismo exige mucho entrenamiento si uno quiere destacarse. Entonces salía en la madrugada, todos los días prácticamente, y yo trabajaba, por lo que salía a las 5 de la mañana hasta las 7 y media, a veces en la tarde íbamos al Estadio”.

Además de Caucamán, destacaban en esos años en el ciclismo Sergio Kasic, y los hermanos Ulloa, “que eran todo un equipo: Adolfo, Carlos y Onofre; eran fuertes, pero como me acostumbré en Gallegos a andar mucho contra el viento, saqué resistencia en las competencias de ruta. Corrí hasta el año 1961, me casé con Delfina Gallardo y vinieron otras obligaciones, porque el ciclismo exige mucho”, recalcó Bahamonde, que ya en ese tiempo trabajaba en la desarmaduría.

Un negocio que partió en pleno campo

En aquella época no contaba con terreno, solamente las ganas de trabajar. Su primera sociedad fue con Ricardo Mattioni Palma, “que me ayudó en la partida, porque él era un entusiasta del ciclismo en ruta. Me acuerdo de que una vez me ofreció que si seguía a determinada velocidad, me iba a dar un pase gratuito al cine durante un año, y me lo dio”.

No solamente eso, porque Mattioni además, le arrendaba una bodega en el pasaje Jurgensen, en el centro, cerca de la Costanera, donde comenzó con la desarmaduría, en 1962. “Hasta que compré acá (en Rómulo Correa al lado del parque Ramón Rada) como en los ’70, cuando esto era puro calafate, porque la última población era la Juan Williams y el Barrio Prat, no existía nada acá arriba, eran puras hijuelas, ni siquiera parcelas. Eran franjas de terreno de 100 metros por tres kilómetros hacia arriba. Compramos en una comunidad, tuvimos un montón de año en que no tuvimos ningún comprobante. Pero uno podía ser dueño acá o más arriba, con los mismos derechos, en ese tiempo no había problemas, y de a poco se fue poblando hasta que pudimos obtener la documentación del terreno”, recordó Bahamonde, en su terreno de 102 metros (“debían haber sido 100”) de frente por 100 de fondo.

Un negocio que tuvo una época muy buena, sobre todo “cuando se abrió la Zona Franca y llegaron puros vehículos americanos, y cuando vi que era una necesidad el tema de los repuestos, viajé a Estados Unidos a comprar y traer para vender. Llegué a tener más de veinte empleados, porque además conseguí un contrato de transporte para personal de Enap con los que trabajé por veinte años como contratista, como es Hualpén ahora. Ese trabajo lo hicimos entre varios empresarios: Domingo Ghisoni, después entré yo hasta que llegó Hualpén, que tomó esta labor hace quince años”.

Aunque su ritmo de trabajo ha disminuido, se mantiene trabajando con un horario más acotado. De todas maneras, reconoce que este negocio se ha popularizado porque “hay un montón de desarmadurías. Y como ha habido tantos accidentes, autos modernos que se despedazan y el único destino que tienen es ir a parar a repuestos. Hay una cantidad enorme de vehículos de tanta marca diferente, aunque ultimamente la gente está volviendo al vehículo americano, por la seguridad. El tema es que consume mucha gasolina y la gente, por hacer economía, compra de otro lugar, con motor diésel, pero no le da la seguridad, en caso de accidente, del auto norteamericano”, advierte.

El declive del ciclismo

Para Carlos Bahamonde, esa época de carreras a las que venía gente del norte del país a participar, dificilmente volverá. Estima que una razón podría ser que en los años de mayor popularidad, “era bueno que hubiera varios clubes diferentes, y parece que se anduvieron fusionando y ese creo que fue uno de los problemas, porque se acabó la competencia. También hubo empresarios como Kiko Martic, del Sokol, que era muy entusiasta con el ciclismo. Y la juventud fue dejando el ciclismo como deporte y da la impresión que el cambio de tecnología perjudicó al ciclismo, que es de mucho sacrificio y de entrenar mucho”, reflexiona.

Pese a ello, igual asoman figuras, aunque no con la cantidad de aquellos tiempos, del que tiene recuerdos imborrables. “Las carreras que gané, en general, fueron en ruta, 100, 150 kilómetros, cuando había que enfrentarse al clan Ulloa, que era un equipo fuerte. Ellos y Sergio Kasic siempre me ganaron en pista”.

Nunca volvió a subirse a una bicicleta, porque el trabajo de la maestranza y la crianza de sus hijos Verónica, Claudia y Carlos, y posteriormente, la chochera con sus nietos Felipe y Amanda, le cambiaron las prioridades. Ninguno siguió el camino del deporte, aunque su hijo sí lo acompaña, hasta hoy, en las labores de la desarmaduría, “hasta que instaló su propio negocio, una maestranza y trabaja para empresas constructoras, lo que lo mantiene ocupado todos los días”.

Carlos Bahamonde recorre nuevamente su terreno, rodeado de vehículos desarmados, donde sobresale una enorme antena de una compañía de teléfonos, que le permitió tener un ingreso extra. Lo único que lamenta es que por calle Rómulo Correa, las carreras se producen todas las noches, dejando en el recuerdo esa paz que vivió cuando se instaló con su negocio.

 

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