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Chile país de barras bravas

Por Emilio Boccazzi Campos Lunes 1 de Agosto del 2022

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El ambiente y el clima cívico de Chile pareciera que no da para más. La polarización, fragmentación y enajenación de grupos, de sectores políticos, de “clubes deportivos”, de vecinos y ciudadanos es quizás el tema más preocupante, junto a la apremiante situación económica del país y a la delincuencia desatada. Lo último siempre puede ser una materia a recuperar o superar, pero el clima de mal ambiente, de descalificación, de no apertura al diálogo, a no aceptar opiniones discordantes con las propias, de no aceptación de matices, es cada vez más frecuente.

Partamos analizando el ambiente deportivo, particularmente de nuestro modesto campeonato nacional de fútbol “profesional”. ¿Será posible o aceptable que no se pueda jugar un “clásico” del futbol chileno en forma normal? No había ciudad ni estadio que los quisiera aceptar hasta que apareció Talca (con innúmeras compensaciones por parte de la ANFP), debiendo jugarse sólo con 7.000 personas. En efecto , este fin de semana que acaba de terminar el clásico Colo Colo-Universidad de Chile, tuvo que llegar a Talca, como sede compensada y con su ciudad orando que al final del partido los barras bravas de ambos equipos no destruyan todo lo que encuentren a su paso.

Sólo por comparar ambientes futbolísticos que nos llevan décadas y varios títulos mundiales por delante, como son Brasil y Argentina, que tienen clásicos casi todos los fines de semana en Río de Janeiro, Sao Paulo o Buenos Aires, no tienen tamaño despelote que tiene distraídas a innúmeras autoridades gubernamentales y del deporte. ¿Hasta cuándo un partido de fútbol en Chile, significará destrucción, intolerancia y violencia antes, durante y después de su desarrollo?

En el ámbito de las legítimas movilizaciones de cualquier sector, grupo, movimiento, gremio, la destrucción no atribuible a éstos, es parte de la realidad que aparece a horas de haberse llevado a cabo esta. La destrucción de propiedad pública, privada, medios de movilización, señalética, en definitiva de todo lo que se encuentre en el espacio “público” es parte del paisaje urbano chileno.

Volviendo con las odiosas comparaciones, en los últimos días se han visto en la connotada Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, alrededor de 300.000 a 400.000 personas movilizadas y en marcha, sin haber apreciado luego de esto, destrucciones ni enfrentamientos hasta destruir todo, como ocurre en nuestra larga y angosta faja de tierra. La situación inflacionaria en dicho país es elevadísima sin embargo, los argentinos no destruyen su ciudad y lo que sirve a todos o a la mayoría.

¿Qué ocurre con nosotros? Podremos decir que las desigualdades, el modelo neoliberal, los 30 pesos, los 30 años pero, ¿es necesario o útil a la causa destruir todo lo que se pille enfrente?

En la cuarta dimensión, como podríamos definir al vector tiempo, al tiempo real e instantáneo, que significa hoy día la conectividad, la interacción, la por ratos mal llamada “redes sociales”, que parecen más “redes antisociales”, toda vez que, la descalificación sin argumentos, el menoscabo, el insulto, la agresión particular y colectiva, parecen más de un estado febril que trasluce, desintegración, anti-socialidad y pocas ganas de vivir en “sociedad” y crecer en la diferencia, y de complementar lo que no tengo, lo que no sé , y lo que puedo aprender o discutir con la visión del otro o los otros.

Creo que una parte muy importante de chilenos y chilenas está agotado(a) de los barras bravas de la política, de los constituyentes auto-referentes y que han exacerbado el ambiente cívico en Chile, de los barras bravas que destruyen lo que pillan en su camino y de los cibernautas que sólo agreden y aportillan las opiniones distintas o diversas. Ya está bueno de Moreiras, Llaitules, Stingos, Vades, Pooles, Pizarros, Naranjos, Colomas.

Chile necesita paz social, tolerancia y educación cívica, porque a los tirones y con descalificación sistemática y permanente, no avanzaremos y no saldremos del fango o turbal que nos encontramos cruzando y los derechos sociales que se quieren conculcar en la nueva constitución no se harán realidad efectiva ni el día del……