Necrológicas
  • Hernán Soriano Barahona

Las Constituciones son proyectos de larga data

Por Javiera Morales Alvarado Domingo 14 de Agosto del 2022

Compartir esta noticia
46
Visitas

Hoy, más que nunca, es innegable que, como país, necesitamos un pacto social y justo. Gran parte de los países exitosos, aquellos que tienen más cohesión social y menor conflictividad, se fundan en una Constitución legitimada por varias generaciones.

¿Y por qué las constituciones son tan importantes para avanzar como país? Porque, como hemos escuchado tantas veces estos últimos años, las Cartas Fundamentales establecen las reglas del juego básicas para la convivencia política, social y económica. Por una parte, crean la institucionalidad que hace realidad la democracia: alcaldías, presidencia, congreso, consejos regionales, sistema electoral, sufragio, plebiscitos, etc. Habilitan así el ejercicio del poder democrático del pueblo chileno. Además, las constituciones contemplan un listado de derechos de los y las habitantes de la República, derivados del reconocimiento mutuo de las personas como dignas, libres e iguales.

Un pacto social así no se construye de la noche a la mañana. Un acuerdo así requiere de la voluntad de muchos y muchas. No se debe exclusivamente a un órgano en particular, ni se construye en un plazo determinado. Un trato así requiere del trabajo del pueblo mismo, que se expresa a través de movilizaciones, debate público, expresiones culturales, votaciones en las urnas, y también a través de sus diversos órganos democráticos. Así, un pacto social y justo es un trabajo largo, pero que genera enormes beneficios para los pueblos.

Hoy estamos en momentos muy decisivos del proceso constituyente que el pueblo chileno inició hace años. Este 4 de septiembre tomamos en las urnas una decisión inédita en nuestra historia y clave para este proceso que es continuo y colectivo. La historia de este nuevo pacto social no empieza ni termina ese día, pero será un paso fundamental, pues la propuesta de la Convención Constitucional es un excelente punto de partida.

La nueva Constitución se hace cargo de las demandas que están en el corazón del malestar ciudadano y avanza en temas que son el mínimo para este pacto social justo del que he hablado. Reemplaza el Estado subsidiario por un Estado social y democrático de derecho, fortalece los derechos sociales, reconoce a los pueblos originarios como parte de la República, descentraliza el poder a las regiones, avanza en paridad y propone respuestas ante la crisis climática que estamos enfrentando.

Desde allí es mucho más fácil seguir construyendo. La propuesta es buena y se irá mejorando y adecuando a los desafíos del futuro a través de reformas, interpretaciones y leyes de implementación. No es una novedad que todas las Constituciones van fortaleciendo su legitimidad a través de su propia práctica política y sucesivas adecuaciones. Eso se realizará por el propio pueblo a través de los mecanismos de democracia directa que contempla la propuesta, las leyes que irá dictando el futuro Congreso, las normativas regionales y comunales y tanto más.

Como hay mucho en juego este 4 de septiembre, hemos visto cómo la campaña del Rechazo ha instalado la peor lectura posible de la propuesta constitucional. Abundan interpretaciones engañosas que cuestionan el derecho a la propiedad de la vivienda, que alarman con eliminaciones de centros médicos privados o con una fantasiosa expropiación de fondos previsionales. Las distintas fuerzas y espacios que están empujando el Apruebo -sociales, culturales, comunicacionales, parlamentarias, institucionales, partidarias- deben entregar certezas para ahuyentar estos fantasmas que probablemente confunden justificadamente a muchos. Esas certezas se materializarán después en iniciativas ciudadanas de reforma constitucional, leyes de implementación, interpretaciones jurisdiccionales y la práctica política y ciudadana de nuestra nueva Constitución.

Eso es justamente uno de los grandes avances de la propuesta: redistribuye el poder democráticamente, desconcentrándolo y repartiéndolo entre el centro y las regiones, la ciudadanía y las instituciones, el Congreso, el Ejecutivo y el Poder Judicial. El acuerdo que se presentó esta semana muestra unidad entre las fuerzas partidistas del Apruebo y de este Gobierno para entregar esas certezas. Se hará desde el espacio y rol que tendrá el Parlamento y por supuesto cumpliendo las normas que dispone la Nueva Constitución para dichos efectos, las que soberanamente consideran un plebiscito. Enhorabuena.