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¡Sake Viva! ¿WTF?

Por Eduardo Pino Viernes 19 de Agosto del 2022

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Parto por disculparme por el coloquial título en la columna de esta quincena, pero comparto el asombro y molestia que ha provocado en buena parte del mundo la noticia dada a conocer el día de ayer, en que el gobierno de Japón ha lanzado un concurso buscando ideas para incentivar el consumo de alcohol en jóvenes entre 20 a 39 años preferentemente. Los nipones se han alarmado ante la baja sostenida en la demanda de alcohol de este rango etario, en que diferentes variables como la pandemia y la baja demográfica de generaciones más nóveles han afectado negativamente cifras en el consumo de bebidas alcohólicas. Mientras en muchas otras latitudes del planeta se realizan esfuerzos para obtener mayor control en esta temática, especialmente en los jóvenes que evidencian mayor tendencia a esta conducta, el país del sol naciente invierte su energía en apuntar a la dirección contraria.

A diferencia de nuestra cultura latina en que nos llenamos de ambigüedades y fabricamos explicaciones artificiosas para justificar lo injustificable (y lo que es peor nos las terminamos creyendo), los japoneses han sido directos al explicitar esta medida: la recaudación de impuestos obtenidos por la transacción de las bebidas alcohólicas ha bajado al punto de activar las alarmas.  Como referencia, al comparar entre 1995 y el 2020 el consumo bajó de 100 a 75 litros al año, lo que ha repercutido a nivel económico en el aporte tributario total del país de un 5% en 1980 a sólo un 1,7% en el 2020.

La campaña se focaliza en los jóvenes, pues el consumo de quienes se encuentran en la década de los 20 y más es alrededor de un 7,8%, en contraste con el rango etario de los 40 a los 60 años que muestra un 30%, si se considera la ingesta de alcohol al menos 3 veces a la semana. Se pensó que después de levantar las restricciones de oferta del producto debido a la pandemia, los jóvenes se “colocarían al día”, pero se ha evidenciado una escasa alza significativa que el gobierno nipón desea acelerar por medio de este tipo de promociones, incentivando la propuesta de ideas que van desde la publicidad, metaverso o la inteligencia artificial. Esto ocurre ante la disimulada mirada del Ministerio de Salud que hasta hace poco advertía acerca de los peligros en el consumo excesivo de alcohol, definiéndolo como un problema social importante que existe a pesar de la disminución en las cifras de consumo, llamando a las personas a reflexionar acerca de la relación que establecen con este tipo de droga.

Aunque se ha explicitado acerca de la intención en la promoción de un consumo moderado, llama la atención que en un mundo donde cada vez se ha ido asumiendo una postura de mayor protección en la exposición a mensajes que promueven el consumo de drogas (en este caso lícitas), especialmente a los más jóvenes que presentan mayor vulnerabilidad en las consecuencias de este consumo, además de menores elementos de juicio en el análisis crítico que les lleven a sus decisiones; sea un gobierno el que estimule conductas que proyecta se conviertan en hábitos a fin de engrosar las arcas fiscales. Más allá de campañas publicitarias de empresas privadas que busquen vender un producto con fines exclusivamente orientados al lucro, el rol del Estado debería estar dirigido al fomento de la salud y el bienestar de sus ciudadanos, y está ampliamente comprobado científicamente que la ingesta de alcohol dista mucho de entregar estos beneficios. Su consumo problemático se relaciona directamente con problemas sanitarios tanto a nivel individual como social, por más que se defienda la idea que sería sólo para consumo moderado o se relacione con la cultura de un lugar. Las bebidas alcohólicas no son un alimento, no se relacionan con un estilo de vida sana ni contribuyen al bienestar y la salud de las personas. Para quienes trabajamos en la temática de prevención de drogas, el gran objetivo es evitar o retrasar lo más posible el consumo de éstas, a fin de fomentar estilos de vida saludables que contribuyan al bienestar de las personas en distintas áreas de su vida. Esa mirada integral, basada en evidencias científicas y centrada en el valor del ser humano y su derecho a desarrollarse de manera sana, será mucho más trascendente que aumentar los impuestos de un negocio que hasta ahora no le habían faltado clientes … hasta ahora. 

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