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Los microplásticos, ubicuos contaminantes microscópicos

Por La Prensa Austral Martes 23 de Agosto del 2022

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Manuel Ochoa-Sánchez,
estudiante doctoral
UNAM/CEQUA

 

Llevamos varias décadas utilizando una gran cantidad de plásticos en nuestra vida diaria. Un ejemplo está en el poliéster, un polímero sintético de uso común en la industria textil. La producción exagerada de plásticos ha sido posible gracias al bajo coste de su producción y de la materia prima de donde se obtiene; la mayoría del plástico que utilizamos tiene origen sintético a partir del petróleo.

Para ponerlo en perspectiva, en 1950 se producían 1.5 millones de toneladas anuales de plásticos, pero su producción ha crecido exponencialmente, de forma que en el 2017 alcanzó la enorme cifra de 348 millones de toneladas anuales.  Puesto que los plásticos son materiales de origen sintético, su biodegradación es lentísima (o en algunos casos nula). No obstante, la constante radiación solar debilita los plásticos, lo que genera un efecto emergente, insospechado hasta hace un par de décadas. La radiación solar fragmenta los plásticos en pequeños pedazos que persisten por décadas en el ambiente. Los microplásticos, partículas menores de 5 mm, han proliferado prácticamente en todos los ecosistemas del planeta (particularmente en los marinos) y sus potenciales efectos negativos generan mucha preocupación para la conservación ecosistémica y la salud pública.

Desafortunadamente, de los cientos de millones de toneladas de plástico anuales, en los mejores casos apenas se recicla una pequeña parte. Ello significa que, en muchos casos, los plásticos siguen contaminando el ambiente. Adicionalmente a la basura, los microplásticos pueden generarse en los lugares menos sospechados, ¡como la lavadora! Cada vez que lavamos prendas sintéticas, como nuestra ropa interior (que tiene un alto porcentaje de fibra sintética o nuestras prendas impermeables, pequeñas partículas de plásticos se liberan al desagüe y eventualmente llegan a los océanos. Otras fuentes importantes de plástico son las bolsas, mascarillas, envases, implementos varios de laboratorios y farmacias, además de los delantales desechables que utilizan los distintos profesionales de la salud, guantes quirúrgicos, jeringas y materiales de toma de muestras, como también las redes utilizadas por los pescadores industriales y artesanales.

Los microplásticos pueden interferir con la fisiología y metabolismo de los organismos, e incluso pueden tener actividad cancerígena, por lo que son un auténtico peligro para la fauna (y nosotros mismos). Algunas estimaciones indican que al menos 13 millones de toneladas de plásticos llegan a contaminar los océanos anualmente. Imagine el lector, cuantos millones de toneladas de microplásticos han acumulado los océanos desde los 80’s, 90’s, una cantidad enorme… Eventualmente, conforme aumenta la concentración de microplásticos en el océano, aumenta la probabilidad de que entren en contacto con la fauna marina y sean absorbidos. Este proceso se denomina bioacumulación y es común en organismos pequeños, como crustáceos o peces. Sin embargo, cuando otro animal se los come, también ingiere el plástico que bioacumularon. Este proceso se llama biomagnificación, pues los depredadores ingieren los microplásticos provenientes de muchas presas en repetidas ocasiones. Diferentes investigaciones han mostrado un aumento en la concentración de plástico en diferentes crustáceos y moluscos, peces, aves y mamíferos marinos. Evidencia experimental han mostrado relaciones directas entre la concentración de microplásticos y el daño oxidativo. Es decir, conforme aumenta la concentración de microplásticos, así lo hace el daño a proteínas y ADN, lo que acelera el envejecimiento celular y aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer. Se han detectado también efectos neurológicos en la fauna, pues los plásticos alteran la sensibilidad de los neurotransmisores, que a su vez escalan a efectos conductuales. En algunos peces depredadores, por ejemplo, el aumento en la concentración de plásticos se traduce en una conducta que presenta menor estímulo por buscar alimento en forma de presas. En otros, altera la biología reproductiva.

Los plásticos han representado una cómoda solución para nuestra vida diaria. Sin embargo, están causando muchos efectos nocivos en el ecosistema. La solución a todo problema requiere primero su aceptación, luego entonces se podrá pensar en cómo afrontarlo. Es necesario reconocer el daño que produce la liberación del plástico al ambiente, por ello urge que disminuyamos el consumo de plásticos desechables. Podemos dejar de usar aún más, las bolsas para el mercado y supermercado. También podemos buscar alternativas para transportar nuestros alimentos y evitar que las tiendas nos den más plástico en cualquier de sus presentaciones. Podemos limitar nuestro consumo de prendas con plásticos en ellas. Adicionalmente, es menester promover mecanismos de reciclaje integral para los plásticos cuyo uso resulte indispensable, así como promover la investigación para generar biomateriales que puedan suplir estos plásticos. La acción conjunta de todas estas actividades es de vital importancia para atenuar la gran cantidad de microplásticos acumulados en nuestros mares.

Desde antes de la pandemia, el Centro de Estudios del Cuaternario Fuego-Patagonia y Antártica Chilena (CEQUA), viene implementando la separación de desechos en seis grupos: plásticos, orgánicos, metálicos, vidrio, papel y cartón, pilas y baterías, para acceder al Sello Oficina Verde (etapa básica) como política pública, certificación que fue entregada por el Subsecretario de Medio Ambiente, Sr. Maximiliano Proaño, el día 8 de julio del presente año. De esta manera, nos hemos convertido en la primera Oficina Verde de la Región.