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Hernán Rivera Letelier, Premio Nacional de Literatura

“Los poderes fácticos de la derecha no querían que el pueblo escribiese la Constitución”

Por La Prensa Austral Lunes 19 de Septiembre del 2022
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Entrevistado por Efe, el reconocido escritor abordó la situación del país, su proceso creativo, el desierto y aseguró que nunca se retirará, porque “hay que morir con las botas puestas”.

Respecto de la situación del país opina que “no está fácil con la violencia en el sur, la falta de trabajo. Aunque esto viene de los gobiernos anteriores, muchos sectores políticos culpan al Presidente de hoy, pero apenas lleva un tiempito. Creo que la cosa se va a ir arreglando”

“Mis historias son universales, pese a estar todas ambientadas en el norte. Seguí los consejos de Tolstoi, que dijo ‘pinta tu aldea y pintarás el mundo’. Yo pinté mi campamento y me hice universal”

La historia de la Pampa incomoda porque es una historia coronada de muerte, de sangre, de injusticias sociales y morales contra los obreros. Durante mucho tiempo la quisieron enterrar y yo la desenterré”

Conocido como el narrador de la Pampa y recientemente distinguido con el Premio Nacional de Literatura, el escritor Hernán Rivera Letelier afirmó, en entrevista con Efe, que tiene el desierto “cartografiado” en el rostro y que sus novelas, pese a estar ambientadas en el agreste norte, cuentan historias universales.

Desde Antofagasta, Rivera Letelier, nacido en Talca en 1950, también aseguró que la historia de la Pampa “incomoda” a algunos sectores políticos porque está “coronada de muerte y de injusticias”.

Además, se mostró muy pesimista con el nuevo proceso constituyente que va a iniciar Chile, tras el plebiscito del pasado 4 de septiembre en el que una abrumadora mayoría rechazó la propuesta de nueva Constitución: “Los poderes fácticos no querían que el pueblo escribiera la Carta Magna”.

La primera consulta refirió a su premio, al que fue postulado cinco veces y si sentía que había llegado pronto o tarde, respondió “Como dijo Nicanor Parra, llega ‘casi como una palada de tierra’.

-Ganó el premio el mismo día que murió la reina Isabel II y usted saltó a la fama en 1994 precisamente por el libro “La Reina Isabel cantaba rancheras”. ¿Le persiguen las reinas?

“Esas son las cosas mágicas que me ocurren a mí cuando escribo”.

-En su discurso de agradecimiento dijo que las novelas se las escribe un duende, ¿quién es ese duende?

“ Cuando se publicó ‘La Reina Isabel canta rancheras’, en Santiago los intelectuales decían que yo no escribía mis libros, que alguien me los escribía porque no me encontraban cara de intelectual. Yo trabajé durante 30 años en la mina”.

-¿Se siente un “outsider”?

“Soy un “outsider”.

-En su discurso también le mandó un saludo a los críticos, ¿ha sido maltratado por ellos?

“Desde el primer día hasta el último. No se explica tanta tirria”.

-El jurado destacó que usted “ha conseguido revitalizar la narrativa y el imaginario de una región”. En un Chile tan centralista que parece que solo mira a Santiago, ¿cómo ha sido acogido el premio en el norte?

“Es una reivindicación de los escritores del norte. Antes de mí, nunca se había dado un premio al norte. De centro al sur, todos, pero para el norte nada”.

-¿La literatura también es centralista?

“Muchísimo. El centralismo conlleva mucha injusticia. En Antofagasta, por ejemplo, están las minas más importantes del mundo y todas las ganancias van para Santiago”.

-Recientemente aseguró en una entrevista que las historias de la Pampa se están olvidando y que incomodan a algunos sectores políticos, ¿por qué?

“La historia de la Pampa incomoda porque es una historia coronada de muerte, de sangre, de injusticias sociales y morales contra los obreros. Durante mucho tiempo la quisieron enterrar y yo la desenterré”.

-¿Cómo de importante es el desierto en su vida?

“El desierto soy yo. Llevo el desierto cartografiada en mi cara. Las arrugas no son arrugas, es la cartografía del desierto”.

-¿Y cómo de trascendental es para Chile?

“La Pampa es una zona dentro del desierto, 2.000 kilómetros donde se trabajó el salitre en más de 300 campamentos mineros. Yo trabajé en cuatro. Imagínese las historias que había en cada campamento”.

-¿Cómo ve el norte hoy? Es epicentro de una crisis migratoria y de una ola de inseguridad sin parangón.

“Está muy complicado. Principalmente viene gente muy buena a trabajar, pero también se cuela gente que viene a delinquir. Ha subido mucho la delincuencia aquí”.

-¿Y cómo ve el resto del país?

“No está fácil con la violencia en el sur, la falta de trabajo. Aunque esto viene de los gobiernos anteriores, muchos sectores políticos culpan al Presidente de hoy, pero apenas lleva un tiempito. Creo que la cosa se va a ir arreglando.

-Usted fue muy agorero con el proceso constituyente y alertó de que “el diablo, los poderes fácticos, iba a meter la cola ahí”, ¿la terminaron metiendo?

“La metieron hasta el contre. Los poderes fácticos de la derecha no querían que el pueblo escribiese la Constitución y ahora la van a escribir ellos y eso es terrible porque van a copiar la Constitución del dictador.

-Este año se rodó en el norte una película basada en su libro “La contadora de películas”, con el actor alemán Daniel Brühl en el reparto, y en México “El arte de la resurrección” empieza a filmarse el próximo año, ¿le gustan que hagan películas sobre sus novelas?

“Me encanta y me siento un privilegiado. También han hecho obras de teatro, radioteatro, ópera, musicales, cómics, fotografía…”

-¿Cómo explica el interés por llevar sus obras a estos formatos, que son tan distintos?

“Creo que es porque mis historias son universales, pese a estar todas ambientadas en el norte. Seguí los consejos de Tolstoi, que dijo ‘pinta tu aldea y pintarás el mundo’. Yo pinté mi campamento y me hice universal”.

-Es un escritor muy prolífico. Escribió cuatro novelas cortas durante la pandemia. ¿Qué es para usted la escritura?

“Escribir me ha salvado la vida. Yo empecé escribiendo poesía y sin la poesía no hubiera podido sobrevivir a ese infierno que son las minas. Luego hice cuento corto y luego apareció mi primera novela y la vida me dio un giro de 180 grados. Desde ese día, soy el tipo más feliz de este planeta porque hago lo que quiero y quiero lo que hago”.

-¿No piensa jubilarse nunca?

“No, hay que morir con las botas puestas”.